15/05/2021

Arde La Sangre: "Resurgimos como el ave fénix"

Dolor y después.

Arde La Sangre

"No quiero ser ex nunca más", suelta Marcelo "Corvata" Corvalán en un momento de la charla, y todos los participantes del Zoom largan la risa. Es que el cantante, compositor y bajista tiene pergaminos de peso en el metal argentino, porque fue parte de A.N.I.M.A.L. y líder de Carajo. Y tras la sorpresiva separación de ese trío, reaparece junto a su compañero Hernán "Tery" Langer (guitarra) al frente de Arde La Sangre, un cuarteto con sonido poderoso del que también forman parte Luciano "Tano" Farelli (guitarra) y Nacho Benavides (batería).

Formado en plena pandemia y sin la posibilidad de presentarse de forma directa frente al público, Arde La Sangre aparece con un EP apropiadamente titulado El comienzo, que fue grabado con los músicos tocando en vivo sobre el escenario del Malvinas Argentinas. Pero el cuarteto ya está preparando de modo "tradicional" (en estudio) su primer álbum, que quizá contenga los cuatro temas del debut en nuevas versiones. Y Corvata, además, lleva adelante su proyecto Corvex, que tuvo mucho que ver con el inicio de ALS.

Arde La Sangre, que claramente suena a continuidad lógica de Carajo, también aporta las nuevas texturas que implican la suma de un guitarrista que también es tecladista. Ahora como cuarteto, Corvata y Tery parecen tener un colchón sobre el que intensificar su estilo. Así es que el grupo suena en la línea del rock pesado (hay furia punk y colores del metal alternativo) pero con lugar también el cambio de intensidades (chequear la espacialidad de "Lástima") y la exploración de estructuras complejas. A no desesperar: riffs y machaques metaleros hay de sobra.

Pero, claro, hay que hablar sobre el final de Carajo. Corvata dice que "no hay que esquivar el bulto" con respecto al tema, porque al fin y al cabo sin ese hecho ahora no exisitiría Arde La Sangre. Y también que haría falta la palabra de Andy (Vilanova, baterista) para estar más cerca de la verdad sobre el final del trío. "Fue un desafío mayor que no supimos encarar y resolverlo", explica. "Hicimos cosas tan importantes y tan grandes que era muy difícil pasar nuestra propia vara. Nos metimos en una re difícil y la única que nos quedaba era reinventarnos. Pero, ¿cómo se hacía para empezar de cero desde ese nivel? A eso me refiero con que no supimos cómo hacer..."

"Y además estaba el desgaste, porque ahí surgieron las diferencias -continúa Corvata-. 'Che, pará, yo no tengo ganas justo ahora de empezar a pensar cosas distintas'... Pero era una realidad: algo que había funcionado durante años, en un momento ya no funcionó más. Creo que el acostumbramiento también fue muy difícil. Estábamos tan acostumbrados a algo que cuando hay que cambiar... Pero era cambiar para sobrevivir, para evolucionar. Estar en una banda es como vivir una película: es un guión que hacés vos mismo, pero la película cobra vida".

Y entonces es Tery quien va al hueso: "Una banda no deja de ser como una pareja. En el caso de Carajo era de tres, como hoy con Arde La Sangre es de cuatro. Y lo más complicado de todo siempre son las relaciones humanas. Hubo un momento en el que se volvió muy difícil... Y, como dice Corva, no se pudo salvar esa cuestión, que es la más importante. Cuando lo humano ya se desgastó, ya no funciona o está en jaque, ahí no hay vuelta atrás. Pasó mucho tiempo en el que por ahí el vaso ya estaba roto: aunque lo pegués, está roto. Y entonces te das cuenta de que nadie se merece eso. Cada uno habrá hecho su lectura. ¿Qué pasó? Básicamente, que la relación humana no daba para más. Y eso es lo más duro, lo más difícil, porque todos nos hemos querido mucho. Más allá de lo puntual, eso es lo que pasó: ya no se podía en ese aspecto".

