16/04/2019

Ca7riel: “Trato de ser real, pero le vendo un pedazo de alma al capitalismo”

Jala Jala en Niceto.

Cecilia Salas
Ca7riel

El año pasado fue intenso para Ca7riel: sacó los EPs POVRE y LIVRE, en donde combinó música urbana con algún sampleo de Serú Girán y discutió con su propia idea de lanzar todo ese material en un disco entero o en “cuotitas”, como él mismo define. Mientras esta pelea interna sucedía, el mundo exterior recibía las incursiones de Catriel Guerreiro en el trap con los brazos abiertos.

Pero antes de lanzarse al flow, en 2017 el músico de 25 años era parte de Astor, banda con una búsqueda bien distinta: en su EP Vacaciones todo el año, los riffs guitarreros y las melodías brillantes no brindaban ni una pista de este presente crudo con tintes de oscuridad. El desembarcó de Ca7riel en la música urbana le dio tal notoriedad que, pocos meses después, ya era revelación en la escena, invitado de amigos -participó del video “Racat”, de Marilina Bertoldi, y en el tema “Fobia”, de Juan Ingaramo- y hasta parte de la grilla del último Lollapalooza.

El presente de Ca7riel augura una explosión todavía más grande: este jueves 18 y viernes 19 se presentará en Niceto junto a Paco Amoroso, su socio compositivo, con entradas agotadas. Juntos publicaron hace poco “OUKE”, cuyo video ya cuenta con casi 400 mil views en YouTube. Después de los shows porteños, el rapero tiene programada una gira por ciudades latinoamericanas y un final de oro en la próxima edición del Sonar en Barcelona, en julio. Y seguramente más canciones, porque CA7RIEL ya siente maduras las que publicó en sus EPs: “Las siento viejísimas. Te hartan porque las escuchaste tantas veces…”, sostiene.

Tengo temas traperos, más hiphoperos y también rockeros, ¿entendés? Tengo mente medio de productor. Y no sé si quiero acoplarme a la moda.

¿Y cómo te afecta esa vejez musical de la que hablás?
La verdad es que no tengo hijos, pero te lo voy a explicar con eso. Para mí, tener una canción o un disco es como tener hijos. Veo que los padres que tienen muchos hijos le dan más bola al último, porque es más bebito y hay que cuidarlo más. Las canciones tan viejas ya son como tener un hijo grande, más curtido. Lo quiero, pero necesito más.

Y seguiste con otras composiciones para conseguir ese “más” que mencionás.
Yo no paré de grabar, con amigos o solo. Pero me cansé de hacer música solo. Me gusta tener la opinión y los huevos del otro. Por suerte, la gente que más admiro y quiero tiene ganas de trabajar conmigo.

Más allá de las decisiones de componer solo o acompañado, tu estilo a veces se siente muy polifacético, como una suerte de pequeño Pedro Aznar de esta generación.
¡Ja, Pedro Trapznar! Soy un tipo muy fan de la libertad, estoy muy en contra de la represión. Soy muy libre musicalmente. Toco la guitarra y tengo, por suerte, mis poderes para expresarme e ir para cualquier lado. Tengo temas traperos, más hiphoperos y también rockeros. Tengo mente medio de productor. No sé si quiero acoplarme a la moda. Y mientras más viejo sea, menos a la moda voy a querer estar. Busco un sonido propio, pero es tan difícil, ¿viste?

¿Creés que aún no tenés un sonido propio?
Lo tengo, pero no totalmente propio. Hay muchas cosas y sonidos que voy y le robo a otros artistas. Agarro las piezas del rompecabezas y las doy vuelta. Hago otros dibujos, pero no son totalmente… Estoy hablando en lenguaje trap, como por ejemplo en POVRE. Alguien que escucha trap, va y lo entiende.

Pero a la vez tenés un sampleo de Serú Girán, algo que tal vez tu público no conoce…
No, no lo conoce. Pero también es un guiño a la gente que escucha esa música en la que ve que, si bien está escuchando trap, no todo está perdido. Hay un boludo que escuchó Serú Girán y al que le gusta el trap. Tal vez alguien se siente identificado así. Tengo muchos amigos hippies que están en una fiesta trapera y se sienten incómodos, que dicen que tendría que estar sonando La Máquina de Hacer Pájaros. “¿Cómo no está sonando Yes?”. Para ellos la fiesta es eso. Es un guiño para todo el pueblo culto. Culto y oculto.

Vos tenés un público que se mezcla entre ambas cosas.
Porque me llevo muy bien con las edades avanzadas y también con los niños. Y con los rochos y los chetos. Entonces, se mezclan todas las clases sociales y las distintas generaciones. Para mí es tremendo. Tengo a los amigos de mi viejo a los que les encanta lo que hago porque ven algo de rock, no es que dicen “la música de ahora es una mierda”. Sí, lo dicen, pero de mí no. Está buenísimo tener a viejos que me den el OK, a pibitos que andan por la calle y también me lo den, que vengan los chetos y los rochos y me digan que todo está re bien, que lo que hago los llena. Me siento súper abrazado por el público.

Y eso no le pasa a todos. Duki, por ejemplo, tiene un público muy definido de chicos jóvenes.
Yo la vivo desde otro lado, toda la vida la luché desde el lado del músico, que no gana un mango. A menos que la pegues y firmes contrato, o tengas un golpe de suerte muy grande, la verdad es que no ganás plata ni en pedo. Y ahora me está yendo bien porque decidí hablar un idioma a la moda, me pega porque estoy en la calle todo el día. Esa es mi forma de acercarme a todo eso.

