24/11/2017

Dancing Mood: "Cuando el arte está forzado, se va todo al carajo"

Hugo Lobo sigue en la buena senda del ska instrumental.

Dancing Mood

Dancing Mood sabe lo que hace. Y el proceso se siente tan natural que llamar a su nuevo disco On the Good Road ("En la buena senda") parece una decisión artística condicionada por el presente que transita la big band liderada por Hugo Lobo. Lejos de cambiar la fórmula, la actualidad los encuentra redoblando la apuesta: más composiciones propias y la reafirmación de que no es sólo ska, sino ska instrumental, sin concesiones estilísticas.

Sin embargo, no por ello Hugo Lobo se la cree, y si bien Dancing Mood ya consiguió hace rato la escala de estadios, en más de una ocasión asegura que de tener que volver a tocar en escenarios más chicos, le hará frente: "A los valores hay que mantenerlos", sentencia. Pero es difícil augurar un futuro negativo para la banda que viene de presentar el disco por todo el país y que ahora vuelve a Buenos Aires para hacer dos fechas en el Konex este fin de semana. Entre planes de editar en vinilo y el sueño del estudio propio, el presente invita a celebrar.

"Me hice el estudio donde estaba la imprenta de mi abuelo", cuenta Lobo. "Es personal, para grabar con Dancing y cosas mías. Me llevó un montón de años y hace sólo dos semanas que está terminado. Ahora que tengo este lugar quiero aprovecharlo para hacer sesiones filmadas por nosotros mismos y luego de editarlas subirlas a las redes. Es algo que creo que no se hizo mucho. La idea sería largar música con Dancing de a poco y tal vez juntarla en un álbum, para los románticos. Pero mientras ir trabajando cinco o seis temas por año, creando un poco más de expectativa. La música hoy se escucha de otra manera".

Lo que se dice tiene que estar puesto en hechos. Y los hechos son todo lo que hacemos: los discos, tocar, el precio de las entradas, ser fiel a lo que uno cree...

¿Vos también la escuchás de otra manera?
No. Soy un enfermito que escucha vinilos, y se toma ese tiempo y respeta el orden de los temas que eligió el compositor. Las obras están hechas con un principio y un fina,l y con la música pasa lo mismo. Hoy en día, un pibe tal vez te escucha en mp3 un disco empezado y no le importa. Antes la música se hacía con un orden y yo por lo menos lo sigo haciendo así: el tema uno por algo es el uno, y el último por algo es el último. En este nuevo disco también. Pero respeto cómo se escuchan ahora las cosas, y prefiero amoldarme un poco a eso y no desperdiciar energía, aunque tomándome el trabajo también para los que siguen escuchando de la vieja escuela.

A pesar de que mucho pasa por lo digital, un plan que tenés con Dancing Mood es sacar toda la discografía en vinilo.
El nuevo álbum sale en ese formato el año que viene. Recién ahora está saliendo el vinilo del primer disco y después de agotar ese vamos a ir encarando lo mismo con el resto. Está de vuelta el vinilo. Afuera nunca murió y acá ahora también sigue, aunque se pasan con el precio. Pero volveremos a hacer la misma batalla que hicimos con los CDs, que están carísimos pero en un show de Dancing lo comprás a 100 pesos. Tengo la idea de que el vinilo de la banda salga la mitad de lo que vale uno hoy en día. Nunca pretendí vivir de vender discos. Se trata de cubrir los costos para volver a fabricar. El día a día se gana trabajando y tocando. Es ridículo pensar que te va a quedar plata de vender discos en una cooperativa de 24 personas.

¿Cómo te resultó armar una cooperativa de 24 personas desde lo organizativo?
Mi trabajo es más que el de los pibes, pero por decisión propia. No hay egos. Somos todos laburantes de la música, que tocamos relajados sin exigencia alguna. Uno disfruta de tocar y cobrar si queda algo; y si no, igual. Hay un conductor que decide las cosas, que en este caso soy yo, porque se me ocurrió armar la banda y siempre fui fan de este género: soy más activista del ska que cualquier otro. Y al estar tan empapado de eso, uno naturalmente queda al mando. Pero obviamente que todos le ponen musicalmente su impronta y yo solo no podría.

