20/03/2016

Black Rebel Motorcycle Club: “Lo original no siempre es real”

Peter Hayes pide más respeto por el rock and roll.

En los últimos siete años, Black Rebel Motorcycle Club (BRMC) editó más discos en vivo que de estudio. Tal vez como un sinceramiento de su esencia, enchufarse a un amplificador y pelar guitarras potentes arriba de un escenario, el trío que Peter Hayes (guitarra y voz) y Robert Levon Been (bajo y voz) formaron en 1998 -y que luego de diez años cambió a Nick Jago por Leah Shapiro en batería- parece vivir en una gira constante que no tiene pruritos a la hora de repetir destinos. “No tengo expectativas sobre cómo se va a comportar el público, sólo quiero que nuestro show siempre sea mejor que el anterior”, contesta Hayes al teléfono antes de una nueva llegada a Buenos Aires (en Niceto, el lunes 21 de marzo).

Entre el rock and roll a la vieja escuela y el garaje noventoso, BRMC parece haber hallado la fórmula para mantenerse inmune a los sonidos de moda. No hay rastros de electrónica, pop o hip hop en su música, pero aun así -o tal vez por eso mismo-, una buena cantidad de público joven encuentra en el trío una propuesta excitante y de las que no abundan. Para Hayes, hay algo de conciencia social en el asunto: “Venimos a devolver el respeto por el rock and roll”, sentencia.

Junto a Been, a quien califica directamente como su “hermano” Hayes aprovechó la relevancia en el mapamundi rockero que tiene su San Francisco natal y luego de la escuela (“en realidad, no iba casi nunca”, admite) intercalaban ensayos con recitales de la gran cantidad de bandas que llegaban a la ciudad. “Un show de The Verve me marcó mucho. Yo ya tocaba la guitarra pero estaba fascinado con sus dos primeros discos, y verlos en vivo me hizo pensar mi instrumento de una manera distinta”, recuerda.

Sabemos que el nombre de una banda evoca un sonido específico y no vamos a deserotizar a nadie tratando de sonar de una manera que no es la nuestra.

Sacaron su primer disco hace 15 años. ¿Qué recordás de aquella época y cuánto cambiaron las cosas desde entonces para ustedes?
Espero que hayan cambiado para mejor (ríe). No analizo demasiado el pasado, veo a nuestra banda más como un work in progress que te va a volar la cabeza cada día más. Nunca estamos satisfechos, en el buen sentido, y eso nos lleva a seguir tocando. Las cosas cambian… Trato de mantener mi mente configurada para saber que siempre tratamos de hacer lo mejor que se puede con lo que se tiene en ese momento.

De un tiempo a esta parte, el vivo se ha convertido en su carta de presentación por encima de los discos. ¿Pensás que esto va a ser una constante o es sólo momentáneo?
Es más fácil hacer buenos shows que ofrecer cosas nuevas. Me gusta tocar en vivo porque la respuesta es instantánea, sea buena o mala, y podés cambiar de dirección en seguida si no estás cómodo. Grabar un disco es más difícil, requiere de mucho tiempo; y si cuando terminaste el resultado no te gusta, ya no hay vuelta atrás, es algo que no desparece.

¿Se te hace difícil ser original?
Sí… Bueno… Lo original no siempre es real. No sé si queremos ser necesariamente originales. La originalidad es muy personal y da por sentado que venís a mostrar algo que nunca nadie escuchó. Nos interesa ser originales con nosotros mismos; queremos volver a decir lo que ya dijimos, pero de otra manera. Me interesa encontrar la forma de decir lo que otros dijeron de una forma sutilmente distinta.

¿Aunque implique que muchos no noten la diferencia?
Eso es algo divertido sobre nosotros: un oyente casual de BRMC va a decir que no experimentamos, cuando en realidad lo hacemos mucho. Nuestro audio y nuestras listas de temas cambian mucho, pero sabemos que el nombre de una banda evoca un sonido específico y no vamos a deserotizar a nadie tratando de sonar de una manera que no es la nuestra. También sucede que otra gente desecha una banda por el nombre y a nosotros nos ha pasado. Hemos escuchado a más de uno decir “no me gustan las motos, por eso no me va a gustar Black Rebel Motorcycle Club”.

BRMC es una banda de guitarras en una actualidad donde priman otros sonidos. ¿Sentís que tienen una responsabilidad por mantener una forma clásica de hacer rock?
Queremos ser respetuosos con las grandes estrellas que inventaron el rock and roll, queremos ser otro ladrillo en esa pared. Sucede que en algún momento el rock confundió su guión; también le pasó al hip hop. La gente se metía a hacer rock pensando en cuánta plata iba a poder sacar para enfiestarse, drogarse y conseguir chicas. Todo giraba en torno a eso, y la reacción del público tiene mucho sentido: ¿por qué mierda voy a pagar por eso? ¿Por qué habría de darle plata a alguien que ya tiene mucha plata y encima me lo enrostra en la cara.

¿Cuánto influyó Michael [padre de Robert que fue músico de The Call] en que ustedes elijan este camino?
Con Rob nos conocimos siendo muy chicos y somos como hermanos desde entonces. Tuve la suerte de que su padre me tratara como a su segundo hijo. Aprendimos mucho, nos enseñó a confiar mucho en nosotros; mantenernos juntos también es un premio a la memoria de Michael. Estamos para cuidarnos entre nosotros, y podemos pelearnos y decirnos las cosas en la cara, porque sabemos que no nos vamos a separar. Es como “no te olvides que no me voy a ir a ningún lado y si vos te vas, sé dónde encontrarte”.

¿Y de tu breve paso por Brian Jonestown Masacre, qué aprendiste?
Eso fue raro, yo ya tocaba con Rob desde un año antes de conocer a Anton. Éramos fans de Brian Jonestown Massacre y como a Rob le faltaba un año para terminar la secundaria, le dije a Anton que me vendría bien unirme a ellos para ver cómo era salir de gira; ellos estaban por tener su primer tour alrededor de Estados Unidos. En verdad, quería conseguir contactos para tocar con mi banda, y así iba a conocer lugares, managers y esas cosas. Aprendí qué hacer pero sobre todo qué no hacer. En realidad, siempre fui más fan de Nirvana y de Kurt Cobain, admiraba su actitud anti sistema y anti rockstar.