21/02/2020

Raly Barrionuevo: "El rock argentino es parte de nuestro folklore"

Del circo criollo a los andamios.

Gentileza
Raly Barrionuevo

Raly Barrionuevo viene de recorrer largamente las rutas argentinas tocando sin parar en noches de festivales y haciéndose tiempo para visitar a la rama catamarqueña de su familia. La distancia recorrida se le acumula en la voz. Es de mañana en Unquillo, el tranquilo pueblo serrano que eligió para vivir, un refugio silencioso donde puede hacer la pausa necesaria y cumplir con sus rituales cotidianos como encontrarse con amigos músicos, darse un espacio para componer y hacer una columna en la radio del pueblo donde va a cantar temas propios y de otros autores.

“Hoy canté 'Mariposa tecknicolor', de Fito Páez, y 'Los libros de la buena memoria', de Spinetta, casi como si fueran zambas”, cuenta Raly Barrionuevo, un referente de la nueva escena folklórica desde que debutó con el álbum El principio del final (1995). Allí recuperaba la energía implícita de la chacarera con un aire de nueva canción y un sonido contemporáneo con guitarras de cuerdas de acero.

En pocos tiempo, el músico santiagüeño estará nuevamente en la ruta. Tocará el próximo sábado para transformar el espacio urbano de Ciudad Cultural Konex en un patio de chacareras y un lugar de encuentro para otras músicas. “Creo que la idea, sobre todo en este Konex, no pasa por sentirse que estás solo en un patio folklórico. Para mí pasa otra cosa. Pasa por sentirte en una sensación de libertad total con la música, porque hasta habrá música de Irlanda sonando en un momento del show. Está invitada la gaitera Pamela Schweblin, que grabó en mi último disco (La niña de los andamios) en el tema 'Y seremos agua'. La idea es que la gente viva la música de otra manera”, dice el artista cuyo sonido tiene el entramado eléctrico y folk de colegas como Neil Young.

El cantante y compositor nacido en Frías tuvo una crianza parecida a la de los niños promedio de su pueblo, donde la música formaba parte de la educación básica y sentimental. “Tengo la memoria de muy niñito de ver a músicos y cantores, hombres y mujeres, que llegaban a mi casa y cantaban una música folklórica muy hermosa. Eso estaba siempre en mi casa. La guitarra y el bombo siempre sonaban en todas las reuniones. Me he criado así, era lo que pasaba normalmente. Así ha sido mi vida hasta el día de hoy, con la guitarra cerca siempre. Acá en el pueblo de Unquillo tengo eso también, porque cuando nos juntamos siempre está la guitarra. Por ahí no cantamos, pero quizá sino estuviera sentiríamos que nos está faltando algo”, dice Raly Barrionuevo.

Desde su disco debut -en el que fue apadrinado por Víctor Heredia, Peteco Carabajal y el Dúo Coplanacu, que participaron del álbum-, clavó himnos folklóricos que se metieron en el inconsciente colectivo de un público joven: “Zamba y acuarela”,“Un pájaro canta”, “Cuarto menguante”, “Somos nosotros”, “Chacarera del exilio”, “Niña luna” y “Mujer caminante”. Fue un largo viaje hasta su octavo trabajo en estudio, editado en 2018. En todo ese tiempo, Raly Barrionuevo, que se consagró en Cosquín en 2002, mantuvo una coherencia artística. Su música se escucha por igual en campamentos del movimiento campesino de Santiago del Estero (MOCASE), peñas universitarias y festivales de todo el país, gracias a un repertorio de zambas y chacarera encendidas por su mensaje social y un profundo sentimiento santiagueño.

Las canciones surgidas de ese espíritu musical trashumante, que acompañaron diferentes movimientos campesinos y sociales, lo llevaron a trabajar al lado de artistas que fueron sus ídolos de la juventud, como León Gieco, que produjo su disco Circo criollo (2000). La energía de la chacarera, y el formato eléctrico y versátil de su banda, le permitieron actuar en Cosquín Rock en 2015 y compartir escenario con Las Pelotas, banda que inspiró el sonido reggae de canciones como “El sol parece lluvia” de su disco Rodar y el clásico “Como danza la esperanza”, de Población milagro.

El año pasado, ese camino de encuentros musicales lo llevó a editar Hermano Hormiga en colaboración con Lisandro Aristimuño, con el que sellaron una alianza musical y cancionera, que sorprendió por la belleza estética de un sonido acústico y un repertorio de fogón, donde incluyeron versiones de “Ojalá que llueva café”, de Juan Luis Guerra, y “El necio”, de Silvio Rodríguez.