En ese sentido, otra muestra de liderazgo es que cada vez apostás más por las composiciones propias: sólo un tema de los 11 del nuevo disco es un cover.
Fue porque cumplimos un objetivo en todos estos años, que era mostrar el género y sus compositores. Pasaron 18 años de eso y ya está logrado; es algo que se asimiló y respetó. No fue estratégico ni nada. Es incluso más difícil, porque uno tiene que ponerse a componer al lado de todos esos trabajos enormes, y es complicado con tantos temas reversionados mandarte uno propio y que no haya un volantazo estilístico enorme. Pero creo que se logró. También había ganas de decir un montón de cosas personales a través de la música.

En On the Good Road hay solo un tema cantado ¿por qué deciden seguir apostando al ska instrumental?
Se fue dando y me parece que dimos muchísimo espacio a los cantantes en nuestra carrera siendo una banda instrumental. Y uno se rompe el ojete tanto saliendo de lo puramente instrumental que puede estar bien que una vez haya un tema cantado y no tres o cuatro. Pero lo dudé mucho, porque me gustan los y las cantantes que invitamos. Y también pasa que este disco está más pensado para el vinilo, que se pueden meter 21 minutos por lado, y en caso de que hubiera que cortar que saliera el cantado. La cantidad de temas y otros aspectos estuvieron conceptualmente pensados para el formato.

Ahora también traés artistas internacionales a tocar en Buenos Aires, como Ken Boothe ¿sentís una responsabilidad como productor?
Con Ken aproveché para grabar un tema que compuse, al que él le puso la voz y la melodía, para mi proyecto solista.Yo soy el que se está encargando de traer a los artistas del género con el proyecto Ska Unity, no comercialmente sino por gusto personal, y para reivindicar al ska y a los artistas mismos, cobrando precios baratos para lo que es un show internacional. El ska nunca estuvo de moda, como pasó con el fanatismo del reggae hace ocho años, que era una locura. Porque no había tantas bandas ni productores que le vieran una veta comercial como el reggae, o un artista de ska que trascienda como Bob Marley. Ahora, de a poquito, la gente se va interesando más.

Ska Unity también saca compilados de artistas locales, ¿cómo arrancó la idea?
Surgió el año pasado. Lo hice yo y lo trabajo solo. Viajo por todo el país con mi proyecto solista desde hace cuatro años y fui conociendo a una bocha de bandas de un montón de lugares. El objetivo es conectar artistas y que surjan cosas como que los del interior puedan tocar para bastante público o con músicos internacionales. Que crezca más el movimiento. En todo este tiempo que tengo de carrera siempre lo había visto medio separado.

Hablando de los años que tenés de carrera, hace unos meses colgaste en Facebook un poster de un show de 2000, con Fidel. ¿qué recuerdos tenés de esos años?
Esa época era increíble. Éramos más jóvenes, y teníamos un montón de ilusiones y cosas en la cabeza. Hoy las sigo teniendo, pero en ese momento hacía una fecha con Fidel y cortábamos entre los dos diez entradas. Era un desgaste de energía hermoso. Con esos diez que iban, podía sentarme a tomar una birra después del show y que nos agradecieran, con todo lo que eso significa para uno. Son cosas que mucha gente se olvida a la larga. Pero yo siempre le dedico mi tiempo y mi oreja a los pibes porque no me olvido, y sé que puede volver a pasar en el futuro volver a vender diez entradas, y si te hiciste el canchero, la cagaste. A los valores hay que mantenerlos.

Uno de esos valores que siempre priorizaste es la independencia. Ahora que ya llegaron a cierta estabilidad, ¿los limita para poder crecer o hace las cosas más sencillas?
Cada vez es más fácil. Antes tenías que llamar a un diario a ver si de suerte te ponían en la agenda del fin de semana. Hoy en día hacés algo y todo el mundo por computadora sabe lo que pasó. Las redes sociales son una mierda pero son el sostén de un músico. Por eso es que era meritorio ser independiente, pero antes. Ahora las compañías discográficas casi no existen, podés grabar un disco en tu casa con una notebook y las radios se pueden ir a la mierda si cargás tu tema en Youtube. Hoy en día, ser independiente no es ni meritorio ni ideológico. Antes sí, y yo elegí ser independiente por una ideología, comparando la manera en que se trabajaba siéndolo y no siéndolo.