Con A.N.I.M.A.L. hice la primaria y con Carajo la secundaria, así que ahora empecé la universidad (risas). A.N.I.M.A.L. fueron ocho años, Carajo 18, así que ya está, papá, la tercera es la vencida. (Corvata)

Y entonces arrancaron una banda en plena pandemia...
Corvata: Eso nos demostró que hay un grupo. Somos músicos formando una banda, pero cuando hay un grupo humano convencido de armar algo o de generar determinada empresa, y algo arranca, algo empieza a suceder. Fuera de toda mística y de toda cosa así filosófica, es una realidad: hay una energía que hace que esa rueda empiece a girar. Y sobre la marcha se aprende. Hay obstáculos, se da marcha atrás, hay que volver, pero la cosa arranca si hay un motivo. A nosotros la pandemia nos afectó físicamente porque no teníamos un permiso para salir de casa, pero cuando eso se solucionó, arrancamos. Pero no fue un impedimento para explayarnos con esto que queríamos hacer, que obviamente tiene que ver con la música.

¿Cómo fue ese comienzo?
Corvata: Cuando se terminó Carajo no pudimos salir a hablar y dar una explicación porque no la teníamos nosotros tampoco. No quisimos salir a decir cualquier cosa. Necesitábamos la distancia y el silencio para madurar y para entender lo que había pasado. Era como una derrota y un fracaso, pero bueno, así es la vida y hay muchas cosas que por más que sean hermosas y estén buenísimas hay algún momento en el que por ahí se terminan. A mí me tocó por segunda vez tener que dejar o terminar proyectos que para mí eran todo y puse toda mi vida, pero bueno, había que aceptar y vivir el duelo de la manera más sana posible. Y cuando ese tiempo más o menos pasó, reapareció la necesidad de hacer música, de empezar a darle forma a algo nuevo... En ese momento fue cuando me contacté con Luciano y él empezó a darme una mano con unas canciones que yo tenía ahí guardadas. Yo me seguía hablando con Tery, no sabíamos qué hacer. Estaba bastante agotado, entonces necesitaba ese tiempo para hacer algo propio, personal, sin saber en qué iba a terminar. Y congeniar con el Tano [Luciano] me empezó a dar esperanza de que hay vida después de la muerte, hay vida después de Carajo. Vi lo bueno de otra vez estar ahí con un colega, con un músico que, aunque no éramos amigos de antes, la música nos creó un terreno neutral donde cada uno se puede explayar. Me alimenté de la buena onda del Tano y él se dejó llevar por unas ideas que yo tenía. Hicimos las dos primeras canciones de Corvex y ahí ya el horizonte pintaba diferente. Hablamos con Tery y más o menos triangulamos, empezamos a compartirnos música y volvió el entusiasmo. Tery terminó contactando a Nacho y ahí todo toma forma. Lo demás era mostrarnos ideas, canciones, hablar mucho de lo que nos gustaría a cada uno en cuanto a sonido, estilos, esas cosas. Y cuando nos dimos cuenta, ya corría el mes de mayo y empezamos a ver cómo componer, y ver si podíamos estar un poco más juntos. Había muchas restricciones, recién arrancaba la pandemia.

Pero una banda necesita de más que eso, que es lo que da la interacción. Justamente lo que no se podía...
Corvata: Fue todo a distancia. Al que más se le complica es a Nacho que si no se sienta en una batería... Igual, para la música es fácil, te conectás a la compu. Yo tenía un microfonito en casa, Tery la tiene re clara y el Tano es productor. Así que se hizo fácil, en estos años de ser músico profesional te das cuenta que se puede. Nos pasamos unas maquetas primero, y descubrir que somos una banda fue más adelante, cuando nos juntamos y empezamos a conocernos. Recién en agosto de 2020 entramos por primera vez a una sala de ensayo, alquilamos una hasta fin de año, nos teníamos que sacar la duda de ser una banda. Ahí hay algo que es irremplazable que es el factor humano. Si hacés rock como corresponde, en el buen sentido de la palabra, necesitás ese factor humano de encender los equipos y ver qué pasa.

