27/11/2018

Adrián Dárgelos: “El rock está atado a la paradoja de cuidar su clientela”

Primera parte de una charla "discutible" con el cantante de Babasónicos.

Adrián Dárgelos

“¿Cuántos son en Silencio? Quiero que vengan a entrevistarme todos”, lanzó Adrián Dárgelos como desafío, mientras se hablaba de sus ganas de discutir en las últimas entrevistas que le habían hecho. Por supuesto, muy a tono con el título del reciente álbum de Babasónicos, Discutible.

Con la propuesta aceptada -y alguna ausencia por motivos de agenda-, lo que siguió fue una charla de más de dos horas, en la que el disco sirvió como punto de partida para hablar sobre unas cuantas de las ideas que condensa. Una charla tan difícil de editar, a los efectos prácticos de una entrevista, como de publicar en un solo texto. La decisión, entonces, fue partirla en dos: la segunda parte podés leerla acá.

¿Qué carajo tiene que esperar la gente más que cinco minutos para una canción? ¿Hay algo que hacer? Le discutimos al virus más grande de la época, que es la ansiedad inocua y vacía de la búsqueda de la estupidez.

“Discutible” es una palabra que abarca mucho…
Discutible quiere discutir todo.

¿Hay cosas que son indiscutibles?
Supongo que sí.

Pero igual las discutís.
Quizá. Desde mi lugar de Babasónico, sí. Pero hay cosas que son indiscutibles. Y supongo que la labor de, no te digo Gandhi porque es también discutible, pero la de la Madre Teresa…

¡También es discutible!
Y bueno… Para mí hay una cosa indiscutible, que es el conocimiento: no entendido como la academia, sino el conocimiento chamánico. Es indiscutible. El chi kung es indiscutible, el tai chi es indiscutible, porque no necesitás de la razón para entenderlos. Y el desempeño está más allá del bien y del mal. Esta es una sociedad muy anclada en el miedo a la muerte. Es una sociedad global anclada en eso, un pensamiento occidental permanente. Las religiones se basan en que como hay tanto miedo a la muerte, te prometen un ticket o un pasaje más rápido en la cola… ¡Te prometen un vip en la cola de los muertos!

Tenés que tener la pulserita…
Y el rock, como un olimpo de dioses muertos, no le está proponiendo a nadie un pasaje a la muerte. Pero fijate que las religiones del tipo órfico no tienen tanto problema con la muerte. La religión griega y todas las que van hacia el oriente desde los griegos exigen el respeto a unas entidades que pueden terminarte. Todo lo que viene desde la línea Jerusalén para acá… Ahí empieza todo una cosa que no se detiene y que no se la quiere ver; hay mucho empeño en no ver la realidad. Pero no es algo de ahora, es de siempre. Y sucede en lo cotidiano. Sucede en lo político cotidiano, es un empeño por no ver las cosas, es un empeño por autoinflingirse el mal. ¿Viste que en Shambala hay una canción que habla de la duda? Hay una cosa que me parece que es bastante germen de Discutible, aunque me di cuenta después, que dice “dudo de la voz que da la orden, dudo de su provecho y dudo de su intención”. Porque dudo de que eso sea en mi beneficio y de que pensemos igual. Entiendo que la cantidad de medidas que se toman a diario no son de mi beneficio. Mi beneficio como el beneficio del pueblo, digo.

Aldo Rico dijo que “La duda es la jactancia de los intelectuales”. Pero la duda es mucho más que eso.
Bueno, pero en el marco militar, a vos te dan una orden y no se duda: se ejecuta la orden. Hay otro que pensó por vos.

Eso no deja de ser grave.
Es discutible.

