02/11/2016

Alex Ebert: "Si Trump gana, vamos a vivir en un mundo totalmente psicodélico"

La mente detrás de Edward Sharpe and the Magnetic Zeros, entre luces y sombras.

Courtesy of Coachella

La vida de Alex Ebert parece sostenida no tanto por el equilibrio de fuerzas sino por el constante tironeo entre ellas. En su infancia, después de un viaje familiar al desierto californiano en el que asegura entabló contacto con espíritus indígenas, el artista nacido en Los Angeles se interiorizó en la música a través de los discos de Willie Nelson y Johnny Cash que le hizo conocer su padre. Sin embargo, sus inquietudes artísticas fueron hacia otras latitudes, y una vez terminado el secundario decidió estudiar cine como una suerte de herencia indirecta del legado de su madre actriz.

Ya en los primeros años de su vida adulta, Ebert entró en un proceso que él mismo describió como autodestructivo, escribiendo novelas distópicas y reformulado como un dandy politóxico. Envuelto en los vapores de una nube de sustancias no lícitas, en 1997 creó Ima Robot, una banda de dance rock con la que tuvo un éxito acorde a su estado de inmolación constante, y a la que todavía resucita cada vez que lo considera necesario.

Ya bastante más lejos de la pista de baile, Ebert creó en 2007 Edward Sharpe and the Magnetic Zeros, un combo de folk vintage y levemente psicodélico (un poco de Fleet Foxes por acá, otro poco de The Polyphonic Spree por allá), que recrea a nivel sonoro la vida en comunas de San Francisco de fines de los 70. Después de tres álbumes y una primera visita a Buenos Aires junto a Jane’s Addiction en 2012, la banda se tomó un tiempo para publicar su cuarto álbum.

Persona, el disco que los tendrá como parte del Music Wins el domingo 13, es desde su título una necesidad de eliminar las fronteras entre el personaje creado por Ebert y su verdadera identidad. “Vino de mi deseo de poder explicar que Edward Sharpe no soy yo. En el estudio puedo serlo, pero en vivo tenés que ser lo más crudo y desnudo posible. Mi personaje se da mucho más debajo del escenario que sobre él”, explica en el alto de la grabación de la banda de sonido para una serie televisiva.

En este momento de mi vida, no estoy interesando en la destrucción sin que haya luz al final del túnel. No estoy interesado en la autodestrucción ni en una confrontación que no lleve a ningún tipo de solución.

En la tapa del disco, el nombre Edward Sharpe aparece tachado. ¿Es tu manera de decir que el proyecto tiene que ver más con la banda en sí que con vos mismo?
Sí, es más acerca de mis compañeros, y también es un disco sobre la muerte. Los padres de algunos de los miembros de la banda fallecieron mientras hacíamos el disco y mi mamá tuvo que someterse a una operación cardíaca muy compleja. Pero también hubo vida: nació mi segunda hija, y se daba esa cosa rara de chicos jugueteando a nuestro alrededor mientras nuestros padres se morían.

¿Y de qué manera este ciclo vital influyó en el álbum?
La vida y la muerte son dos de las cosas que más me incentivan, sobre todo la muerte. Todo me empuja a apurarme y hacer las cosas rápido por miedo a morirme. Cada vez que me estoy por subir a un avión, le envío los demos de las cosas que tengo sin terminar a mi manager, por las dudas de que yo muera (se ríe). Estoy a favor de los álbumes póstumos, siempre y cuando se publique algo que esté completo, porque no querés que te pase lo que le pasó a Kubrick con Ojos bien cerrados.

Edward Sharpe es un personaje que creaste en tu juventud. ¿De dónde salió eso?
Cuando tenía 23 escribí una novela llamada El ascenso y la caída de Edward Sharpe. En el proceso de la creación de ese libro tuve la idea de una teoría matemática llamada “ceros magnéticos”, y decidí mezclar las dos cosas con la banda.Es un personaje que es enviado a la Tierra para salvarla, pero se empieza a enamorar de mujeres y a distraerse de su objetivo, así que empiezan a mandar versiones más feas de él para que nadie se enamore y se pueda concentrar en su trabajo. Para mí era una manera de redescubrirme adoptando otro nombre. Pensé que había perdido el rastro de quién era en ese momento gracias a un montón de cuestiones personales y  la llegada al mundo de los grandes sellos. En esa época estaba con mi otra banda, Ima Robot, y me olvidé de cómo escribir canciones para mí mismo.