¿Cómo fue el momento de ponerse de acuerdo en el rumbo musical de Arde La Sangre?
Corvata: Creo que se terminó dando por las ideas que cada uno tiraba. Armamos una carpeta en Google Drive y cada uno tiraba ideas. En lo personal, me sonaban cosas nuevas con lo que componía Luciano sobre todo y con Tery teníamos charlas porque teníamos que ser selectivos. De 30 ideas que traía elegimos lo que no se parecía a nada, le decía “Agarremos esta que estás tocando acordes re raros, re locos”. Fue empezar a buscar que todo tenga una nueva personalidad y ser respetuosos más que nada. No era por renegar del pasado ni por nada, simplemente por ser respetuosos con el proyecto y tratar de que sea lo más original posible.
Luciano: Por ahí para Nacho y para mí más que nada, que somos los elementos que no tenemos tantos años de experiencia ni de haber hecho tantos discos con el mismo proyecto, todo se dio de manera más fluida y orgánica. Hacer una banda de cero, pero hacerla con ellos tres fue muy fácil. Tery y Corva tienen un bagaje y una experiencia compositiva que hace que no demande tanto tiempo de interacción humana. Entonces cada idea musical que Tery propuso, porque casi todas se iniciaron de una composición que trajo él, ya venía muy planteada la esencia de lo que iba a tener que ser. En esos primeros meses de la realidad virtual se conjugaron muy bien los elementos porque Nacho se da bastante maña para grabarse en su sala de ensayo o programar una batería MIDI y yo funcione para nuclear todas las colaboraciones e ir bajando las ideas en esa carpeta. En tres o cuatro meses ya teníamos 14 demos y eso no pasa. A veces veo bandas que tardan dos años en tener esa cantidad de material. Acá había fluidez y predisposición de cada uno de nosotros para construir algo. Por ahí no es tan pensado como se puede ver desde afuera, que capaz la gente dice “Los chicos de Carajo se buscaron un batero que es una bestia y se buscaron otro guitarrista que sabe de producción”. Pero como dice Corva, cuando él me abrió la puerta para Corvex, yo me sumé al instante porque me parecía un regalo estar ayudando y colaborando con alguien que me influenció durante toda la vida. Y con Tery me mandaba mensajes cada tanto, ya hace 4 o 5 años que tenemos contacto, él me invitaba a los shows de Carajo. Una noche me quedé pensando antes de ir a la cama y dije: “Están todas estas personas, todas juntas, necesito decirle a los chicos que consolidemos una estructura de banda, que demos un paso adelante y lo hagamos. A raíz de que hablé eso con Corva y Corva lo habló con Tery. Ahí se formó la comunión grupal y no paró.