Pero no es en mi beneficio.
¿Y qué sabés? Ahí tenés que pensar en otro juego de reglas. Que es un juego bastante perimido. Un juego bastante acorralado que sólo lo reivindican cuando se acabaron los consensos de sensatez, entonces van a buscar a los fundadores de la Patria, que eran los que estaban en la Primera Junta: unos milicos, unos abogados y la Iglesia. Entonces, ¿qué quieren? Hace doscientos años éramos más o menos ese atado de gatos, no éramos el Iluminismo alemán.

¿Y no estamos volviendo a eso?
No, es algo más patético. La cultura no da abasto, ya no logra decantar. Le digo cultura a una especie de ente sociabilizador, como la piensan los liberales: para frenar el salvajismo ante un estado y contener las cosas para que más o menos haya un orden. Pero les creció la población, no pudieron repartir beneficios, fueron muy ignorantes los que la manejan, entonces la cultura no contiene ni siquiera a los márgenes. Y los márgenes son eso. Hubo dos noticias hace poco que fueron muy raras: club de pelea en un jardín de infantes y los tíos de Sheila haciéndola pelear por plata. ¿Dos mil años de cultura para llegar a eso?

Primero dijiste que indiscutible era el conocimiento, pero después mencionaste unos conocimientos distintos. En realidad, el conocimiento viene de la discusión.
Claro. Quizá no hablaba de ese conocimiento, sino de recuperar la parte atávica, no racional, intuitiva: supongo que eso es indiscutible. Y hay demás cosas que sabe el cuerpo que son indiscutibles. Después, bueno, en pequeña escala supongo que algunas cosas como el amor fraternal, el amor hacia los hijos, hay algunas cositas que deben ser indiscutibles. Dentro de la sociedad en la que vivimos, no comerse los unos a los otros…

Eso forma parte de un pacto social, no es que no sea discutible per sé.
Y bueno: ¿para qué comerse? El canibalismo en las especies es raro, a nivel animal. No es muy común. Es menos del uno por ciento a nivel especies. Entonces, si a eso le agregás la razón… no pensé en las cosas indiscutibles. A veces pienso que indiscutible es el David. O La piedad. Son indiscutibles, porque si esta civilización se termina y viene uno desde el espacio, y ve todo roto pero también ve el David, toma la dimensión de que hubo alguien que desde la piedra logró formar una serie de volumetrías con algo, que no saben si es una amoladora o qué. Entonces, es indiscutible que las proporciones de la representación de un estatuto o un grado de belleza están plasmadas. Es indiscutible. Más allá de que fue arte en el siglo XIV, va a seguir siéndolo porque hay una cantidad de contenido sobre una pieza sin valor, que es la piedra, el mármol. Porque yo te doy un pico, un cincel y una montaña… ¡Traeme un David! En ese sentido, te doy una guitarra, un bajo y una batería y traeme no sé, cualquier canción de los Beatles. Acá lo que estamos discutiendo es que no hay más elementos. Sí: hay un análisis que se puede hacer sobre la música, que es que cada apropiación a un instrumento nuevo que sale de la tecnología o de la artesanía ha hecho modificar la música mucho más allá que la época. Cuando los negros pueden tener instrumentos de viento, hacen jazz. Entonces, la apropiación económica de un instrumento modifica el negro spiritual, el gospel y el blues. Antes de eso, solo cantaban, no tenían plata para la guitarra. Y cuando tuvieron, pudieron hacer el blues. El blues fue acústico hasta que tuvieron plata para electricidad y, bueno, es el rock. Coincido que la tecnología está dando las posibilidades a la creación de estilos, direcciones o tendencias. Pero en el rock se usó para corregir a los que tocaban mal y hacer más discos de mierda, no se usó para llevarlo más lejos. Sí, bueno, algunos… En el disco de Jack White, por ejemplo. Y está bien. Más allá de que te guste o no te guste, el tipo entendió lo que había que hacer.

¿Y no te parece que el rock se discute poco a sí mismo?
Nada. Pero como no se discute nada, está atado a la paradoja de cuidar a su público o conservar una clientela.

