17/05/2019

Tomás Ferrero también puede solo

Un rayo láser al centro de ti.

Gentileza
Tomás Ferrero

Aunque muchos lo pasen por alto, Tomás Ferrero es uno de los mayores responsables del resurgir de la canción pop argentina de la última década. También, junto a Rayos Láser y la plataforma Discos del Bosque, forma parte de una escena que marca un cambio generacional en el rock argentino, a fuerza de discos que marcaron su tiempo y lugar.

El debut epónimo del trío surgido en Villa María es, de hecho, un sedimento fundacional de un sonido que hoy puede manifestarse más concretamente en un doblete de Ca7riel y Paco Amoroso en Niceto Club, en una gira mexicana de Bandalos Chinos o en festivales como La Nueva Generación o Buena Vibra.

Editado los últimos días de 2011, ese álbum grabado en una habitación común y corriente fue una especie de cisma para la música independiente argentina, y sobre todo aquella nacida en el “interior” del país. Todo lo que vino después se conecta de una u otra forma a esas canciones. Con “Mintiéndome”, “Lo que digo” o “Me persigue” a la cabeza, el debut de Rayos Láser no sólo llevó a que Leo García moviera cielo y tierra para que una compañía los fichara. También fue un quiebre en materia de horizonte de posibilidades para toda una generación de artistas.

Luego de ocho años y varias andanzas, Tomás Ferrero, cantante de Rayos Láser, sigue buscándole la vuelta a su carrera musical. El tercer disco de su banda, Un regalo tuyo (2018), parecía haber pasado casi desapercibido, hasta que una nominación a los Premios Gardel como Mejor Álbum Popo revirtió la tendencia y brindó una bocanada de justicia poética.

En paralelo, Ferrero decidió cerrar una especie de exigencia personal mezclada con expectativas ajenas y editó Estamos solos, su primer disco solista. “Fue algo que siempre quise hacer, lo esperaba hace mucho tiempo”, cuenta. “Lo traté de empezar miles de veces, en estudios, en casas, con amigos, solo, y siempre lo terminaba abandonando. Y este año hice un click”.

Estamos solos deja en claro algo que se sabe desde aquel debut de Rayos Láser: Tomás Ferrero es un cantante cuyo virtuosismo radica en su capacidad para emocionar a través de la interpretación. Siente lo que canta y lo transmite de un modo muy especial. Quizás por eso, también, sea uno de los grandes compositores de su generación. 

“Todo al mismo tiempo”, el primer track, y “Casi esperando”, el penúltimo, son las muestras concretas de esa máxima. Además de ser las canciones más logradas del álbum, representan un sonido nuevo para el músico (algo más R&B, menos linkeado con su faceta acústica). Al mismo tiempo, ambas funcionan como anclajes de época que, paradójicamente, confirman la vigencia de Tomás Ferrero como un cantautor de sensibilidad atemporal.

También hay un par piezas que refuerzan su CV artístico y emocional. Principalmente, su capacidad para cantar junto a una guitarra y sonar con la fuerza de una orquesta. Es el caso de “Me hace volver”, esa perla irregular que remite a “Heart of Gold”, de Neil Young, y juega con la percepción a través de una vuelta de acordes que despista a quienes esperan el cierre convencional de un compás de cuatro tiempos.

La algo más experimental “Mi guitarra” (“Agradezco a mi guitarra, que me rescata desde el sol”, canta), en tanto, parece desnudarse pero sólo para evidenciar matices de audio hasta ahora ausentes en su obra. Se escuchan apenas algunos armónicos de las seis cuerdas y una sinfonía de voces procesadas. Es una pieza de menos de dos minutos, pero alcanza para resumir la búsqueda constante que forma parte del ADN musical de Ferrero.

El disco tiene momentos afines a Rayos Láser, pero también sonidos más experimentales y algo de r&b. ¿Por qué te moviste con ese eclecticismo?
Uno de los problemas por los que tardé tanto en hacer el disco, fue que siempre quise aggiornarlo a la época que corría. Por eso tardé aproximadamente 9, 10 años en hacer este disco. Quería, con los pocos recursos que tenía, hacer una obra que sonara actual para ese momento, que sonara fresca, por más que sean canciones viejas. Y el click fue que me di cuenta que las canciones, mientras más imples, más resistían el paso del tiempo. También me di cuenta de que era la forma en la que lo iba a poder resolver yo: haciendo algo simple, donde la canción se escuchara como es, con lo justo y necesario para que funcione y aprovechando esa parte cruda que hace a los temas.

En ese proceso de búsqueda hacia adentro, Tomás Ferrero se reencontró con dos oldies de su catálogo para este mini álbum de 18 minutos: “Problemas” y la sentida “El rezo diario”. La primera fue grabada originalmente por Benigno Lunar en su disco de 2012, La religión de los árboles. La segunda pertenece al repertorio de Parc, proyecto inicial de Ferrero, paralelo a su llegada a Villa María desde Córdoba, a comienzos de la década. Ambas son de su puño y letra y emergen del olvido con una relectura que está lejos de ser pomposa y realza el esqueleto básico de las composiciones.

Reversionás dos canciones que habías grabado con proyectos anteriores. ¿Por qué decidiste recuperarlas y volver a trabajarlas?
Con “El rezo diario” sentía que nunca le había hecho justicia. Se escuchó más por otros autores que la reversionaron o la hicieron propia, pero yo nunca tuve la oportunidad de hacerla bien. En el disco de Parc aparece como un bonus track a los nueve minutos de silencio de la última canción, como esas sorpresas que se usaba poner en algunos discos. Si bien el tema ahora tampoco tiene mucho hi-fi ni HD, sentí que era hora de ponerle la firma por lo menos. Y “Problemas” es una canción que hice cuando formaba parte de Benigno, también siempre me gustó mucho. En algún momento pensé en ubicarla en Rayos Láser pero también me encantaba la idea de poder darle una vida nueva.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar la producción por tu cuenta, sin otros criterios jugando a la hora de tomar decisiones?
Me gustó. Hace tiempo que venía laburando con otras personas. Con Rayos, o incluso con Ezequiel Kronenberg, cuando hicimos Un regalo tuyo. La verdad, disfruté tener el control, poder tomar todas las decisiones y saber que cada paso era una responsabilidad total y enteramente mía. También me daba soga para ver hasta dónde podía ir. No es que sólo escuché lo que decía mi conciencia, siempre estuvieron los oídos amigos de la gente con la que trabajé o gente que acompañó en el proceso. Eric, los del estudio 440, Iván, Jopi… personas a las que les mostraba un pedacito de alguna cosa, como para saber qué onda y orientarme un poco, para ver si estaba demasiado errado o si estaba más o menos en el cauce.