Fue seguir una inercia...
Corvata: Algo muy importante para agregar, porque estamos tratando de pasar en limpio el pasado, cómo fue que se dio todo, y nos hace bien el ejercicio porque ya pasó un año y pasó volando pero las cosas no se hacen de un día para el otro. Yo estaba hecho mierda y creo que Tery también, por más que me lo niegue. Yo lo conozco y sé que estaba hecho mierda. Fue un golpe re duro, no entendíamos nada y no pasa por nadie y echar culpas de nada. Estábamos devastados. Necesitábamos reinventarnos como banda. Eso a veces toca. A todas las bandas grandes les debe haber pasado. Hasta a los Rolling Stones, pero ellos tenían unas cuantas libras de más y lo pudieron solucionar, se pusieron un manager cada uno y listo (risas). Pero la verdad es que no lo supimos solucionar y yo estaba muy triste, hecho mierda. Fue un golpe muy duro y en esos momentos el arte sale de otra manera que no me saldría ahora. Hoy si tengo que componer así no me sale. Estábamos en un momento tan sensible, vulnerables a todo. Creés que no podés hacer nunca más algo tan copado como lo que hicimos con Carajo. Y en ese momento sale el artista que tenés adentro, desnudo, el que no oculta nada y muestra lo que es. Creo que eso fue clave para que salgan estas canciones, ese proceso tan fluido y tan productivo, porque en la comodidad tenés todo resuelto y te aburguesás y entonces no pasa. Esa cosa dark que tienen las canciones... van a entender por dónde van, ya desde el nombre. Arde La Sangre tiene que ver con eso: cambiar de piel y resurgir como el ave fénix, porque era vida o muerte.
Tery: Capaz Corva tenía otra experiencia en cambiar de piel y esos cambios uno nunca los está buscando tanto, sino que se te presentan en la vida. Y tenés que ver cómo afrontarlos. Carajo fue básicamente mi vida, me formé así. Empecé a los 21 años y duró 18, imaginate el amor el respeto y cariño que le voy a tener toda mi vida. Porque siento que estoy acá gracias a todo lo que transitamos y vivimos. En el medio de la separación quedás muy afectado. En mi caso, era la primera vez que lo transitaba y el problema es que cuando decis “No podemos seguir más así” el día después te cae la ficha. Ya no tengo la banda que tuve durante 18 años. Empecé a los 19 y casi a los 40 se termina la historia. ¿Y ahora qué hago? ¿Para a dónde enfilo? Empezás a ver que es difícil, ya antes de la cuarentena. En un momento no quería agarrar la guitarra ni hacer nada, quería dejar un poco pasar el tiempo, pero la verdad es que soy músico. Entonces fue “Me siento a ver qué sale”. La hoja en blanco que cada tanto nos pasa en la vida no importa lo que hagas, el simbolismo de la hoja en blanco es muy fuerte y yo nunca lo había vivido. Una cosa era componer para el nuevo disco de Carajo, pero acá era realmente qué hacer. Entonces empiezo a tocar, a componer... porque es lo único que puedo hacer antes de pensar en una banda o proyecto. Tenía ideas, mis sentimientos iban para todos lados, estaba enojado por la separación, embroncado. Pero es lo que sucedió. Cuando empiezo a ver qué hacer, pensar qué banda me gustaría tener, pienso que tal vez haya que romper el trío para proponer desde otro lugar, con otras herramientas. Con el Tano teníamos una relación, nos hemos mimado los proyectos mutuamente y yo tengo muchísimo respeto desde la primera vez que escuche Parteplaneta. Entonces le digo “¿Vos conocés alguien que toque los teclados que sea medio multiuso?” Tenía ganas de agregar otras cosas. Yo ya sé qué música me gusta y me sale, yo me siento a tocar y me sale metal. Se llame como se llame, iba a ser por ese lado, es parte de mi personalidad. Uno no tiene que renegar de uno mismo, es como que Corva no cante como canta, ya sabemos a dónde va a apuntar, más allá de una canción más tranqui que también teníamos con Carajo. Cuando me contacto con Nacho de golpe se alinean los planetas. Estaba hablando con Corva y me dice “Hablé con el Tano, me dijo que está, que está”. Le pregunto: “¿Está para qué?. “Para armar la banda, se ofreció si queremos otra guitarra o teclados”. Él sabía que estaba esa idea de meter sintes, algo más nerd de compu. Bueno, qué bueno esto que bajó y me van pasando estas cosas. Dejar una banda lleva su tiempo, es un duelo. Y transitar esta pandemia que si no tenía este proyecto me terminaba de hundir. Arde La Sangre me salvó. Tener la cabeza ocupada en conocer otro músico, descubrir a cada integrante. Con Carajo siempre dijimos que si no somos los tres no es Carajo. Entonces teníamos que ser otra cosa. Eso te revive porque es compartir cosas con gente nueva. Todo fluía, la música fluyó mucho y eso te da energía, te cambia la perspectiva, la forma de vivir el día. Aunque haya una pandemia y esté todo mal tenés una canción que escuchar.

