31/08/2018

Roberta Bayley recuerda sus días como fotógrafa de los Ramones y Blondie

Su muestra se inaugurará el 7 de septiembre en el Centro Cultural Borges.

Gentileza
Roberta Bayley

“Mi perro se sentó arriba de mi computadora”, dice risueña Roberta Bayley durante la comunicación telefónica con Silencio. Esta señora asegura que disfruta de su vida de retiro, aunque confiesa que alguna vez le gustaría volver a trabajar como fotógrafa. “Pero nunca viví de eso, sobre todo al comienzo; siempre tuve otros ingresos. Soy muy haragana, lo que pasa es que puedo vivir de manera muy frugal, entonces no me preocupa. Y además, odio sentirme presionada”. Ese mismo espíritu fue el que a mediados de los 70 la llevó a comprarse una cámara de segunda mano y comenzar a fotografiar a sus amigos y vecinos, que tocaban en el lugar donde ella trabajaba vendiendo entradas en la puerta. Claro que el sitio era el mítico CBGB’s y quienes retrataba, los Ramones, Blondie, Television, Iggy Pop, David Johansen y demás…

“Ramones & CBGB, del caos a la cultura” es el título de la muestra con fotos de Roberta Bayley que se inaugurará el viernes 7 de septiembre en el Centro Cultural Borges. Allí se verá, por ejemplo, la imagen que se convirtió en la tapa del álbum debut de Ramones, la de Joey Ramone con una tabla de surf, la del cantante y Debbie Harry en la cama, y varias del punk inglés, con los Sex Pistols y The Clash incluidos.

Bayley todavía vive en St. Marks Place, a pocas cuadras de donde estaba el CBGB’s, pero la ciudad no es la misma: aquel antro hoy es un local de ropa carísima y los precios de las propiedades de la zona están por las nubes. Ella, que creció en California, llegó a Nueva York en 1974, tras pasar unos años en Londres. “Había una atmósfera creativa con la que me topé, principalmente porque la mayoría de los músicos y artistas plásticos vivían en el mismo barrio debido a que los alquileres eran muy baratos, recuerda. “En esa época, acá podías conseguir un departamento por 60 dólares por mes. Era un barrio de inmigrantes polacos y rusos, y se peleaban mucho entre sí, así que nadie más quería vivir ahí. Pero los artistas empezaron a mudarse ahí en los 50 y los 60, entonces la mayor parte de los músicos eran mis vecinos, porque nadie tenía mucho dinero…”

“El CBGB’s fue como el centro de eso”, continúa la fotógrafa. “El Max Kansas City era más sofisticado, venía de los ’60 y no se puso rockero sino hasta más adelante. En cambio, en el CBGB’s todo el mundo se conocía entre sí, así que si había alguna banda tocando, probablemente conocías a alguno de los músicos, e ibas para apoyarlo y tomarte una cerveza. Al principio, en los shows había unas veinte personas; a veces ni siquiera eso. Pero después, de a poco las bandas empezaron a tener más seguidores y había más gente. les tomó tiempo difundirse, no hubo ningún éxito repentino ahí”.

Aunque había aprendido los rudimentos de la fotografía en la escuela secundaria y en un momento había tenido una cámara profesional, Bayley nunca había contado con un cuarto oscuro, “que era algo fundamental en aquel momento”. Pero un año después de llegar a Nueva York, se compró una Pentax Spotmatic usada y comenzó a fotografiar a las bandas. “Ya estaba involucrada con la escena porque trabajaba cobrando las entradas. Como era la novia de Richard Hell, él me había presentado a Hilly Crystal, el dueño del CBGB’s. Era un trabajo copado porque conocía a toda la gente y además me pagaban… aunque no mucho. Al poco tiempo, un amigo me regaló todos los elementos de un cuarto oscuro, así que pude tener uno decente. Entonces todo se combinó, porque tenía cámara y cuarto oscuro, y además tenía acceso al CB’s y a las bandas. Fue un momento muy divertido para documentar lo que sucedía”.

“Para mí era un privilegio sacar fotos ahí, no lo hacía pensando en la plata”, sigue Bayley. “Además, nadie tenía un centavo, así que era lógico que no pudieran pagarme. Por otra parte, cuando te pagan, muy a menudo quienes lo hacen pasan a ser dueños de las fotos, sos como un trabajador contratado. El tema es que como nadie me pagaba, soy la dueña de todas mis fotos. Tengo el copyright de la foto de tapa de Ramones: me pagaron 125 dólares para usarla, pero no firmé yo sino la revista Punk, para la que trabajaba en ese momento, así que soy la dueña de los derechos de la foto. Supongo que ser pobre entonces tuvo sus beneficios…”

Aunque no le gusta el término “icónica” para referirse a la imagen del debut de Ramones, Bayley admite que se dio cuenta bastante rápido que era “una tapa importante”. “Durante el primer año de publicado el disco porque conocí a muchos fans y músicos a los que le había impactado, al punto que habían comprado el disco por la tapa. No había pensado en eso cuando la saqué, pero era una tapa inusual para la época. No había muchas tapas en blanco y negro, que fueran de una foto casual, simplemente de cuatro tipos contra una pared; eran todas en estudio, con luces y estilistas… Es difícil entenderlo hoy, pero en ese momento fue algo que llamó mucho la atención y por eso mucha gente compró el disco por la tapa. Y puedo entenderlo porque cuando era adolescente yo compraba discos porque me parecía que con esa tapa tenían que ser cool”.

“Imaginate lo que era ver esa tapa para un chico inglés en 1976: era rarísimo, no se parecía a nada. Pero, para la gente que sabía, precisamente eso era lo interesante. Es lo mismo que cuando escuchabas por primera vez ‘You Really Got Me’ (de The Kinks)… ¡no había nada así! Era lo más raro que hubieras escuchado, así que tenía que ser grandioso. Así eran los Ramones: o te parecían lo peor que habías escuchado y salías corriendo, o te gustaban para siempre. Desafortunadamente, al comienzo no mucha gente los entendió. Pero la gente correcta sí”, asegura.

Bayley dice que hoy esa foto mítica le parece “genérica”. “Sin embargo, entiendo que proyecta muchas cosas. Por ejemplo, que los Ramones eran pandilleros, que tenían una onda callejera, cuando en realidad eran chicos de los suburbios. Querían proyectar una imagen de que eran peligrosos, pero a mí me costaba porque los conocía a todos y no eran peligrosos en absoluto (risas). De todos modos, en ese momento, yo simplemente le estaba sacando una foto a unos tipos que conocía, no trataba de proyectar nada; sólo quería capturarlos cómo eran”.

En los 80, los cambios en la industria musical hicieron que Bayley colgara la cámara. “Contaba con el lujo de conocer a bandas como Blondie desde el momento en que no tenían un centavo, mucho antes de que fueran exitosas, pero eso no iba a suceder nuevamente”, explica. “Todo se había convertido en MTV, en un acto muy pulido y orquestado. Un periodista casual no podía tener acceso a Prince, Madonna o las estrellas de los 80. Yo no iba a poder pasar el rato con Prince, aunque me hubiera encantado. Y además no quería convertirme en una ‘fotógrafa profesional’, tener un estudio y sacarle fotos a bandas que no conocía. No me interesó, realmente. Así que sencillamente seguí adelante haciendo otras cosas”.