08/11/2016

Air: "Somos una banda anticuada"

Retrofuturismo, vino añejo y "french touch" para las masas.

Gentileza Warner

"Somos una banda de la vieja escuela. Incluso, diría hasta que somos anticuados". La frase, en un inglés cargadísimo de acento francés, la pronuncia a través del teléfono Nicolas Godin, la mitad de Air, justo antes de llegar a Buenos Aires por segunda vez. El domingo, el dúo parisino, que está de gira para celebrar sus 20 años, cerrará el festival Music Wins en Tecnópolis. El aniversario, además, generó la publicación de un compilado doble, con un disco de éxitos y otro de rarezas. Mucha actividad para una banda que se ha caracterizado por moverse a su propio ritmo, no siempre acorde a los dictados del mercado.

Incluso, en las primeras entrevistas que Godin y su compañero Jean Benoit Dunckel hicieron a propósito de Twentyears, sobrevolaba la idea de que Air ya no tenía futuro. No sólo decían que ya habían entregado el mensaje que querían dar, también dejaban claro que no volverían a grabar material nuevo porque no iba a estar tan bueno como lo anterior. Sin embargo, el guitarrista y productor se desmarca del tema : "No puedo imaginarme a mí mismo separando Air... Lo que dije es cierto, en un sentido: está bueno que las bandas nuevas hagan nueva música, porque si son siempre las mismas bandas las que graban todo, se pone aburrido. Creo que es el tiempo de las nuevas generaciones. Nosotros queríamos volver a salir de gira y nos pusimos a pensar que si hacíamos un nuevo disco, íbamos a tener que posponer la gira y esperar un año para volver a salir. Por eso preferimos hacer el tour sin tener un álbum nuevo. Vamos a grabar el año próximo".

Cuando empezamos, la gente pensaba que éramos DJs, así que el hecho de que nos consideren una banda electrónica es un avance.

Moon Safari (1998), su primer disco, fue un éxito internacional. ¿Estaban listos para algo así?
En realidad no, porque en ese momento éramos más productores que otra cosa y sólo nos gustaba estar en el estudio. En esa época, el productor era diferente del artista. Yo no estaba listo para que nos sacaran fotos, hacer videos, era más bien un tipo que se lo pasaba en el estudio. Y toda mi generación era así: Daft Punk, Chemical Brothers, Portishead, Massive Attack. Todos éramos productores y de repente teníamos que comportarnos como artistas. ¡Era horrible! Y no estaba listo para eso. Pero ahora me resulta más excitante estar en el escenario. Cuando salimos a tocar, hay una electricidad que es real, que se produce cuando las luces bajan, salís a escena y sentís la energía del público. La energía en los discos se va una vez que los grabás, en vivo la energía está siempre presente.

¿En qué momento empezaste a tomarle el gusto al escenario?
Quizá después de Talkie Walkie (2004), porque cuando hicimos esa gira entendí que estaba bueno tocar frente a un público. Antes de eso, me sentía un impostor.

¿Tenés recuerdo de historias locas de esos primeros años de éxito?
No, simplemente era como si todos tus sueños de infancia se hicieran realidad. Eso era lo bueno de aquel momento. Pero mi vida diaria no cambió. Digo, a mí me encantaba la vida que llevaba antes de Air, la diferencia es que se hizo realidad mi sueño de grabar discos. Todo lo demás sigue igual: aún vivo en París, en un departamento que no es muy grande, veo a mis amigos, salgo a pasear a mi perro y me tomo mi vino.

Ustedes se hicieron famosos al mismo tiempo que Daft Punk y otros artistas franceses. ¿Qué pasaba en París antes de eso como para que se produjera ese impacto del "French touch"?
No estoy muy seguro, creo que tuvo que ver con el Eurostar. Cuando se puso ese tren, los viajes entre Inglaterra y Francia se simplificaron mucho, y de repente todos los chicos ingleses venían a París. Acá se encontraron con todos estos artistas y DJs que hacían música house, y les resultó novedoso y fresco. Ellos fueron los que lo hicieron crecer; Inglaterra nos hizo grandes. Y creo que fue por el Eurostar (risas). Es interesante cuando elementos triviales se cruzan en el camino de la música.