Y ahora se sumaban Luciano y Nacho como los nuevos, a aportar esa parte.
Luciano: Algo que respeté desde el primer momento es que esta transición de duelo, que yo no me quiero ni imaginar lo que es dejar un proyecto así como Carajo y embarcarse en un proyecto nuevo, lo hicieron en un proceso creativo. Otros se hubieran ido a un monte a leer o simplemente a respirar. Ellos lo hicieron a través de lo creativo, ya desde el nombre todo es una manifestación de eso. El bagaje que traen se mixturó con la perspectiva nueva que podemos aportar con Nacho y me parece que se transformó en algo muy positivo en donde todos aportamos algo de frescura. Todos encontramos un espacio de innovación, de trabajar de forma espejada porque venimos de realidades muy distintas. Tenemos edades distintas y hemos transitados experiencias muy distintas y constantemente hay algo nutritivo en cada ensayo en cada acción que decidimos tomar, eso es un elemento clave. Y ni hablar de que estamos en pandemia, que todos encontramos un espacio de canalización en este proyecto para no deprimirnos como te puede pasar siendo que siendo músico, que te quedas aislado sin tocar en vivo medio manija de todo. Y esto fue una ventana.

-Tanto Carajo como Arde La Sangre nacieron en momentos de crisis social, pero también de crisis privadas, de otros grupos que estallaron. Pero la respuesta nunca es meterse para adentro y ser pesimista, siempre es cambiar la piel y salir a patear paredes.
Corvata: Me animo a hablar por todos en esto: siempre fuimos conscientes de que encontramos un lugar en la música desde el primer día que agarramos un instrumento. Creo que eso ya marcó una diferencia. Si a nosotros nos sacan la música, los instrumentos, sería muy difícil hallarnos. Y lo que yo decía sobre las crisis no era solo respecto al fin de Carajo, que podría haber pasado o no... De hecho, la canción "Luna herida", que fue una de las más grandes que hicimos con Carajo, fue cuando falleció la mamá de Tery. Eso fue algo que nos partió al medio a todos, tuvimos que parar todo. Y ahí salió una de las mejores canciones de Carajo: lo que escribí fue el resumen de lo que nos había afectado a todos. Es decir que el arte siempre tiene un papel protagónico en esas situaciones. Y siempre ha sido así, no es que yo descubrí la pólvora ni nada. A lo largo de la historia han surgido estilos musicales de las crisis: el reggae nació de la pobreza jamaiquina, el hip hop salió de la gente pobre de Brooklyn, el blues de los campos de algodón... Siempre la tristeza, el dolor, las crisis fueron alimento para que la música agarre la fuerza que tenía que agarrar.

"Lástima", una de las canciones del EP, dice "Tantas discusiones para congeniar / ciegos ante las verdades / sin lugar a dudas, sin seguridad / nuestra incertidumbre reina / Fuimos la promesa, fuimos lo que nadie fue / y no supimos ser!". ¿Es el duelo de Carajo?
Corvata: Y, tiene, tiene... Fue la primera letra que escribí, así que sin duda tiene un poco de querer buscar una explicación a eso que nos había pasado. Pero también se pone por encima, es alguien que mira el escenario desde arriba y trata de ver todo. Igual, podés llevarlo a cualquier ejemplo. Cuando veo la Argentina me da tanta lástima... En la época de "Sacate la mierda" me enojaba, quería ir y romper todo, entrar al Congreso e inmolarme. Pero después empezás a entender cuáles son las cartas que te toca jugar y cada uno elige de qué lado quiere estar. "Lástima" tiene también que ver con eso, con que da mucha pena ver cómo algo que podría ser mucho mejor termina en algo tan triste o tan doloroso. Creo que es parte del aprendizaje... Con A.N.I.M.A.L. hice la primaria y con Carajo la secundaria, así que ahora empecé la universidad (risas). A.N.I.M.A.L. fueron ocho años, Carajo 18, así que ya está, papá, la tercera es la vencida.
Tery: Con esta terminamos todos en el PAMI (risas).