Vos te parás en otro lado.
Y, creo que las canciones hablan por sí mismas. ¿Por qué Discutible? Entiendo que hay una cosa que Babasónicos hace bien: canciones. Y últimamente no tenemos casi competencia. Ya está: Fito o Calamaro, que son hacedores de canciones, grabaron canciones mías o las tocaron. Entonces, si hacemos bien canciones, podría quedarme en la comodidad de hacer canciones y envejecer con mi público. Esa era una de las opciones. Porque además no sé hacer mucho más que canciones, tampoco es que soy un fenómeno. Sí, bueno: lo que se hace en el escenario, sé hacerlo. Pero tampoco es que sé hacer música concreta…

Pero discutís un poco con la canción.
En el disco me planteo hasta dónde puedo ir en contra del talento que tengo. Si sabemos hacer canciones, podemos, desde la composición, atentar contra el nódulo de la canción para desparramar un disco que sea distinto y llame la atención -porque para mí la música pop es llamar la atención, no hay otra cosa- con los mismos elementos desde que se inventó la música pop hasta ahora. Y hay otra cosa más que tengo: también soy una banda de rock pop o pop rock, lo que quieras, con elementos basados en batería, bajo y guitarra. Entonces, con eso, ¿cómo revierto mi situación? ¿Cómo hago? Desde la parte compositiva, puedo alterar la estructura y puedo alterar la forma de la canción. Técnicamente, lo que el disco hace es operar sobre menos partes de música. La canción pop rock está muy radicada en la estrofa-puente-estribillo, la repetición de eso, descansa en una variación y vuelve al estribillo. Esa es la forma clásica que debe tener el 95% de las canciones que compone el rock pop argentino. Dopádromo, Trance Zomba y hasta Miami -no así Babasónica, que es sobre la forma tradicional de la canción- son un ejercicio permanente de la estructura. Inclusive, por momentos una estructura asimétrica; era una preocupación permanente mía y de Gabo eso de cómo generar estructuras asimétricas. Después nos aburrió, porque le da mucha complejidad a la música, pero no le aporta fluidez, entonces retomábamos algo de esa forma de pensar la estructura, de pensar la composición en una dilución de la parte. Y hay dos fenómenos que se piensan en el disco para componer. Ahora, yo te puedo decir “mirá, New Order es monoparte”, así que en el 80 había monoparte, y los mejores temas de George Michael son monoparte. Y la genialidad está que no te das cuenta. En la música nueva hay muchísima monoparte. El que es genial en eso es Frank Ocean… que a veces tiene dos partes. Y no las repite. Pero es tan difícil sacarle la secuencia a eso… ¿Por qué? Porque hay un viaje entre la complejidad y la simplificación que es lo genial de la música moderna: se resume, pero en eso se complejiza; tiene menos partes, pero no acepta la estructura del compás. Y los músicos saben eso y entonces no demarcan los tiempos de los cambios de los compases, no van liberando la armonía, y entonces vos no te das cuenta. En Frank Ocean es muy difícil decir cuánto duró la métrica hasta que descansó. El tipo tiene una concepción de la melodía como si fuera Miles Davis. Hay una parte técnica que es maravillosa sin ser erudita armónicamente. Entonces empieza a pasar eso. ¿Y qué le pasa al disco de Jack White? Él lo hace, también. Empiezan a tener algunos. Lo hace hasta The XX.

