01/06/2018

Adán Jodorowsky: “No quería tener disfraces en los que esconderme”

El ex Adanowsky recuperó su identidad.

Gentileza
Adan Jodorowsky

Aunque nunca lo expresó públicamente, a Adán Jodorowsky parecía pesarle cargar con el legado de su propia familia. Hijo del artista chileno Alejandro Jodorowsky y la actriz mexicana Valerie Trumblay, comenzó su carrera en el cine a fines del siglo pasado y cuando decidió medirse en el terreno de la música, optó por hacerlo escondido detrás de un seudónimo. Rebautizado como Adanowsky, a lo largo de diez años grabó tres discos (El ídolo, Amador y Ada), en los que adoptó una identidad nueva en cada uno de ellos, casi como un paso más en un lento proceso de desaparecer completamente.

Esa necesidad de reinventarse también lo tuvo mutando su piel artística de un álbum al otro: de la chanson desfachatada al folk, y de ahí al pop electrónico. Después de tantas idas y vueltas, para su cuarto álbum Jodorowsky hizo decidió volver a su propio nombre para Esencia solar, un álbum en el que reconecta con sus raíces latinas a través de boleros, corridos y bossa novas, y que presentará el próximo jueves en Palermo Club. “Me dio una locura de repente. No quería tener personajes o disfraces en los que esconderme, entonces dejé caer todo para ver qué pasaba”, dice Adán. Y agrega: “Lo que pasaba con Adanowsky es que lo hice porque quería existir por mí mismo, volar con mis propias alas. Lo logré y ya no tengo nada que probarme”, agrega.

Haber hecho personajes era crear una nueva personalidad cada vez, pero  la gente empezó a pensar que yo era así. En un momento dado ya no tenía identidad y  empecé a deprimirme muchísimo.

De hecho, el primer trabajo que hiciste con tu nombre fue la banda de sonido de Poesía sin fin, una película que dirigió tu padre en la que lo personificás a él en su juventud…
Fue un contacto muy fuerte con mi propia historia. Tenía que actuar el papel principal, era la primera vez que lo hacía. Y además, tenía que componer la música, trabajar con mi padre y hablar de la historia de mi familia. Fue un trabajo casi psicoterapéutico: era sanar con el pasado, quitarme viejas pieles, viejos traumas y neurosis de la familia. Colaboré en eso y me cambió la vida. De hecho, me fui al desierto después de la filmación, en Atacama. Me rapé el pelo, hice miles de ceremonias y tuve un renacer muy fuerte. Ahí decidí dejar de “actuar” como músico.

Eso también se puede ver en el disco. Es la primera vez que se nota más arraigado con la música latinoamericana.
Puede ser. Antes vivía en Francia, y allá se escucha sólo música británica o norteamericana, a lo sumo algo sueco o árabe, pero no llega la música latina. No estaba enterado de nada y de repente me fui a vivir a México. Pude viajar por muchos países de la región y eso me influyó mucho, y dije “a ver, estos son ritmos que nunca he explorado y quiero ver qué pasa”. Tengo sangre latina por mi padre y también por mi madre… hasta tengo sangre maya, porque ella es mexicana. Así que me di la libertad de hacerlo y conocí unos músicos increíbles. Puse un anuncio en mi página de Facebook y abrí una convocatoria. Sin conocerlos, vinieron a mi estudio y grabé lo mejor de ellos. Fueron veinte personas las que pasaron por ese disco, incluso niños que grabaron coros, y todos lo hicieron por el gusto de hacerlo. No tenía casi nada de dinero para hacerlo, tuve que mezclarlo yo mismo y aprender a hacerlo.