¿Decidir estar a la moda tiene que ver con lo económico?
Sí, cien por ciento. Yo escuchaba Yes… De nene escuchaba música realmente despegada de la moda. Ni siquiera escuchaba cumbia, mientras que todos mis amigos súper rochos escuchaban cumbia villera. Recién ahora me llega realmente y puedo entenderla, de grande. En ese momento estaba negado. Y en este momento, loco, necesito dinero desde hace toda mi vida. El que quiere dinero, tiene que sacrificar un pedazo de su alma al capitalismo, sí o sí. Y bueno, hay que ponerse a la moda. Por suerte yo puedo hacer eso, tengo la habilidad para ponerme a la moda del trap, me gusta y siento que no me queda mal. Pero sino, recién ahora estoy pudiendo hacer dinero con otra faceta de la música, como música para publicidades y changas así. Antes estaba muy lejos de mi conocimiento, ni sabía que se podía hacer eso. Es venderle un pedazo de tu alma al capitalismo de mierda.

Pero no das la sensación de venderte tanto, se siente real lo que tenés para contar.
Sí, ojo, trato de ser lo más real posible. Le vendo un pedazo de energía, en realidad, no de mi alma. Y de mi alma también, porque si pensás desde el cero, el hacer un tema lo veo como una energía. Si hago una canción de amor para una chica, le meto un pedazo de energía para que le llegue a esa persona. Si necesito dinero y tengo que hacer un tema para eso, desde el vamos voy engendrando ese hijito que después me va a dar dinero. Pero pensando en eso, en el dinero, y no realmente en lo que me pasa. Por eso digo que es venderle un pedazo de alma. Estoy pensando en conquistar tal público, y por eso dejo de mirar adentro mío y hacer fluir el cien por ciento de lo que soy. ¡Ah, mirá que hippie trapero, eh! ¡Hippie trap!

Volviendo a lo que piensan los amigos de tu viejo, en “Terrible Kiko” decís que la música murió. ¿Sentís eso?
No, no siento eso ni en pedo. Pero necesitaba una frase muy ortiva para empezar. Y que un artista diga que la buena música murió me parece lo más oscuro que hay.

¿Hay que ser controversial para llamar la atención?
Sí, por desgracia sí. Hay mucha gente muy igual. Me imagino en un subte ahora y el que siempre llama la atención es el que hace algo distinto.

En “De Güinter Is Comin” hacés una crítica a la tecnología y al consumidor. ¿Cómo ves a esta generación tan metida en el teléfono?
Yo soy súper parte de eso. Se me rompe el teléfono y es una mierda la vida, cuando todos quieren localizarte. A mí siempre se me rompen, no le doy mucha bola. Pero es lo que estamos transitando en este momento, solo tirar la recomendación de que no miren por la ventana, no gasten tiempo. Para mí, el Instagram es ser una vieja chusma mirando para afuera, esperando que pasen cosas porque a ella no le pasa nada. Y no ve una gota de sol porque no se le ocurre cómo es la vida. Tener el celular prendido te apaga.

A la vez, la era del streaming ayuda a artistas como vos a no tener barreras, a que el público se despegue de cualquier prejuicio musical, ¿no?
¡Olvidate! Con la movida en YouTube y cómo nos mostramos en las redes, creo que aprendemos todos de todos. Si vos tenés ganas de aprender en esta época informatológica, aprendés el triple de lo que podrías haberlo hecho hace años. Pero somos como niños robots. Yo soy bastante robot y los niños más chicos a los que les di clase eran híper robots. No se puede creer como mezclan la tecnología con su ser.

Con esta noción apocalíptica del presente, ¿cómo ves la situación del país?
Creo que no todo está perdido. Cuando hago música, dejo afuera todo lo que no quiero ser. La oscuridad y la violencia las aplico a la música, así después cuando voy por la calle no cago a trompadas a la gente y no mato señoras. Mi oscuridad la pongo toda en el papel. La gente siente empatía por la oscuridad, todos la tenemos adentro. Todo lo que digo es real, pero en un sentimiento mío inundado de oscuridad. Cuando estoy como el orto, voy y escribo esas canciones. Y me siento bien. Cuando digo “De Güinter Is Comin”, soy yo, pero mi otro yo, el triste. No sé si te habrá pasado alguna vez estar realmente muy triste y tener ganas de pegarte un tiro o ahogarte en un charco de meo. Bueno, en vez de hacer eso, escribo una canción.

¿Y por qué decís que no todo está perdido?
Porque ojalá que haya más gente como mis amigos. Tengo un círculo de gente relativamente consciente en lo que es estar contento. O saber lo que a uno le pasa. Si esa mancha de gente consciente va creciendo, y que cada vez encuentro más así, se puede concientizar a todo el mundo para que sea lo más feliz posible. Y digo que no todo está perdido porque también siento que el sistema se va a caer en algún momento. Somos el principio de una serie de cosas muy zarpadas que van a pasar. Se va a pudrir todo y va a cambiar el estilo de vida. No sé qué va a pasar en el futuro, pero todas mis canciones tienen algo que ver con la muerte: es mi forma de llegarle al público.

¿Le tenés miedo a la muerte?
No, la pienso, pero no. Ahora, porque estoy muy lejos de ella, creo. Tal vez, más de viejo te pega de otra forma. Pero en este momento, ni en pedo. Todo lo contrario. Es más, tengo muchas situaciones que me acercan a ella, boludeces de pendejo como ir caminando al lado de trenes y esas cosas. Idioteces de skater. Pero no le tengo miedo a morir.