Lo que hacen es desfuncionalizar el acorde. La armonía ya no tiene la función de hacerte de estructura sino que cada acorde vale por su “color”.
Algunos lo hacen naturalmente. El krautrock lo hacía, pero lo hacía de una manera tosca. Hasta que lo hicieron los negros, que lo hacen bien. Todo Babasónicos empezó a notar esa clase de situaciones. Notamos que un disco de estribillos claros, magnánimos, abarcativos y convidadores, apoyados en un trío de rock, con todos los coros que quieras, es una música que atrasa como veinte años. Lo que siento es que toda la música atrasa. Acá también. Hay unos que están en un camino, otros que ni la piensan -porque se las hace un productor, y ellos van y ponen la cara, que es como funciona ahora la música industrial-, y después otros que atrasan porque no están entendiendo nada. Esas son las variantes que estoy viendo muy claras en la música. Y lo vimos en 2016 a esto. Veo también que lo mismo pensó Alex Turner, con mejor o peor resolución en el disco. Dijo “en este disco no toco la guitarra”. ¿Por qué hizo eso? Porque es inteligente y sabe que todos los demás grupos que le competían atrás -The Vaccines, The Kooks- iban a morir haciendo eso. El primer disco de Last Shadow Puppets fue más grande que el de Arctic Monkeys en su momento. Aunque no tenga guitarras y le pongas una orquesta, esa música está pensada de la misma manera. No es el problema que tenga guitarras: es la concepción. De todas maneras, volviendo a Babasónicos, la mayoría de las canciones que se nos ocurrían tenían un peso fuerte de la tendencia de nuestros treinta años haciendo música.

Vos dijiste que querías convencer a tus compañeros de ir más lejos.
Y bueno, lo que pasa es que es muy difícil imaginarse qué función vas a cumplir en un combo que está acostumbrado a funcionar de una forma. Por eso yo dudaba de que “Orfeo” llegue al disco, por ejemplo. No dudaba en el caso de “Cretino”, porque tiene una situación de simetrías y confusiones, hay tanta perversidad en el armado… Tuvimos un período de escuchar mucho Cramps y Stray Cats, entonces hicimos una especie de canción así. Lo que pasa es que esas dos canciones pertenecen un poco más a la forma de las que no queríamos hacer. Sin embargo, podés no generar con eso el perfil del disco. Las que quedaron afuera no eran así, eran mucho más largas, inclusive.

De todas formas, también el hecho de salir con “La pregunta” fue bastante demostrativo de dónde estaban.
Bueno, sí. Para mí, los simples no iban a llamar la atención, pensaba que íbamos a competir en un mundo donde no tiene sentido tener simples. Porque el simple después se coteja en números digitales contra el streaming. Y es imposible competirle al streaming, porque al streaming se sumó un público totalmente nuevo, que antes no escuchaba música. Ese público nuevo es el 95% de los escuchas, que sólo escuchan un tema y playlists armadas por otros, y ni saben quiénes son los autores, no saben nada, nada, nada. La playlist tiene que decir “Noche latina”, y puede contenerme a mí, a Ricky Martin y a cualquiera que sea latino. Entonces, la pelea de la industria de la música está en los volúmenes nuevos que todavía las corporaciones que hacían música no pueden cazar, no se dan cuenta porque les vuelve a cambiar el formato… Cuando les cambió el formato la última vez, llegaron tardísimo a entenderlo. Cuando llegaron a entender el nuevo formato, les cambió la forma de la industria. Entonces ya no los tienen ni registrados. Al paso que van, se los vuelven a comer los operadores de streaming y pasan a ser corporaciones que sólo venden catálogo. Te vendo lo que tenía hecho. Y con eso pueden vivir, igual. Entonces, la industria está pasando por un momento donde no sabe, lo persigue y cuando llega lo otro, lo sarpa porque ya tiene lo nuevo.

Es más o menos lo que decías del rock: las compañías viven del público que ya hicieron.
Lo que pasa es que vos tenés que plantearte que el rock fue un nicho y llegó casi al liderazgo de unas décadas donde la música la escuchaba más o menos un porcentaje del 20%, 27% del mundo. Y al 7 u 8% que le interesaba el rock, bueno, podíamos llenar estadios, podíamos pensar lo mismo, total éramos pocos. Entonces, si en los 90 alguien decía cualquier pavada, nadie iba a levantarla ni iba a discutirla porque era obvio que venía de ese grupo de marginales. Ahora, como la música está en oídos de todos, parece que fuera un tema que les importa a todos. ¡Pero no! ¡No les importa! Si no se fijan… Lo que pasa es que como dicta el consumo… No es que el rock se achicó: lo otro creció tanto que volvió a ser enorme. Es una cuestión de escalas.