Se supone que Air es una banda electrónica. ¿Ustedes se sienten eso?
Bueno, cuando empezamos, la gente pensaba que éramos DJs, así que el hecho de que hoy nos consideren una banda electrónica es un avance (risas). Creo que después de veinte años hemos hecho algún progreso. Nosotros tocamos, componemos con el piano y una guitarra, es otra clase de energía que la de la música electrónica.

Su segundo álbum, 10.000 Htz Legend (2001), hizo que mucha gente que había amado Moon Safari se sintiera confundida. 
Ciertamente fue complicado, la única canción que sonó fue "How Does It Make You Feel". Lo que quisimos hacer fue algo completamente diferente a Moon Safari. Para mí estaba bien si desaparecíamos, pero sentíamos que teníamos que hacer cosas distintas cada vez. Mi idea de ser artista es no hacer lo mismo todo el tiempo.

Sin embargo, han mantenido algunos elementos inalterables en su producción, incluso manteniendo la idea de evolución.
No tengo idea, la verdad es que a mí me sorprende todo lo que hemos hecho. La mayoría ya me lo olvidé...

El año pasado grabaste un álbum solista, Contrepoint, en el que abordaste la música clásica desde tu visión. ¿Ese sonido no podría haber encajado en Air?
No lo sé, probablemente habría salido mejor si hubiese sido un álbum de Air, pero tenía que ver con mi relación personal con la música clásica, mi historia personal con el mundo de lo clásico. Era algo que sentía que tenía que hacer en algún momento.

¿Es un camino que pensás desarrollar?
No, era algo que quería hacer y lo hice. Ya pasó, necesitaba hacerlo, pero no volveré a hacer un disco inspirado en música clásica. Ahora estoy preparando otro inspirado en la arquitectura moderna: Le Corbusier y Mies van der Rohe, toda esta gente fantástica.

¿Cómo trasladás esas ideas arquitectónicas al sonido?
Es muy simple: creo que las reglas que aplicás para hacer una casa las podés aplicar para una canción y funciona de la misma manera.

No suena tan simple.
(Se ríe) Lo sé, pero estudié arquitectura durante siete años, así que ya conozco el tema.

En una entrevista dijiste que sos parte de una generación a la que se le vendió un futuro que nunca llegó. ¿No está en esa decepción el origen del retrofuturismo, tan vinculado con el trabajo inicial de Air?
Sí, exacto, porque me vendieron una idea del futuro cuando era un niño: el mundo del marketing me dijo que en el año 2000 íbamos a manejar naves espaciales para ir a pasar las vacaciones en la Luna, a vestir pijamas modernos y a teletransportarnos en unos segundos, pero eso nunca llegó. La televisión, los libros, los jueguetes: todos nos decían eso. Y al final lo único que tenemos es hacer compras por internet. Íbamos a viajar a la Luna y ahora estamos metidos adentro de casa enfrente de una pantalla, que es lo opuesto. Es decepcionante, ¿no te parece? Lo único que encaja con lo que era mi idea del futuro es skype, porque cuando era chico había un montón de películas en las que la gente hablaba con otro frente a una pantalla y a mí me parecía fantástico. Eso sí podemos hacerlo hoy, así que es todo lo que tuvimos de ese futuro. ¡Gracias, skype!

Pero las redes sociales e incluso skype suenan más a Farenheit 451, de Ray Bradbury: gente que no sale de su casa pero está "conectada" a través de pantallas.
Sí, eso es horrible. ¡Hay que salir! Lo que más me gusta en la vida es tomar vino y nunca voy a poder hacer eso en internet. Entonces, hay una parte de mí que no necesita del futuro. Estoy en París, es el mejor lugar del mundo para experimentar eso. Y Buenos Aires no está tan mal, tampoco (risas).

En el vino, el pasado tiene más importancia que el futuro.
Sí, sí. Y me enoja mucho que la gente se olvide de eso, que compre vino y no lo deje añejar en una cava. Cuando comprás una botella, tenés que esperar diez años para tomarla. Pero hoy todo es velocidad, tenés que hacer todo rápido. Y el vino es lo opuesto de eso.

Igual que ustedes como banda: se manejan a su propio ritmo, sólo sacan un disco si tienen ganas.
Exacto. Creo que tiene que ver con la crisis de la mediana edad: en cierto punto, hacés sólo las cosas que tenés ganas. Cuando sos más joven te preocupan más cosas, a esta altura ya no.