12/01/2018

Black Rebel Motorcycle Club: “Este disco nos recordó que no vamos a estar acá por siempre”

El trío de San Francisco baja la marcha para recorrer otras rutas.

Ultrapop / Gentileza
Black Rebel Motorcycle Club

En 2001, Black Rebel Motorcycle Club irrumpió desde San Francisco con su tercer single, “Whatever Happened to My Rock ‘n’ Roll (Punk Song)”. La pregunta del tema era un teledirigido a un momento en la que la música de guitarras hacía su lenta retirada en un escenario copado por boy bands y el fondo de olla del nü metal. Peter Hayes, Robert Levon Been y Nick Jago plantaban bandera como un power trio mitad garage, mitad space rock, encaminado en la misión de reflotar el pasado (un poco de The Stooges por acá, otro poco de The Jesus and Mary Chain por allá) y leerlo desde el presente, consolidándose como el ala más volada y ruidosa a la vez del revival del cambio de milenio.

Desde entonces, Black Rebel Motorcycle Club emprendió una carrera con valles y mesetas que tuvo uno de sus picos más altos en el pantanoso Howl (2005), donde miró bien de cerca al blues rural y le hizo meter los dedos en el enchufe. Después de la partida de Jago, Levon Been y Hayes reclutaron a la baterista Leah Shapiro, y su incorporación le inyectó una nueva dosis de vigor al grupo, evidente en discos como Beat the Devils Tattoo (2010) y Specter at the Feast (2013), y también en su última visita a Buenos Aires, en 2016.

De repente, el trío se encontró con una situación inesperada en su carrera: demasiados años sin entrar al estudio para registrar material nuevo. “Leah tuvo que someterse a una cirugía cerebral por unas malformaciones de Chiari, que resultaron peores de lo que parecían. Necesitaba operarse y recuperarse, y fue más largo de lo que todos esperábamos”, explica Levon Been. De a poco, Black Rebel Motorcycle Club tuvo que replantear su política de trabajo para dar forma a su séptimo disco. Wrong Creatures, publicado hoy, privilegia el espesor sonoro antes que el vértigo. El mismo viaje por las mismas rutas abandonadas, sólo que esta vez el recorrido es a velocidad crucero en vez de con el acelerador a fondo.

Me encantaría que haya una revolución, una contracultura, un cambio real que acabe con esta cultura de Kanye West, Taylor Swift y todos estos monumentos a la mediocridad.

¿Tener que esperar tanto tiempo para grabar un disco nuevo los obligó a reformularse como banda?
Tuvimos que parar y guardar nuestras alas porque no podíamos volar ni tan alto ni tan rápido como estábamos acostumbrados, así que nos lo tomamos con calma. Principalmente, yo quería reptar fuera de mi propia piel, porque no puedo aguantar quedarme quieto por tanto tiempo. Empecé a escribir por mi cuenta, pero empezó a ser algo completamente distinto, no era otro disco de BRMC porque no sonaba exactamente a eso.

¿Y en qué momento sí se convirtió en eso?
Cuando empezamos a tocar de nuevo como grupo. Fue evidente que teníamos que probar ser fieles a lo que sea que es esto que ocurre cuando los tres juntos nos proponemos ser una banda de rock, porque tampoco hay demasiadas dando vueltas. Tuvimos que redescubrirnos y reinventarnos, y fue de bastante ayuda, porque nos recordó que no vamos a estar acá por siempre. Cualquiera se puede ir en algún momento, así que tenés que ir para adelante, ser una banda y hacer un disco de rock and roll.

¿Eso hizo que las canciones fueran más introspectivas y no tan aceleradas?
Cuando empezamos a trabajar en este disco teníamos un montón de canciones de rock and roll nitro fueled (se ríe) y estábamos yendo mucho en esa dirección, y al mismo tiempo empezamos a trabajar en otras que tenían esta atmósfera oscura, más raras. Al final, sacamos un montón de esas canciones pesadas, casi todas, y decidimos que íbamos a crear un disco que fuera más atmosférico. Es loco, porque el disco anterior (Specter at the Feast) tenía dos mundos completamente extremos. Tenías canciones como “Lullaby” o “Returning”, y después cosas más violentas como “Rival”, y eso se sentía muy bien en vivo. Pero en un disco es raro, no te mantiene en un mismo estado durante demasiado tiempo. Ahora queremos que la gente se mantenga en un mismo tono durante todo el tiempo que se pueda. Hay temas como “Echo”, que no se parece a nada de lo que hicimos en toda nuestra carrera. Son canciones más largas, hay más espacio para respirar y meditar. Creo que en este disco empujamos mucho los límites, me provoca curiosidad cómo va a reaccionar el público con esto.

