23/10/2019

Bad Religion: "El punk no tiene nada que ver con un corte de pelo"

Punk californiano en pleno Buenos Aires

Gentileza
Bad Religion

Este jueves 24 de octubre, tres días antes de las elecciones presidenciales, el punk rock tendrá su propio acto de cierre de campaña en el Luna Park. Bad Religion y The Offspring estarán presentándose juntos en un mismo escenario por primera vez en Argentina, a pesar de ser dos bandas del sur de California que crecieron juntas y mantienen una estrecha relación.

En 1988, con Suffer, Bad Religion le dio una vuelta de tuerca más a la escena punk tanto desde lo musical como desde la unidad de negocio. El disco sentó las bases de lo que más adelante sería conocido como hardcore melódico o, para ubicarlo en tiempo y espacio, punk californiano: canciones furiosas, veloces y ajustadas. Suffer fue el primer álbum editado y distribuido por Epitaph Records, el sello independiente fundado por Brett Gurewitz, guitarrista del grupo.

La estrategia de Epitaph fue difundir su música a través de la escena skater de California, es decir, sus canciones se volvieron el soundtrack perfecto para los videos caseros y producciones independientes de skate ya que las podían utilizar sin necesidad de pagar derechos ni regalías. De esta manera, Epitaph se convirtió en el epicentro punk de principios de los noventa y Bad Religion su bandera hasta que, en 1994, el suicidio de Kurt Cobain dejó libre la puerta del mainstream. Y por esa puerta entró la armada de Epitaph con Rancid, NOFX y Pennywise en primera línea de combate y detrás de ellos, The Offspring, con su disco Smash plagado de hits, que vendió 17 millones de copias: el álbum de un sello independiente más vendido de la historia.

Difícil saber qué sería de uno sin el otro aunque hasta ahora, en Argentina, siempre los vimos por separado. Jay Bentley, bajista y miembro fundador de Bad Religion habló con Silencio sobre esta pequeña reparación histórica y la capacidad de la banda para mantenerse relevante dentro del punk rock luego de editar su decimoséptimo disco de estudio.

Donald Trump no fue elegido por los ricos, a pesar de ser un hombre rico, fue elegido por gente pobre porque les prometió ayudarlos.

Van a estar otra vez en Buenos Aires, pero esta vez compartiendo escenario con The Offspring por primera vez.
Tocamos con The Offspring un montón de veces, pero ir a distintos lugares, especialmente a Argentina, y tocar con tus amigos se va a sentir como estar en el sur de California otra vez. Eso está muy bueno porque será como decirles al público “Así es como crecimos”.
Nos conocemos todos, así que la pasamos bien, pero para serte honesto, cuando estemos en el escenario vamos a tratar de patearles el culo [risas]. Eso no significa que no seamos amigos. Cuando estás en el escenario sólo querés ser la mejor puta banda que existió. Es punk rock, no esperen que nos pongamos a cantar kumbaya tomados de la mano. Nos ayudamos entre todos, pero después nos vamos a pelear por ser la mejor banda ahí arriba.

¿Y qué pasa si la otra banda la rompe?
Bueno, siempre hay veces en las que tenés que admitir y decirles “Che, nos patearon el culo hoy”, es donde todo se pone más divertido.

¿Te parece que hay muchas bandas que puedan patearle el culo a Bad Religion en vivo?
Sí, bandas que tienen muchos hits [risas]. Sé quiénes somos y de qué se trata Bad Religion, pero no hay chances de que podamos compararnos con bandas como Green Day o The Offspring ¡tienen hitazos! ¡vendieron millones de discos! Nosotros sólo somos una puta banda de punk rock, somos Bad Religion. Sabemos hacer muy bien lo que hacemos y hay pocas bandas que puedan compararse a eso, pero en cuanto a la popularidad sí, hay un puñado de bandas que tuvieron un poco más de exposición en MTV de la que tuvimos nosotros. Y está perfecto.

Bad Religion

Hablando de crecer en California, tenían mucha oferta punk allí ¿Qué tipo de bandas iban a ver cuando eran chicos?
Lo primero que hay que decir es que ya ninguna de esas bandas existen al día de hoy. La única banda que estaba activa en ese entonces y todavía sigue es Social Distortion. Íbamos a ver a Fear, Black Flag, The Adolescents, TSOL o los Circle Jerks, con esas bandas crecimos. Eran otros tiempos. Para ser claros, cuando nosotros empezamos había unas cincuenta bandas y para el momento en el que sacamos Suffer había probablemente cinco mil bandas.