Si el rock se achicó, por ahí es porque…
(Interrumpe) El rock como sistema de producción juvenil, me refiero. Se achica porque se lo come el cambio.

Y porque predica para el converso, no busca nuevos fieles.
Es lo mismo que el disco. Vos perdés con un disco dentro de Spotify porque hay una canción que es cortada en el algoritmo para viajar por todos lados. Vos agarrás “La pregunta” y tiene cuatro, cinco millones de reproducciones, y otra nueva del disco tiene 300 mil. ¿Por qué? Porque la gente que escucha es un montón. En un día, dos millones de personas escucharon Discutible en Spotify. Eso es un montón, quizá más de lo que se escuchó un disco en un día de todas tus épocas. Pero eso es un pedacito minúsculo del sistema de audiencias actual, porque el sistema de audiencias pretende que le pongan la canción en el airplay que ellos usan. No quiere que vayas y bajes al disco. El disco quedó para informados.

Pero ustedes eligieron “La pregunta” como tema para hablarle al resto…
El más inentendible, sí, que se vayan a la reconcha de su madre (risas). Entonces, ¿qué importa la cantidad cuando sólo querés la calidad del oyente? ¿De qué te sirve ser una celebrity, y tomarte taxis y no colectivos? ¿De qué te va a servir ser tan grande como para tener seguridad en un país tan chiquito? Y sin seguridad no podés hacer nada, porque es un sistema mega envidioso, culposo, incriminante. ¿Qué es lo que querés? ¿Adónde vas? Son pequeñas preguntas que nosotros nos hacemos para hacer un disco de ahora, no del pasado.

Hace unos años dijiste que te llamaba la atención que las generaciones nuevas del rock no te discutieran a vos. ¿Esa falta de discusión no genera los personajes de los que hablás en “Teóricos”? ¿O será que al tener acceso a un montón de datos genera que el propio público no vaya más allá?
Eso no lo sé. Los teóricos para nosotros tienen que ver con la aproximación a las cosas como en una película, una biografía, entonces todos tienen una noción pero no saben qué pasa ahí adentro.

Es lo que hablabas antes sobre el conocimiento.
Tampoco hay que saber; podés disfrutarlo sin saber de qué se trata, como dice la canción. Y yo supongo que esto ya no les importa. No sé cuánto les importa a los jóvenes. Pero yo creo que sí, que va a empezar. Hay algo que Babasónicos dice: si hay una corriente tan masiva que va en una dirección, va a empezar a haber unos herejes que se van a dar vuelta. ¡Esos son los primeros que quiero! Ahí está Orfeo buscando a su público: no quiere a todos, quiere a uno. También hay mucha hipocresía, cobardía; todos quieren un público masivo, gigante. ¿Para qué? Bueno, puede ser que tu público crezca así. Tenés que tener una idea bastante hija de puta para hacer eso. Está bien, cuando Queen llega hasta ahí, llega con una idea difícil, con Freddie ahí adelante. Con los dientes de Freddie, de calza blanca, con una parada así y con temas donde hasta le habla a la mamá. Pero lo demás… La temática de las canciones de rock es igual que la de las canciones de música comercial, hay como flotando un sinsentido. Todos aspiran al mismo público, parece.

¿Y vos estás buscando quién es tu gente?
Y, sí. Descaradamente.

