30/10/2018

Barry Adamson: “Sería una tontería pegarme a un solo género”

De Magazine y los Bad Seeds a David Lynch y Oliver Stone, una historia de película.

Lee Jeffries / Gentileza
Barry Adamson

Aunque su nombre no sea conocido entre el gran público, Barry Adamson es una figura clave de la música de los últimos 40 años. Sus comienzos se remontan al momento en el que el punk se convirtió en post punk, porque fue el bajista de Magazine, la banda que Howard Devoto armó tras irse de Buzzcocks. Después, el músico se convirtió en parte esencial de los primeros Bad Seeds de Nick Cave, hasta que su interés por la música de películas lo llevó hacia nuevos rumbos. Y muy venturosos, por cierto: trabajó con directores como David Lynch y Oliver Stone.

Este año, Barry Adamson cumplió 60 y pensó que era un buen momento para “frenar, mirar alrededor y juntar cosas”, dice. Pero finalmente fue otro número redondo el que lo impactó: “Me hicieron notar que lo primero que hice con Magazine fue en 1978, hace 40 años”. Y así surgió Memento Mori (Anthology 1978-2018), el compilado doble que acaba de publicar con temas de toda su carrera.  “Salió todo de manera muy natural, orgánica. Con cosas así hay que dejarse llevar”, asegura.

Todos los jóvenes ingleses veníamos de un momento muy oscuro y de repente el punk hizo que quisiéramos estar vivos otra vez.

Memento Mori es un recordatorio de la mortalidad de cada uno. ¿Por qué elegiste ese título para el disco?
Supongo que al abarcar 40 años de música, mientras trabajás a veces pensás “Oh, puedo hacer esto por siempre”, y el título es como un recordatorio de la necesidad de tener los pies en la tierra. Es un modo de mantenerme al tanto de que un día voy a irme y el mundo va a seguir adelante, pero voy a dejar todas estas cosas detrás, lo cual es muy bueno. Es una manera de resumir… Obviamente, no es una frase muy original, pero pareció encajar muy bien, especialmente después de estos 40 años. De repente estoy ahí, mirando atrás, y aparecen todos estos recordatorios al respecto.

Resumir tu carrera no significa que vayas a parar, ¿no?
No, no, sigo adelante, pero fue interesante porque me vi forzado a mirar atrás, a revisar todo mi cuerpo de trabajo, a pesar de que estaba escribiendo material para un nuevo álbum, que espero sacar a mitad del año próximo. No es que parás sino que revisás. Y todo eso termina influyendo sobre el nuevo trabajo, de algún modo; hoy podés ver de otro modo algunas de esas experiencias y tenés un conocimiento distinto sobre cómo trabajar. De hecho, es todo lo contrario a parar, porque me inspiró a ir más allá.

Al revisar 40 años de material, ¿te reencontraste con cosas que no recordabas?
Sí, sí. Es como estar de vacaciones, que en los parlantes cercanos a la pileta de natación suene algo y que en los últimos dos segundos te des cuenta de que es algo que hiciste vos. Y hubo momentos así. Por ejemplo, la canción con Jarvis Cocker, “Set the Controls for the Heart of the Pelvis”: estaba escuchándola, prestándole atención a las cuerdas, y de repente captó mi atención el bajo; no recordaba para nada haber tocado eso, fue como escucharlo por primera vez. Tardé una cuarta parte del tema en recordar ese momento en particular, en el estudio, y de repente todo se volvió real otra vez. Es fantástico tener momentos así porque te da una idea de cómo escucharán la canción las demás personas. Podés apreciarlo de otro modo, entender cómo la escuchan ellas. Y me pasó un par de veces al revisar todo el material.

Ya que mencionás el tema con Jarvis Cocker: ustedes trabajaron juntos en el momento del mayor éxito de Pulp. ¿Se conocían de antes?
Nos habíamos visto alguna vez. Todo surgió porque yo fui al colegio con el tipo que lleva adelante Rough Trade y un día estábamos hablando de Pulp; yo dije que estaría bueno trabajar con Jarvis y él me respondió “Creo que a él le gusta lo que hacés, ¿por qué no le mandás algo?” Para mí era medio un riesgo hacerlo, pero finalmente resultó que él conocía en qué estaba trabajando yo. Fue en el momento en el que Different Class estaba empezando a tener mucho éxito, pero hicimos los planes para grabar y él vino al estudio. Increíblemente, fue el día en el que “Common People” llegó al número 1 en Inglaterra. Fue muy extraño, él no entendía qué estaba pasando. Fue como un éxito repentino… después de 15 años (risas).

¿Por qué decidiste terminar el compilado con un tema de Magazine y uno de los Bad Seeds de los que compusiste la música? ¿Creés que hubiese estado incompleto sin esas contribuciones tuyas a esas bandas?
Fue un modo de reconocer dónde empecé, como una introducción a mi propio mundo, por así decirlo. Para mí fueron momentos muy destacados de mi carrera antes de trabajar como solista. Entonces, al pensar en toda mi carrera… empezó allí. Se sintió bien poner esos temas, fue como decir “sí, estos tipos fueron fabulosos”. Y ponerlos al final fue como darme la posibilidad de empezar de nuevo. Durante un tiempo, el disco empezaba con esos dos temas porque iba en orden cronológico, pero me gustó la idea de dar vuelta eso y de terminar con el comienzo. En ese momento me di cuenta de que el compilado estaba listo. Y fue una manera de darle las gracias a esos tipos, además de mostrarle a quienes escuchen el compilado de dónde vengo yo. Aquí nací y ahora puedo avanzar a un nuevo capítulo.

