20/03/2019

Telescopios y el pop como un terreno carente de prejuicios

Dobles de riesgo sin miedo al qué dirán.

Gentileza
Telescopios

¿Qué tienen en común un gol de Messi, el Día de la Madre, un virus de internet, un show de Pappo y tener que pagar el alquiler? Para Telescopios, bastante. O al menos eso se desprende de que esa enumeración sea el centro de “El trópico”, una de las canciones de Doble de riesgo, su tercer disco. “Es una sucesión de imágenes y tiene la intención de plantear algo que toque fibras comunes a todos. Mucha gente nos lo menciona, no sé si es por la incomodidad que genera o qué, pero todos tenemos sensaciones con eso”, explica el bajista y cantante Rodrigo Molina. Y agrega: “Es raro que no hayas tenido un contacto con alguna de esas cosas, y la ida fue plasmarlas y que cada persona que escuche el tema se sienta movilizada. No hay una narración concreta, es más cómo le pega a cada uno”.

Esa intención de generar un efecto concreto es parte del crecimiento de la banda cordobesa en su tercer disco, un concepto constante que comienza por el título del álbum. “Tiene que ver con la idea de que somos dobles de riesgo de nosotros mismos, transitando lo cotidiano y el día a día como si fuéramos diferentes personas. Incluso está esa cosa de verte hace un par de años y sentir que sos una persona diferente, o que en el trabajo no sos el mismo que cuando estás con tus amigos”, desarrolla Molina. Sin alcanzar un estatus conceptual, las letras del disco atraviesan un hilo narrativo en común para terminar de dar forma a lo que a su vocalista llama “esa especie de versión de cada uno de nosotros que está implícita en la vida cotidiana”.

En Doble de riesgo, Telescopios explota todas las aristas posibles del pop, entendido como apócope de “popular”. Algo de eso ya se vislumbra en “Viña del Mar”, el tema que abre el disco (“Es tan abstracto y relativo, pero imaginate compartir uno de esos lineups”, dice Molina, fantaseando con el festival chileno de la canción), y cobra fuerza en “Tus amigos de la CIA”, en donde la banda coquetea con el dembow, quizás un sacrilegio para los puristas. “Como concepto, el pop es muy amplio”, dice. “En nuestro caso, a medida que pasa el tiempo y con los cambios que se van dando en la música, tratamos de abrirnos cada vez más. Tiene que ver con disfrutar del reggaetón o el cuarteto, por más que el rock sea medio cabeza con esas cosas. En nuestro caso, experimentar nos permitió disfrutar prácticamente de todos los géneros y crear sonidos nuevos que ahora pertenecen a nuestro universo musical. Está bueno perder un poco los prejuicios”, agrega.

La presencia de Telescopios en la grilla de la edición 2019 de Lollapalooza es además la enésima señal de un cambio generacional, pero también geográfico, con Mendoza y Córdoba convertidos en centros en ebullición constante. “No creo que Buenos Aires deje de ser Buenos Aires: es enorme y sigue siendo un poco el centro. Pero, a la vez, estos fenómenos que van de la mano con internet abrieron un poco la cancha y hacen que hoy se vea como algo más federal”, analiza Molina. La presencia de su banda es una de las cinco representaciones que tendrá su provincia en el festival (de donde también provienen Salvapantallas y Candelaria Zamar), que este año hasta tiene a una marca de fernet como main sponsor. “Más allá de los fans o los haters, creo que tener esa paleta de colores cordobeses es un fenómeno súper divertido. Que estén Paulo (Londra) y la Mona (Jiménez) ya es algo muy loco”, concluye.