¿Podés elegir qué público tener?
Las bandas de rock se habían hecho para eso, porque como no pertenecíamos, no éramos candidatos a la inclusión del engranaje social, le gritábamos a los que se parecían a nosotros que vinieran, que estábamos por ahí. Por lo menos les poníamos el hombro o les planteábamos una alternativa para el consuelo. ¿Por qué hicimos Babasónicos? ¡Porque no había nada que nos representara! Habíamos llegado al 89, 90, con un estado de la música muy poco interesante. Para mí fueron años muy malos de la música argentina. Como ahora, no sé… Bueno, de ahí surge Divididos, es el año de Attaque, de Massacre, pero ya era retro en ese momento. A mí Attaque me gusta, pero en la reconversión de las cosas. Inclusive, me gusta más Babasónicos ahora que antes.

¿No lograste todo el tiempo decir “me gusta más este que el anterior” y que después te guste más el siguiente?
Y, pasa que si no lo hago, me mato. Es decir, tengo que lograr que eso me pase.

Babasonicos

Pero también para que te pase tenés que cambiar, porque si no el que te gusta es el mismo de siempre.
Sí. Es un milagro que en Impuesto de fe pudiéramos tocar “Natural”, pero en muchas de las otras canciones ya no tengo interés. No podría cantar cien veces “Somos la pelota”. Me parece que en la época estaba bien, “Somos la pelota” salía y ridiculizaba un poco: los demás / nosotros. Creo que cada pequeña discusión está a la altura de la época. A la vez, ¡qué bueno tener 19 años y sólo hacer lo que se te ocurre y que esté bien! Pero, ¿dónde están hoy esos? Supongo que en el trap… Porque, también, ¿por qué el rock o la música pop? Porque le da un modo de ascenso social vertiginoso a uno que no quiere esperar más en la línea de ensamblaje. ¿Cuántos años esperás en la línea de ensamblaje para poder lograrte una familia, un seguro social, y después te despiden? ¡Yo no quiero eso! Yo nací en un barrio de familia y no quería eso. Bueno, tenía el talento para el sindicato, pero no podía empezar a trabajar (risas).

Por un lado está esto de salir con un tema como “La pregunta”, que es rarísimo para lo habitual…
(Interrumpe) Para mí es simple “La pregunta”. Hay una cosa que pasa que la entendí recién hace poco, cuando la escuché en la radio y dije “¡claro!” Un tema que hace tanto silencio entre frase y frase, en un mundo tan ansioso… es imposible esperarlo. Pero, ¿qué carajo tiene que esperar la gente más que cinco minutos para una canción? ¿Hay algo que hacer? Le discutimos al virus más grande de la época, que es la ansiedad inocua y vacía de la búsqueda de la estupidez. ¿Por qué? ¿Tenés que atender un whatsapp con sonido que no podés escuchar la canción? Uhhh… ¿El whatsapp con sonido qué te va a decir? “Todo bien, vamos”. “Ok” (carcajadas). Entonces, bueno, ni soy Nietzsche ni le vengo a plantear el Nuevo Hombre al mundo, no me la creo nada esa, pero tampoco me la como así. “Cretino” no es un simple, es uno de los adelantos del disco, como fue “Bestia pequeña”. Para mí era eso. Yo hubiese mostrado un tema cada quince días. Ya ni sacar el disco.

Pero el disco tiene un sentido.
¿Sabés para qué me sirvió el disco? Para instalar.

Pero en otras entrevistas dijiste que no podía instalarse un disco.
No se puede. Y lo logré. Quizá no se pueda otro más. Mirá: la instalación de la película El Ángel, que el productor es amigo mío, tuvo un gasto de vía pública y televisión descomunal, probablemente la cantidad de espectadores sólo cubra eso. Yo no gasté un peso e instalé que el disco salió.