¿Cómo llegaste a esa decisión ideológica?
Jamás me planteé firmar con un sello grande por tranquilidad propia. Cuando uno firma con una empresa es como sacar un auto en cuotas: tenés que pagarlo. Si firmás un contrato por cuatro años, son cuatro discos. Y si pasaste un año de mierda y no te dan ni la cabeza ni las ganas para componer, tenés que hacerlo igual. La música queda en otro plano, porque trabajás por obligación. Cuando el arte está forzado, se va todo al carajo. Y al disco hay que digerirlo, hasta uno mismo. Nadie tiene que decirte cuándo podés hacerlo y cuándo no. Hay gente a la que le gusta el mimoseo y la sobreexposición que te da una discográfica. A mí me da igual.

¿Esperaabas lograr esta repercusión con Dancing Mood aunque no firmaras con discográfica?
Se dio todo solo. Nunca fue un proyecto "para pegarla", partiendo de la base de que Dancing Mood es ridículo y súper deforme. A toda la gente a la que le dije que iba a armar una banda de ska instrumental se me cagaba de la risa. Pero no me daría la cabeza contra la pared si bajara la cantidad de gente que nos sigue porque quizá siempre fue así como tendría que haber sido. Ahora hay también otras bandas, quizás influidas por Dancing Mood. No reniego de que haya proyectos nuevos, inclusive si nos superan, porque está buenísimo. Pero pasa que hay un montón que se hacen los boludos y no se hacen cargo de que escucharon tu música, o que arrancaron una banda instrumental con flauta y armónica por Dancing Mood.

¿Te preguntaste donde estaba la chispa de la banda para influir a otros y llegar tanto desde lo instrumental?
Estaba en la novedad y en que no es elitista, a diferencia de un montón de jazz que es anti rockero y anti cumbiero. Y así, popular nunca vas a ser, maestro. Al jazz no va tanta gente a verlo porque es elitista: ¿le vas a cortar entradas a los rockeros y los odiás? Andá a la concha de tu madre. No entendiste nada, porque Duke Ellington, Miles Davis o Charlie Parker eran más rockeros que los rockeros, y no de saco y corbata fumando de pipa en un café concert, como es el jazz de acá. Es careta de actitud y careta de gente sin barrio.

Eso que decís de que el ska y la cumbia nunca perdieron “el barrio” puede que les diera autenticidad.
Por eso es que la cumbia ahora tiene reconocimiento. No olvidemos que fue el único estilo de música en el país que fue censurado en democracia, en radio y en tele, y eso es gravísimo. Fue en la época de De la Rua, cuando se venía el quilombo y los pibes empezaron a cantar la realidad. Volvió a liberarla Néstor Kirchner y hoy en día se normalizó, pero a mí que estuve metido hace años me decían: “No podés estar con eso, es de 'cabeza' y apoya la delincuencia”. Pero después Eric Clapton canta “I Shot the Sheriff”, "le disparé al policía", de Bob Marley, y te lo pasan en el Hard Rock Café para que lo bailen las chetitas. Y eso se supone que está bien, pero “Los dueños del pabellón” está mal. Es bastante ridículo.

¿Cómo hace Dancing Mood para decir sus cosas haciendo ska instrumental?
Lo que se dice tiene que estar puesto en hechos. Y los hechos son todo lo que hacemos: los discos, tocar, el precio de las entradas, ser fiel a lo que uno cree... Vos podés escribir algo y hacer otra cosa totalmente distinta. Eso no tiene validez, todo está en las acciones. Podés tener mansiones y cobrar 500 la entrada, y luego escribir sobre el barrio: en ese caso, metete las letras en el orto.