Tu vida cambió cuando viste el aviso en el que Howard Devoto buscaba músicos para Magazine, al fin y al cabo.
Totalmente. Un sábado a la tarde en la ciudad de Manchester, tocando un bajo de dos cuerdas… El día anterior había visto el aviso en el que Howard buscaba músicos, encontré el bajo y me quedé toda la noche despierto, tratando de ver cómo tocar. Al día siguiente fui a su casa… y me cambió la vida totalmente: estaba a punto de meterme a estudiar diseño gráfico o arquitectura, pero una semana después era parte de una banda. Howard estaba pasando por algo similar en ese momento. Bah, todos los jóvenes ingleses veníamos de un momento muy oscuro y de repente el punk hizo que quisiéramos estar vivos otra vez.

Si entrar a Magazine te cambió la vida, tocar con Nick Cave en Birthday Party y los Bad Seeds casi te mata…
Exactamente. Fue como ir a la academia con Magazine, y después ir a otra escuela y lo primero que recibís es una trompada en la cara (risas). Pero después te das cuenta de que el puño que te golpeó es el tuyo… Y pensás “¿Qué carajo está pasando?” Siento que fueron dos fases muy importantes de mi vida: la educación y la autodestrucción (risas). Después de eso, me planteé qué quería hacer. Yo quería conectarme con el cine y con esa forma de expresión musical, además de estar en un estado mental más saludable. Y fue entonces cuando aterricé en tierra firme, por así decirlo.

¿Cómo se te ocurrió la idea de hacer la banda sonora de una película imaginaria, que terminó siendo tu disco Moss Side Story?
En ese momento pensé que era una idea original, aunque creo que ya había sido hecha antes. Pero, bueno, yo escuchaba muchas bandas sonoras y no me interesaba tanto ver las películas. Lo que noté fue que si mezclabas las bandas sonoras, eventualmente se convertían en otra película. Y conocía a este tipo que había tocado en Neubauten que me dio un compilado con temas de Bernard Herrmann, Quincy Jones y Henry Mancini. Algunos de Quincy Jones no los conocía y me llamaron mucho la atención porque eran como de música negra, con orquestaciones extrañas, y eso también fue muy inspirador. Entonces pensé que podía ser interesante imaginar una película… además de que en ese momento yo vivía en una especie de película imaginaria (risas). Pero lo que pensé fue: “¿Por qué no escribo temas y los armo como si fuera una banda sonora sin película?” Además, yo quería meterme en la industria del cine, y recuerdo que alguien me había dicho que no se podía hacer música de películas si uno no había hecho música de películas antes. Porque, por supuesto, iban a preguntarte “¿qué hiciste antes?”. Así que era como una suerte de demo, de carta de presentación: si querés algo parecido a esto para tu película, acá tenés.

Y funcionó muy bien.
Creo que sí, porque tuve muy buena respuesta con Moss Side Story. Me llevó a Hollywood y enseguida hice un par de bandas sonoras para películas. Hubert Selby Jr, que es uno de mis escritores favoritos en todo el mundo, me escribió una carta diciendo que había escuchado el disco, y eso me voló la cabeza. Sentí que había entrado a algún lado. Y muy rápidamente las cosas comenzaron a funcionar… Oliver Stone con un guión de Quentin Tarantino (Asesinos por naturaleza), trabajar con David Lynch (Carretera perdida), Derek Jarman (The Last of England), Danny Boyle (La playa)… Las cosas comenzaron a funcionar a partir de ese disquito llamado Moss Side Story.

Mencionaste a David Lynch. ¿Trabajar con él fue tan extraño como cualquiera imaginaría?
Creo que es exactamente como cualquiera lo imaginaría, aunque hay muchas cosas que se proyectan sobre él. Es un artista como ningún otro y trabaja a un altísimo nivel, así que para mí fue un privilegio, como estar en un aula. Recuerdo que hice una pieza musical y él me dijo: “Está bien, pero mirá a sus ojos cuando escribas”. Era la escena de una conversación entre tres personas. Y cuando le presté atención a los ojos, cambié un poco el tema. Lo escuchamos en un cine con público invitado, y después él me llamó y me dijo “Fue fantástico, se podía escuchar un alfiler cayendo al piso, todo el mundo estaba pegado a la pantalla porque capturaste la emoción”. Fue una gran lección para mí, porque nunca se me hubiera ocurrido hacer eso. Por supuesto que es un tipo raro (se ríe), que dice cosas que no entendés, pero es genial y trabajar con él es un privilegio, un honor. Es trabajar con un maestro.

Es muy interesante el amplio rango de estilos y géneros en los que componés.
Son películas, entonces siento que puedo ir hacia cualquier lado y hacer lo que sea. No hay lazos específicos con ningún género; si sale de cierta forma, así será. Obviamente, hay cosas que amo y modos en los que quiero que se toquen, pero siento que el cine es como el guardián del trabajo, entonces me siento muy libre en ese ámbito. Además, hay tantas cosas que me parecen fantásticas en la música que sería una tontería pegarme a un solo género.