¿Y por qué creés que Babasónicos lo logró?
Por calidad de obra. Porque yo tengo que presionarme a tener calidad de obra. Y si no, no hay otra explicación, porque por repetición de estribillo no voy a lograrlo. Aunque “La pregunta” repite el estribillo un minuto y pico: es el estribillo más largo de la Historia (risas). Cuando entra el primer estribillo, no sale más. Y lo va mutando y mutando…

Ahora parece imposible que una banda nueva pueda entrar al mercado a fuerza de estribillos.
Me di cuenta de eso hace muchos años, cuando fui a un supermercado vi que el rock nacional estaba terminado como género porque el espacio para la batea de CDs medía unos dos metros y no iban a hacer cartelitos nuevos. Entonces, sólo podías hacer discos si habías entrado antes de la época de los cartelitos. Miranda! era el último cartelito, ahí se terminaban los divisores de batea. Y ahí pensé: “Esto va a vivir del recuerdo”.

Pero hay artistas ya consagrados que también…
Ya sé a lo que vas, pero te lo respondo de esta manera: el mercado es tan chico que no te hacés rico. Si sos Meat Loaf, ya está: sos rico, no sacás más discos. Beck sacó su primer disco y puede vivir con esos cinco, siete millones de dólares que ganó con ese disco. Los Beastie Boys pueden no hacer más música. Entonces cambia tu cosmovisión para hacer un segundo disco, porque no necesitás agradar y podés no hacer más música. A partir de ahí, sos músicos o no. La mayoría de la música que nos gustó y escuchamos son muy pequeñas en la historia de la música. The Clash son siete años. The Beatles… Son muy, muy pocos los casos que exceden eso. Muy pocos.

Miles Davis.
Bueno… Está entendiendo algo de la música. Está tratando de decirnos qué está entendiendo y no sabe otra forma de decirlo que con música. Esos son los músicos. Después están todos los que en su adolescencia quisieron ser músicos, hicieron su momento y ya está, después crecieron y tuvieron hijos y pueden vivir más cómodos que con el dedo en el culo. Porque, ¿por qué vas a vivir con el dedo en el culo? La industria, la gente, el roce con la gente, ¡es un dedo en el culo que no lo quiere nadie! Sólo la indignidad de no poder retirarte te lleva a esto. Como nosotros venimos de un mercado que es imposible, estás medio condenado a que probaste el gusto de algo y, bueno, tampoco querés claudicar.

¿Vos sentiste eso en la época de Infame, por ejemplo?
Cuando tenía Infame, sólo quería vivir en el éxtasis de la performance. Ahí podía tocar 180 veces por año por todo el mundo. Es lo que les pasaba a los músicos de jazz, que como no podían tener grandes audiencias, tenían continuidad de shows. Como estaban condenados no a la masividad sino a la continuidad, entendieron que la música era un trance. La música es una idea atávica, experiencial y extática, en la que no pensás en el presente y no tenés mucho yo. Casi nada, porque no sos hijo, no sos padre, te olvidás de toda la responsabilidad, no cargás con nada y sos ese que se funde en la flama de la interpretación: baila sobre la salamandra prendida fuego. A ese personaje le escribo una canción. A ese le escribo “Cretino”, a uno que pueda bailar en la pira de su propia hoguera. Está eso que tiene la música, que lo conociste y es adictivo, no podés dejarlo: es algo que es re lindo, esa instancia de performance. Y algunos son músicos. Están en una orquesta y pueden tocar cinco, seis días por semana y, ¿quién te va a sacar ese tiempo volado de otro mundo? El mundo se cae, el dólar sube, Trump es emperador del mundo y vos te vas… Entonces, ¿cómo conseguís una cápsula de extrapolación yóica, algo que te saque de vos por siempre? No hay mucho. Y bueno: la música es eso. No es la única, hay otras disciplinas, como la meditación… No acuso al mercado desde donde yo pienso la música. Es chico. Podés vivir de eso yendo al mismo pueblo, la misma ciudad, una vez cada dos años. ¿Durante cuántos años? Hay muchos que no van a hacerlo cien veces. Los artistas de rock tampoco pueden durar mucho, son excepcionales los que han durado más.