¿Cómo hacés que esos dos mundos convivan?
Están relacionados: uno es destructivo y el otro es constructivo. Ima Robot es todo sobre dolor y destrucción y estar enojado, y Edward Sharpe es sobre creación y tratar de convertir la oscuridad en algo positivo. Es un viaje bastante lineal.

¿Esos mundos están en constante conflicto entre sí?
Sí, hay algo de eso. En este momento de mi vida, no estoy interesando en la destrucción sin que haya luz al final del túnel. No estoy interesado en la autodestrucción ni en una confrontación que no lleve a ningún tipo de solución. Ima Robot es pura confrontación y destrucción basadas en cosas que vi en el mundo, y que pensé que no estaban bien. Edward Sharpe es sobre no concentrarse en las cosas malas sino de crear un nuevo paradigma, un nuevo modelo cuya existencia no dependiera del anterior. Fue crear una nueva familia, un nuevo sonido y una nueva cultura.

Muchas veces suele usarse el rótulo de “psicodelia” para referirse a Edward Sharpe and the Magnetic Zeros. ¿Qué significa esa palabra para vos?
Creo que cada vez que una banda hace algo que se mueve mínimamente de la vida cotidiana la llaman así. Cuando hacés algo que se sale de las formas convencionales te dicen que sos experimental, avant garde, psicodélico o lo que sea. Y creo que si a eso le sumamos el hecho de que tengo barba, hace que la gente piense que somos una banda psicodélica, pero no me vinculo mucho con eso. A la versión de esa palabra a la que me aferro tiene que ver más con la espiritualidad, la de tratar de entender, representar y reflejar una parte del mundo que no está tan a la vista.

Apoyaste la candidatura de Bernie Sanders. ¿Cómo ves el panorama electoral?
Si Trump gana, todos vamos a vivir en un mundo totalmente psicodélico, pero como si fuera un mal viaje. ¿Viste ese momento en el que tomás hongos o ácido, y de repente todo se pone mal? Así es cómo todos se va a sentir. No significa que todo esté jodido, sino que va a haber que cavar más profundo para encontrar la luz y poder ser más resistentes a la oscuridad. De hecho, no creo que vaya a ser algo terrible si Trump gana, porque vamos a estar extremadamente alertas para que no ocurran cosas malas. Por lo general, cuando hay un demócrata en el gobierno, los liberales se relajan y dejan de protestar, sobre todo en lo que tiene que ver con política exterior. Los liberales son los responsables del progreso, mientras que los conservadores son los que se resisten a eso, ven al progreso como algo diabólico que está mal. Cuando tenemos un demócrata en el gobierno, la política local es bastante buena y no se le da bola a la exterior. Poder hablar de esto con alguien que está en la Argentina me permite hacerlo de manera más abierta, porque en Estados Unidos es preferible tenerla a Clinton en el sillón, pero para serte sincero los dos tienen pros y contras. Seguro votaré por ella, pero tengo muchas preocupaciones sobre lo que pueda hacer en su mandato.

Esta va a ser la segunda vez que toques en Buenos Aires. ¿Qué va a tener de distinto en comparación a tu primera visita?
La primera vez abrimos un show de Jane’s Addiction y creo que nos convertimos en una mejor banda desde entonces. Abrir un show para una banda es una cosa, pero cuando tocás en un festival, al momento en el que subís al escenario, es tu show. Espero que sea una experiencia diferente. Ni sé con quiénes nos toca compartir line up. Está bien, hay algo increíble sobre tocar. Amo cuando el público está completamente encendido y en tema, es hermoso, pero cuando no te conocen y es raro e incómodo también lo disfruto. Hay algo que hace que lo disfrute más, porque hay un espacio de misterio para explorar, donde ellos están inseguros sobre vos y no saben nada tuyo, podés jugar con esa sensación.