Corvata, vos te fuiste de A.N.I.M.A.L. y desarmaste Carajo en momentos que vistos desde afuera eran de éxito.
Corvata: El éxito es un engaño, termina sacando de foco lo importante. Por eso nos escuchás hablar con tanta pasión sobre este momento del comienzo, cuando todo está arrancando. Es alucinante ver que la música es la que habla por vos. Una vez que están las canciones, ya está, cada uno las agarra y va a interpretarlas para lo que sea.

Eso pasó muy fuerte en el inicio de Carajo. Y ahora tienen "Un día de furia". ¿Es una suerte de "Sacate la mierda" de esta década?
Tery: Bastante...
Corvata: Sí, sí. Es que este país nos da letra siempre.
Tano: ¡Gracias, Argentina!

Pero si en 2001 te daban ganas de inmolarte, en ese época el descontento y el descreimiento en la clase política era general. Hoy, ¿está tan claro ese enemigo público?
Corvata: Es el poder. Ya pudimos ver lo que antes no veíamos. Antes le echábamos la culpa a Menem, a De La Rúa y así, hasta llegar ahora a Alberto. Pero después te das cuenta de que el poder es un gran sistema que está impuesto desde Babilonia en adelante y siempre va a ser igual, siempre van a estar los rangos: la plebe y el poder, los que manejan. Digamos que está bien y que las jerarquías en la humanidad existen: el tema es que la corrupción ya es la que manda. No podés entrar a un cargo público, a un lugar de poder, si antes no hacés todo lo que se debe para ganarte ese lugar. Y vos sabés que esos intereses no son comunes a todos. Entonces, nosotros, que estamos de este lado y siempre vamos a poner el hombro, sabemos que eso no lo viven los que generan las leyes del juego. Yo sería un inocente, un tonto, si me enojo con el presidente de turno, o si discuto si sos peronista o radical. Ese es el River-Boca que nos ponen para que nos entretengamos mientras las cosas se van cocinando a niveles que no tenemos ni idea. Es lo que nos dejan ver. Nosotros somos libres en el metro cuadrado de libertad que nos dan... hasta que de repente de un día para el otro cierran el mundo y cada uno en su casa. Esa no se la vio venir nadie... Pero ahí te das cuenta de que nosotros no mandamos ni tenemos la bola de cristal nunca, por más que votemos a quien votemos. Creo que lo que sí podemos hacer es ser buenos vecinos, buenas personas, no estar pensando todo el tiempo en acaparar: es la única manera en la que podemos ayudarnos y salir adelante sin depender cien por ciento del poder. Mientras tires una semilla en la tierra y crezca alimento, tenemos lo que necesitamos. Mientras no nos cobren el aire... Pero si seguimos en que uno defiende a Kicillof y el otro a Macri, no aprendimos nada. Si te ponés a pensarlo, ya estaba todo escrito. Los grandes pensadores ya escribieron todo siglos antes que nosotros, porque la vivieron antes y peor. Si querés entender un poco más, tenés que ir a leer a Sócrates, Platón y Aristóteles, ese power trío que se complementó (risas). Fijate qué capos que eran que cuando estaba Sócrates, Platón era el alumno; y cuando lo hicieron morir a Sócrates porque sus ideas eran demasiado peligrosas para el poder, Platón mejoró la enseñanza de su maestro. Y lo mismo hizo Aristóteles. Pero durante décadas y décadas se encargaron de sacar todo esto de los manuales, de la educación, para que cada vez se nos haga más difícil entender dónde está la posta. Igual, bueno, no vamos a matar a ningún senador (risas)...