Existe el mito de que James Brown y George Harrison fueron tus primeros maestros en la música. ¿Es así?
Algo así. Cuando yo era niño, tocaba el piano y no tenía ni idea de la guitarra. Fui a la casa de Harrison porque mis padres lo conocían. Había una guitarra y yo la observaba con fascinación. Me preguntó si sabía tocar y ante mi negativa me dijo “pues yo te enseño tres acordes”. Los tres básicos: mi, la y si, típicos de un blues. Me los anotó en un papel y me dijo “con esto ya puedes hacer canciones”. Cuando llegué a casa me dije “Bueno, ya me los conozco” y lo tiré a la basura. Qué tonto, ¿no? Hoy en día lo podría haber vendido por millones (se ríe). Lo de James Brown fue en el backstage de una entrevista para un amigo de mi hermano, que me llevó con él. Me enseñó unos pasos de baile porque le dije que bailaba como él. Me miró y me dijo “No, no, así no es” y me mostró cómo era la manera correcta.

La casa de tus padres era muy concurrida por figuras del espectáculo. ¿De qué manera creés que eso empujó tus inquietudes artísticas?
Pasaba mucha gente por mi casa: Peter Gabriel, Madonna, Marilyn Manson, Iggy Pop, y también actores como Rosanna Arquette, Eddie Murphy, de todo. Era una casa alucinante. También venían santos, yoguis, maestros zen… era una experiencia alucinante en mi infancia. Creo que eso me dio mucha inspiración al estar rodeado de artistas y gente muy especial. Entonces, después de eso no paré de crear todo el tiempo. Desde que soy adolescente estoy inspirado todo el tiempo. No tengo momentos en los que digo “no estoy inspirado”, es algo que no me puede pasar.

Antes decías que recuperar tu nombre te hizo abandonar un personaje. ¿Qué creés que te demandaba adoptar una identidad paralela?
Haber hecho personajes era crear una nueva personalidad cada vez, pero la gente empezó a pensar que yo era así. En el primer disco, se creían que yo era un rockstar muy pedante e insoportable. El segundo era Amador, un hippie, y también se lo creyeron. Y después hice otro, mitad hombre, mitad mujer, súper sexual… y pasó lo mismo. En un momento dado, ya no tenía identidad y empecé a deprimirme muchísimo. Además de eso, con el humilde éxito que empecé a tener, me rodeé de mucha gente que quería hacerme daño y llevarme para abajo. Me deprimí muy fuerte y decidí que necesitaba una transformación en mi vida. Fui a ver curanderos, fui a la selva, y abrí mi mente y mi corazón para tener ese renacer.

¿Y cómo creés que se traduce a tu música este regreso a tu propia persona?
Siempre voy a cambiar, y quizás a causa de eso perderé público y ganaré otro, será un poco lo constante. Lo importante es que uno haga lo que le gusta y no lo que los otros quieren que haga. Ahora decidí ya no pensar en nada: no entro en eso de “voy a hacer un sencillo para que la radio lo acepte y le vaya bien”, eso ya no me importa. Tengo muchas ganas de expresarme artísticamente y divertirme, entonces en el escenario armo espectáculos y comunico mucho con la gente; eso es lo que más me interesa. Es una especie de mezcla de funk con cabaret, rock, música andina y country, hay de todo. Hay solos de guitarra, de batería… es un show para ir a divertirse.

O sea que ya no estás tan pendiente de tus próximos movimientos…
No, no… ¡eso sí que ya lo sé! Estoy componiendo dos discos, que se distancian y se hermanan al mismo tiempo. Lo que más me hace vibrar es el rock and roll. Probé todos los géneros, pero el disco y el rock son lo que más me prende, entonces por ahí voy a ir. Ya tengo un estudio de grabación que acabo de abrir en México, que es con puro material vintage. Tengo una colección de 50 guitarras, fierros, baterías de todo tipo… es una caverna de Ali Baba. Ahora hago mis producciones ahí y acabo de producir a una banda de Argentina, Bándalos Chinos. Estuvimos en Texas y sacaron un primer sencillo, y es el fruto de una producción que hicimos hace poco.

¿Y no delegarías la producción de tu propia obra a otra persona?
Sí, a Jack White. Me encantaría que me haga un disco de country en español. Todavía quedan algunos años para llevarlo a cabo, al menos que él o yo muramos de sobredosis. Pero yo no creo, porque ya no tomo drogas, así que esperemos que él se cuide.