30/03/2020

El clarinetista Bennie Maupin recuerda la grabación de "Bitches Brew"

Miles Davis y su pintura con nuevos colores.

Gentileza
Bitches Brew

Hoy, 30 de marzo, se cumplen 50 años de la salida de Bitches Brew, el disco con el que Miles Davis configuró por completo el sonido del jazz rock. La formación que grabó el álbum, un colectivo de catorce músicos, incluía, entre otros, a Wayne Shorter, Chick Corea, Jack de Johnette, John McLaughling y John Zawinul. En ese mar de rarezas también había un clariente bajo, instrumento que poco tenía que ver con el jazz y el rock hasta ese momento. El encargado de tocar "la corneta graciosa", como la llamaba Davis, fue Bennie Maupin, que en ese momento estaba tocando con Lee Morgan, otro de los grandes trompetistas de la época.

A 50 años de la publicación de Bitches Brew, Bennie Maupin relata para Silencio como fueron las sesiones de grabación de uno de los discos de jazz más importantes de todos los tiempos.

"Conocí a Miles a través de Jack De Johnette, de manera indirecta. Él ya me había escuchado tocar con McCoy Tyner pero nunca habíamos hablado, nunca habíamos tenido una conversación hasta ese momento. Obvio que yo sabía quién era él porque iba a verlo tocar. Como Shorter se iba a ir de la banda, al poco tiempo recibí una llamada de Miles y tuve que rechazarla porque había aceptado tocar con Lee Morgan una semana antes. Pero sí acepté grabar en el disco.

Las sesiones de Bitches Brew fueron muy libres: básicamente, se trataba de escuchar al resto e improvisar. Me había dado apenas un par de notas para tocar, pero lo que quería eran los colores. El clarinete bajo es un instrumento muy colorido, probablemente de los más coloridos en una orquesta. Me escuchó tocar y quería eso, que pinte usando el sonido. Y eso hice. Me daba indicaciones a través de gestos, no de palabras. A veces tocábamos lo mismo porque quería que yo reflejara lo que él tocaba, como un espejo. Era un contraste perfecto porque la trompeta suena aguda y el clarinete suena grave, entonces el contraste es espectacular, y la música, sobre todo la de ese disco, se trata de contrastes. Era como si estuviésemos midiendo los momentos, de una forma espontánea y la idea era captar eso de un modo interesante.

Estar en el estudio con él era excitante. Miles era muy abierto y me dio oportunidades para que me exprese. Cuando estudiás la carrera de Mies, y yo la estudio desde los 50, te das cuenta de con quiénes tocó. Hay una progresión clara de Charlie Parker a Sonny Rollins a Coltrane y a Shorter... Siempre se movía a algún lugar diferente. Nunca era lo mismo con él. Sabía combinar individuos, combinar personalidades y de ahí salía toda esa música increíble.

De todos modos, durante la grabación de Bitches Brew no éramos conscientes de lo que estábamos haciendo, no pensábamos por fuera de nosotros mismos. Miles concibió las sesiones como un diálogo, como una conversación con múltiples participantes. Quería que se notaran los distintos colores. Incluso ahora, cuando lo escucho ocasionalmente, todavía me sorprendo de las cosas que pasaron. Todo fue grabado en fragmentos muy breves, no nos extendíamos mucho, solo en algunos pasajes de intensidad, pero en líneas generales era todo fue serie de diálogos cortos que después los convirtieron en uno bien largo. Fue una sensación muy linda tener esa libertad y los sonidos que salían de ahí eran tremendos; todo estaba en el aire, era una fiesta musical.

Algo llamativo es que no escuchábamos nada de lo que grabábamos. En otros discos, hacés una toma y vas a ver cómo quedó, pero Miles no nos dejaba ir a escuchar. Tocábamos algo, se encerraba a discutir con Teo Macero durante un rato largo y después venia a zapar más. Grabábamos de las 10 de la mañana a la 1 de la tarde, eran sesiones bien cortas. Miles se iba al gimnasio a entrenar boxeo porque era lo que amaba. Estaba en muy buena forma, en un estado físico excelente, era chiquito pero estaba todo musculoso como un luchador.

Fue muy lindo estar a su lado y verlo en uno de sus mejores momentos de salud y creatividad. Fue una inspiración para mí, me hizo darme cuenta de lo importante que es estar en forma y que tu cuerpo no se te vaya de control. No te cansás nunca de escucharlo: ahí está la clave de su su sonido. Las inflexiones, la intensidad de la respiración, la cantidad de sutilezas... necesitas mucho múscuclo para tocar así. No le importaba tocar rápido, eso ya lo había hecho antes. A él le gustaban las melodías y las podía tocar de las maneras más maravillosas, por eso no te cansás nunca de escucharlo. Tocaba igual que en los 50, sólo que había cambiado el contexto. Estaba pintando con otros sonidos.

La primera vez que escuché Bitches Brew estaba en San Francisco; volvía de una gira por Japón y en Los Ángeles conocí a una chica que se iba a convertir en mi esposa. Manejamos hasta la costa de California para mirar el océano, relajarnos y conocernos. Llegamos a San Francisco y nos enteramos de que Miles estaba tocando en el Fillmore West, así que fuimos a verlo. En la banda estaban casi todos: Chick, Wayne, Dave... Fui a ver a Miles a su camarín y lo sorprendí. Lo primero que me preguntó fue: '¿Trajiste la corneta graciosa?', porque así le decía al clarinete bajo. Le dije que no lo tenía conmigo y me respondió "Uh, entonces rajá de acá". Teníamos una gran relación, era muy divertido.

Los escuchamos tocar en vivo y cuando nos fuimos, en el auto puse una radio de jazz; sonaba una música y no podía distinguir qué era, no podía descifrarla ni quiénes tocaban ni qué estaban haciendo, pero al mismo tiempo me parecía algo que conocía. O sea: algo conocido pero que no era (risas). Fue una experiencia tan extraña que no sé como describirla. Y después, claro, el tema era larguísimo, algo muy raro para una radio. No pasaban temas de más de 4 minutos y medio. Pero Miles llevó las cosas a otro nivel, extendió los temas a 14 minutos, obliteró todo por completo. Cuando finalmente terminó, el locutor dijo que era lo que sonaba era Bitches Brew, el nuevo disco de Miles Davis. Y lo dejaron sonando toda la noche. Era demasiada música y no tenía idea de que la había hecho.