Vuelven a Argentina con un nuevo disco, Age of Unreason, con un sonido poderoso como el de siempre. ¿Sigue habiendo excusas para escribir una buena canción punk?
Todos los días. Cada día te levantás y algo te hace decir “¡Hijos de puta!”, ahí ya podés escribir una canción. Lo que más me gustó de este disco es que pudimos hacerlo. Honestamente, llevamos una carrera de casi 40 años. Hay bandas en esa situación que están repasando su historia y no están grabando discos, otras que graban pero cuyo material nuevo se volvió más tranquilo. Este disco para mí suena a nosotros, como siempre sonamos. Eso es lo que más me gusta del disco.

El punk rock nació como el lugar de encuentro para los chicos y chicas que no encajaban en la sociedad. ¿Creés que el punk sigue siendo ese refugio para un adolescente hoy?
Sí, porque no pienso que el punk sea solo música, no es solo eso. Creo que el punk es sobre cómo te sentís o cómo ves las cosas que se ven normal en el mundo y poder decir, “Yo no estoy de acuerdo con eso”. Puede ser con el gobierno, la religión o un profesor en la escuela diciéndote que la Segunda Guerra Mundial nunca ocurrió. Cuando yo era muy chico, creo que en tercer o cuarto grado, le pregunté a mi maestra qué había pasado con los nativos americanos, las comunidades aborígenes que vivían aquí antes, y ella me dijo que simplemente “Se fueron”, ¿cómo le decís eso a un chico? Yo le creí. En mi cabeza quedó que habían hechos sus valijas, se habían ido a la mierda y listo. Yo creí eso hasta que tuve la madurez suficiente como para razonarlo, entonces cuando cumplí 14 años me di cuenta de que era pura mierda. Ahí mi mente dio un giro y entendí que no era más un chico común que iba a creer en cualquier cosa que le dijeran. El punk no tiene nada que ver con un corte de pelo o tener el jean roto, lo único que importa es tu mentalidad.

Tres días después del show del 24 de octubre, hay elecciones presidenciales aquí en Argentina. Es un gran momento para un show de punk rock. Similar a lo que sucede en Estados Unidos, en Latinoamérica también parece estar en un momento en el que un grupo de ricos está tomando todas las decisiones.
Sí, sabíamos de las elecciones. En nuestro caso, Donald Trump no fue elegido por los ricos, a pesar de ser un hombre rico, él fue elegido por gente pobre porque les prometió ayudarlos. Pero no puede ayudarlos porque solamente está mintiendo a todo el mundo sobre cómo va a arreglar todo. Así que en el fondo, no es que la gente rica esté tomando las decisiones sino que es la gente asustada la que les está dando el poder para hacerlo. Y si estás asustado no tenés por qué estar tomando esas decisiones.

¿Qué tipo de show van a traer a Argentina? Están tocando muchas canciones nuevas.
Siempre prefiero hacer una mezcla de las dos cosas, si alguien piensa que Recipe of Hate es su disco favorito, me gustaría incluir alguna canción de ese álbum. A veces la audiencia es muy joven y solo agarraron la etapa de The Process of Belief en adelante. Tenemos diecisiete discos grabados, son más de 350 canciones, es difícil tener contentos a todos pero siempre tenemos en mente presentar nuestra historia en cada show. No voy a decir que conozco perfectamente a cada audiencia pero tengo buen ojo para darme cuenta. Si en algún momento del show Greg [Graffin, cantante de Bad Religion] dice “¿Cuántos de ustedes nos vieron antes?” y mucha gente levanta la mano, entonces vamos a tocar canciones más raras, como para que se lleven algo que no habían escuchado antes.

Entonces cualquiera de esas 350 canciones pueden entrar en cualquier momento. ¿Las tienen ensayadas a todas?
[Se ríe a carcajadas desde la mitad de la pregunta]

¡Entendido!
En realidad son fases en las que nos ponemos a probar un disco y nos colgamos con esas canciones por un tiempo y después desaparecen y nos ponemos a tocar otras canciones. Es como un organismo vivo, no es una obra de Broadway donde tocamos lo mismo noche tras noche. Es algo que respira y tiene su propio ritmo mientras las canciones van y vienen.