Black Rebel Motorcycle Club

¿Fue eso lo que los empujó a buscar un productor externo por primera vez en su carrera?
Conozco a Nick (Launay) hace mucho tiempo, más de diez años. Nos cruzábamos en Los Ángeles y siempre lo vi como a un tipo extraño con el que me gustaba charlar, pero cuando lo conocí todavía no había trabajado con Yeah Yeah Yeahs, Grinderman o los Bad Seeds. Fue muy cool verlo despegar durante todo ese tiempo, me llenó de orgullo. Hablamos varias veces acerca de trabajar juntos, pero él tenía una visión y nosotros estábamos en otra muy distinta, haciendo las cosas como queríamos. Creo que habría sido desastroso si hubiéramos trabajado juntos en otro momento, porque teníamos demasiadas ideas que necesitábamos sacar de nuestras cabezas, así que esperamos a que todos creciésemos un poco y entendiéramos que el hecho de que alguien viniera a ver si podía agregar algo era lo mejor para nosotros.

En Wrong Creatures hay sonidos que son nuevos para la banda en temas como “King of Bones” o los órganos de feria de “Circus Bazooko” ¿De dónde vienen?
No sé, sólo queríamos hacer algo distinto. Me gustan mucho los teclados y tuve que pelear mucho para que me dejaran meterlos (se ríe). En esas canciones quería hacer alguna mierda extraña, y dejar que todo fuera raro y siniestro, pero sexualmente siniestro. “Circus” fue el resultado de dos meses de esperar que Pete y Leah llegaran a ensayar temprano. Siempre caían como una hora tarde, así que me sentaba en la sala con un pedal looper y otro harmonizer. Puse como cinco de esos en serie y empecé a crear esa canción de circo para entretenerme. Terminé creando toda una serie de loops mientras esperaba a que aparecieran, así que esa canción siempre me recuerda que tenía que esperar a que llegasen. A la vez, invertí mucho tiempo en ese tema, porque fue fruto de esa espera y terminó volviéndose una canción buena, llena de partes y cosas. Leah llegaba primero y con sólo meter su batería la llevaba a un lugar totalmente nuevo.

Con Peter se conocen desde adolescentes. ¿Cómo creen que desarrollaron la manera de trabajar juntos después de tanto tiempo?
Ser parte de la vida del otro y haber encontrado el modo de no asesinarnos mutuamente es nuestro mayor mérito (se ríe). No sé, pasamos tanto tiempo juntos al borde del agotamiento… Yo soy híper crítico de mí mismo y él es igual consigo, así que no hay manera de herirnos, porque lo peor que él podría decirme sobre mis canciones ya me lo dije a mí mismo mucho antes. Somos como una familia. Y cuando llevás tanto tiempo con alguien, no matarse entre sí es mérito suficiente (se ríe).

A lo largo de su discografía, Black Rebel Motorcycle Club supo tener algunos temas muy cargados en términos políticos. ¿El escenario actual de Estados Unidos influyó de alguna manera en este disco?
Intenté un par de veces en llegar a ese punto, pero sentí que era más desafiante no hacerlo. Hay algo relacionado con lo que pasa con el país, especialmente con Trump, y es que se apropian tanto de la conversación, que no quería darle a ese hijo de puta un segundo más de gente hablando sobre él. Deliberadamente elegí evitar todo tipo de alusión directa, pero de todos modos hay muchos climas que tienen que ver con gente perdiéndose a sí misma, a su esperanza y todo lo que tenía. Hoy en día tenés distracciones como la televisión o Instagram, y creo que eso es más peligroso que cualquier otra cosa, en el largo plazo. Están todos como en Los usurpadores de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1978), desconectados de sí mismos. Eso es lo que más me preocupa y me inspira, es lo suficientemente oscuro.

Al momento en el que apareció Black Rebel Motorcycle Club, reinaba la sensación de que el rock de guitarras volvía para quedarse. ¿Por qué creés que no terminó ocurriendo?
Nunca creí mucho en el hype, no confié en él. Estuve dentro y fuera de él, y vi que siempre están intentando demasiado que funcione algo que no existe. Hay una diferencia entre lo que quieren que sea y lo que realmente termina siendo. No había muchos artistas de rock and roll entonces y tampoco hay demasiados ahora. Te van a decir que todos eran auténticos, y no, no lo eran. No sé, hay mucho menos hype, y un poco lo extraño, porque muchas veces preferís que te den bola, como cualquiera (se ríe). No sé, me encantaría que haya una revolución, una contracultura, un cambio real que acabe con esta cultura de Kanye West, Taylor Swift y todos estos monumentos a la mediocridad. Quisiera tirarlos abajo a todos ellos, pero prefiero seguir en donde estoy ahora.