18/02/2022

White Lies sortea tiempos hostiles en su nuevo disco

No hay cura para esto.

Charles Cave
WhiteLies-CharlesCave-2000

As I Try Not to Fall Apart, el nuevo disco de White Lies, es la forma en la que el grupo sorteó tiempos hostiles, tanto propios como ajenos. El sexto álbum del trío británico está cargado de su oscuridad característica, pero con una furia guitarrera más densa y lejana en comparación a Five, su trabajo anterior. “Hay momentos del disco con algunas de las mejores canciones que hemos escrito hasta ahora”, advierte Harry McVeigh, cantante y guitarrista de la banda que completan Jack Lawrence-Brown y Charles Cave. Si para sus álbumes anteriores del trío el faro pudo transformarse desde Joy Division a New Order, su nuevo trabajo de White Lies se acerca a la inmensidad de David Bowie, incluso en su visión espacial, atravesado por un escenario apocalíptico para nada ficticio.  

Inevitablemente, As I Try Not to Fall Apart está marcado de forma directa por la pandemia, y su presentación al público tiene un sabor a reencuentro. “Creo que es un disco diferente, tiene varias canciones que son muy distintas a lo que hemos hecho antes. Estoy pensando en canciones con un cantante como líder o guitarras alejadas del pop de los 80. No es algo necesariamente nuevo para nosotros pero tampoco algo que hayamos hecho demasiado”. 'Am I Really Going To Die', la canción que abre el disco, para nosotros es muy pop, muy Bowie, medio pomposa. Es algo que nunca hicimos antes”, explica McVeigh. Y si la figura de El Duque Blanco pulula en torno al sonido de canciones como “Breathe”, también se presenta como una contraposición a 'I Don’t Want to Go to Mars', una de los singles que hizo las veces de adelanto del álbum. Si David Bowie se preguntó en 1971 si es que había vida en Marte, White Lies ni siquiera se permite imaginar ir hacia allí: “Oh, Dios / no quiero ir a Marte / ¿Qué clase de idiota con el cerebro lavado haría eso? / Es toda una vida de rata de laboratorio en frascos”. 

Si durante la pandemia, el encierro y sus dificultades, cada uno intentó mantenerse a flote como pudo, el grupo se refugió en el estudio de grabación para salir adelante. Sin embargo, no fue fácil. “El título del álbum es muy acertado. As I Try Not to Fall Apart (Mientras intento no derrumbarme) es perfecto porque es lo que sentíamos muchas veces haciendo el álbum. Tenemos que mantenernos juntos, somos más que algunas de nuestras partes”, dice  McVeigh. “Nos podíamos juntar a escribir y a trabajar, pero no lo hicimos, por cualquiera que sea la razón. Así que cuando nos metimos al estudio, todos llegamos con ideas muy diferentes acerca de lo que queríamos que sea el disco, qué canciones queríamos que estén, qué música queríamos tocar. Fue tenso por un tiempo y fue algo a lo que nunca nos habíamos enfrentado antes”, cuenta.

Y esas dificultades personales repercutieron en la forma en la que el trío trabajaba dentro del estudio. “Cuando nos juntamos en septiembre creo que fue la sesión más dura de todas. Después de eso salimos con 9 canciones muy buenas, pero sentíamos que no habíamos conectado mucho entre nosotros y que no nos habíamos comunicado bien, así que pasamos como cuatro meses más escribiendo y grabando un par de canciones más. Terminamos con cuatro o cinco temas más que entraron en el álbum, por lo que creo que en el final terminamos con algo muy completo y un gran disco, pero fue una lucha en la que tuvimos que pasar mucho tiempo comunicándonos y hablando entre todos tratando de superar lo que sea que no estaba reteniendo o lo que sea que nos estaba obsesionando como individuos. Cuando vi Get Back, el documental de The Beatles, sentí que estábamos pasando por algo similar. No se estaban comunicando bien y George Harrison sintió que estaba siendo empujado fuera de la banda. Fue muy incómodo de ver porque nosotros pasamos por eso”

Desde ese punto, el trabajo con Ed Buller, el productor que ya hizo cuatro discos junto White Lies y los acompaña desde To Lose My Life… (2009), su disco debut, fue clave para superar las trabas. “Es como una figura paterna en cierta forma. Siempre lo admiramos y él vio todo eso y nos ayudó a llegar a un lugar en el que podamos comunicarnos y trabajar juntos. Fue maravilloso, siempre estoy muy agradecido por lo que ha hecho por nosotros”, dice. Y eso que hizo Buller fue ayudarlos a hablar. “En el estudio hay un ambiente de mucha presión, una banda gasta muchísimo dinero en el tiempo de estudio y usualmente es la única cantidad de plata que hay, o es plata que tenés que devolver, así que no querés desperdiciar ese tiempo, te querés asegurar de que salgas de ahí con algo muy bueno. Esa presión de 'nos estamos quedando sin tiempo, tenemos que hacer esto' o 'tenemos que hacer esto que yo quiero hacer' y el resto está pensando 'no, tendríamos que hacer esto esto y aquello'...  eso te frena de comunicarte bien porque sentís que estás perdiendo el tiempo y que no vas a poder resolver las cosas antes de que tu estadía en el estudio termine”. 

El contexto hostil del exterior y las dificultades internas también dejaron su huella en el sonido de As I Try Not To Fall Apart. El álbum se siente furioso, con mayor distorsión de guitarras, y propone un viaje de 10 canciones que pasa por el suspenso del inicio (“Am I Really Going To Die” o “Breathe”), la furia (“I Don’t Want To Go To Mars”), la explosión de la tensión en “Roll December” y “Blue Drift” y el desenlace y descompresión final de “The End”. Para McVeigh, sin embargo, no estuvo pensado. “La dirección del disco y el sonido de las canciones depende mucho de donde teníamos la cabeza, qué música estábamos escuchando, cómo tocábamos entre nosotros. No es una decisión consciente, así que es muy difícil de decir qué influencia tienen estas decisiones, creo que es una combinación de dónde estamos y cómo nos sentimos acerca de lo que hacemos”. 

Sin embargo, y a pesar de las dificultades que lograron sortear en el proceso, White Lies entregó un disco sólido que se posiciona entre los mejores de su carrera. “Estar en una banda te conecta con tu pasado, con el tiempo en el que empezaste a tocar música y en cierta forma algunas de esas cosas nunca cambian. Te volvés mejor, pero la raíz de todo es que seguís siendo el mismo músico que empezó hace muchos años”, piensa McVeigh. “En cierta forma, no querés cambiar demasiado porque te querés aferrar a esa emoción y asombro cuando sentís que tenés todas las oportunidades del mundo en frente tuyo. Cuando estás en una banda tenés que creer que el próximo disco que vas a hacer es lo mejor del mundo, ¿Cuál es el sentido si no? Y este disco es lo mejor que pudimos hacer”.