Es sólo un día de furia. Y está la película con ese nombre. ¿Viene de ese lado la inspiración?
Corvata: Sí, tiene más que ver con ese juego del metal y de arrrrrgghhhh... La música también te dispara ese tipo de letras. Esa también fue de las primeras que trajo Tery en el ida y vuelta ya íbamos separando... "Fuego del cielo" también: creo que con ese riff picó el Tano. Estábamos grabando algunas cosas de Corvex y le dije "Mirá este Tery, está re loco, anda tirando unos riffs, escuchate esto". Lo pusimos en el whatsapp y el Tano dijo: "Esto está terrible, papá, que vuelvan los 90". Creo que ese fue el leit motiv que tuvimos como banda.
Luciano: Yo nunca había estado expuesto a un lanzamiento como este, con un montón de gente expectante, y me encanta la idea de sentir que se prende un poco la llama de representar algo que en este último tiempo no hay tanto, que es formación de rock con dos guitarras, música cruda, mensajes directos y con actitud bastante rebelde. Esperemos que eso siga contagiando y atraiga a más gente. La escena del rock está golpeada, vacía, necesita unos mimos, y este proyecto tiene la intención de calentar un poco eso que se enfrió.

¿Por qué decidieron grabar en vivo sobre un escenario cuando ni siquiera pudieron tocar?
Nacho: La idea surgió de (el productor) Ale Vázquez, que vino a vernos a los ensayos... Yo iba a ver a Carajo y era lo que más me cautivaba de ellos tres: la dejaban chiquitita, era tremendo. Y quisimos representar un poco eso, porque en el género también lo más importante es ver a la banda tocando. A mí me gusta mucho más ver a una banda en vivo que escucharla en un disco. Y quisimos representar eso: lo que somos, lo que expresamos cuando tocamos en vivo, algo más visceral. Llevar para afuera lo que pasaba en la sala de ensayo, digamos. Y además es salir de una manera que no es la tradicional, que es sacar un single. Si no somos una banda tradicional, salgamos con todo.

¿Y por qué no el disco entero?
Corvata: Ahora viene, ya estamos grabando. Era la manija: si sacábamos un tema para que nos conozcan, pasado mañana ya iban a estar pidiendo más. Entonces, para que aguanten mientras estamos haciendo el disco, hicimos este EP. Ya estamos por la mitad del camino, son las otras diez canciones de estas 14 que había mencionado Luciano que compusimos el año pasado. Ahí está todo este primer momento plasmado, que quedó buenísimo. Hay más ideas, pero sentimos que esas 14 representaban este comienzo. Lo del EP fue medio idea de Ale Vázquez, nos animó a hacerlo aunque le decíamos que nunca habíamos tocado en vivo. Él nos decía que entraba a la sala y le daban ganas de hacer pogo... A nosotros nos hizo bien como ejercicio porque es como si ya nos hubiésemos subido a un escenario. Ya rompimos el hielo. Y cuando lo escuchamos, está buenísimo. Hubo que llevar todo al Malvinas Argentinas, era el último día, el 29 de diciembre: al otro día lo devolvían porque se acababa la concesión. Estaba todo vacío, armamos, pusimos una luz arriba y listo, vamos: es esto, que nos vean tocando, no hay mucha vuelta.

Y cuando finalmente puedan salir a tocar, ¿van a hacer temas de Carajo?
Corvata: Tendremos que ver cómo nos sentimos. Todo lo que hagamos tiene que ser honesto, no tenemos que caretear nada con nadie, ni tener miedo a decir que no o que sí. El cariño mismo de la gente hace que podamos hacer un momento súper divertido, pero si vamos a hacer una canción de Carajo hay que ver por qué la hacemos. Si me pedís una de A.N.I.M.A.L., capaz que me agarrás bueno y dale, hagámosla (risas). O covers de otras bandas... Esa es la libertad que hoy sentimos, mientras sea algo honesto y divertido. Si eso genera ruido o le cae mal a alguien, no querríamos hacerle mal a nadie. Pero en este momento todo indica que podemos tocar canciones de cualquier época y que sea un momento divertido, pensando también en generaciones que se perdieron algunas cosas. Me escriben chicos que me dicen que sus padres iban a verme cuando tenía rastas. (Muestra la pelada) "Olvidate, ya fue". No lo vas a vivir nunca, ya pasó, pero sí puedo ser agradecido con la historia, con el pasado, con esas cosas buenas que nosotros mismos creamos hace muchos años, y tratar de que sumen en el presente.