Raly Barrionuevo

Dentro de tu formación de base bien folklórica ¿cómo fue tu vínculo con el rock?
De los músicos argentinos, a mí me gustan las canciones. No hago divisiones con el rock. Pero cuando escucho en general música de afuera busco que tengan algo originario del lugar. Así fue como a través de un disco de Eric Clapton primero descubrí a Robert Johnson y empecé a escuchar la música de la zona del Mississippi, o pude ver en vivo a ZZ Top. Lo que llamamos rock nacional lo considero como parte de nuestro folklore. Gente como Páez, Charly o Spinetta son de una idiosincracia muy de acá.

Tu generación dentro del folklore empezó a romper con las divisiones musicales y los guetos, compartiendo con músicos de otros géneros. ¿Qué opinas del revuelvo que se armó en el último Cosquín con la participación de Fito Páez?
No sé quien se puede escandalizar con la presencia de Fito Paéz en Cosquín, pero no se escandaliza si alguien que se autodenomina folklorista hace reggaetón en Cosquín. Que cada uno haga la música que quiera, pero no podés escandalizarte con la presencia de un artista como Fito Páez, que ya está en la historia de la música popular argentina como lo está Eduardo Falú. Me acuerdo de que estuve escondido detrás del telón el día que Mercedes Sosa lo llevó a Charly a Cosquín y también se armó todo un escándalo. Hay muchos prejuicios todavía. Si los músicos de rock invitan a un folklorista, les queda bien y hasta es políticamente correcto, pero siempre suena raro que un folklorista invite a un rockero.

Tu encuentro con Lisandro Aristimuño para el proyecto Hermano Hormiga rompe con esa suerte de división de los géneros.
Ese es un ejemplo claro. Con Lisandro nunca nos detuvimos a pensar en los géneros, simplemente somos hermanos. Nos acompañamos en los momentos duros, cuando estábamos mal o estamos felices. Nos llamamos todo el tiempo y hasta nos pasó que me levanté pensando en algo que soñó Lisandro. Es como una conexión que nos llama la atención. Cuando hacemos música, no nos detenemos a pensar en estilos y géneros. Simplemente disfrutamos de la alegría de hacer música juntos, y que esa música que hacemos sea fruto de la amistad y esa conexión que tenemos. La verdad que no tengo tiempo para ponerme a pensar en los prejuicios entre géneros ni esas divisiones. Por eso no puedo dejar de sentir a Fito, García o Spinetta como parte de nuestro folklore, de nuestra condición de criollos. Pienso de esa forma y me manejo de esa forma en la música.

¿Habrá una segunda parte de Hermano Hormiga?
Ese proyecto siempre estará abierto, lo que pasa es que eso lo vamos sintiendo. Es algo muy libre. El disco mismo no lo teníamos planeado, pero a la semana estábamos grabando y a los tres días estaba listo. Creo que es un álbum que tuvo su reconocimiento pero nosotros tampoco nos movimos tanto para que se súper difunda. Dejamos que tenga su curso más natural y que cada uno lo vaya a descubriendo a su momento. Hermano hormiga es para mí un hermoso álbum, hay mucha verdad ahí, y nos propusimos cantar cosas que tampoco imaginábamos. Cada uno se dejó llevar por el otro.

Contaste en una entrevista que estabas pensando en sacar el volumen 2 de Radio AM, un disco con clásicos de la música criolla que te dio muchas satisfacciones artísticas.
Es verdad, hace poco estuvimos hablando con el guitarrista Luis Chazarreta, que participó del proyecto inicial, para terminar ese disco y soltarlo, porque no lo vamos a poder presentar en vivo. Sería raro porque la onda y el espíritu de ese grupo era Elvira Ceballos (eximia pianista cordobesa de 70 años), que ya partió. Pero sí va a salir esa segunda parte. Está hermoso el disco. Estoy muy contento porque Elvira dejó grabado todo y nos queda su música. Estará presente de alguna manera con nosotros.

Este año no estuviste en Cosquín. ¿Querés elegir mejor donde tocar, o estás en un momento de tu vida que querés tener tiempo para otras cosas?
Me gustan mucho los festivales y, por otro lado, en los últimos años me cuestan cada vez más. Lo de no estar en Cosquín fue para tener un descanso y ceder mi espacio para otros artistas jóvenes muy valiosos. No he tenido mucho tiempo el año pasado -entre Hermano Hormiga, mi banda y la gira patagónica- para sentarme a escribir con más tiempo y sacar canciones nuevas desde otro lugar. Así que espero que este año pueda tomarme mucho tiempo. Veremos con que ganas llegó al próximo verano para tocar en festivales. Eso es algo que la misma edad y la experiencia te va dando, poder elegir un poco más y hacer las cosas que realmente querés. Están buenos los festivales pero me cuestan y por ahí quería hacer un poco menos, aunque igual hice un montón (se ríe). Quiero tener más tiempo para la composición y para compartir con la gente que quiero. Eso es lo importante para mí ahora.