08/07/2021

Mick Strauss muestra lo que el capitalismo deja tras su paso

Soy un coyote.

Gentileza
Mick Strauss

Mick Strauss es tramposo, embaucador. Es divertido pero peligroso al mismo tiempo. Es cálido pero también aterrador. Mick Straus es, además, el alter ego que Arthur B. Gillette construyó para componer Southern Wave, su primer disco solista. El guitarrista de Moriarty acaba de estrenar un álbum de rock de guitarras con mucho delay planteado como una road movie cargada de personajes, historias y voces que él mismo recolectó en un viaje por la profundidad de Estados Unidos, su tierra natal, durante 2019.

Arthur viajó desde Francia, donde vive, para subirse a un auto y así recorrer las rutas desde Minnesota hasta Nuevo México. Habló con la gente, recolectó sonidos y conoció historias que le generaron más preguntas que certezas y todo eso lo volcó en su música. “La verdad es que estaba muy interesado por la figura del coyote”, cuenta para intentar explicar qué lo llevó a recorrer Estados Unidos. “Mick Strauss no es Arthur. Para mí él es un coyote. El comportamiento de estos animales es muy interesante. Son muy adaptables y viven en muchos lugares. No son un lobo pero tampoco son un perro, es como algo en el medio de los dos. Viven en manadas pero también pueden ser muy solitarios".

"Fue una figura que descubrí a través de leyendas y cuentos de tradición popular de los nativos americanos porque es un animal que tiene mucha importancia para ellos -sigue Gillette-. Esa fue la base de mis aventuras, pero fue como uno de esos viajes en los que vas con un objetivo y después la ruta te lleva a otros lugares. Eso fue lo que me pasó y terminé conociendo un montón de otras personas, grabando conversaciones y sonidos”.

Al hablar con más y más gente, al ir pasando por diferentes lugares, el viaje comenzó a transformarse. “No era el país que había conocido cuando era chico”, dice con algo de nostalgia desde su habitación en Francia. “Fue un viaje muy oscuro. Esa parte media de Estados Unidos es dura y difícil. Para las personas que viven allí, el mandato de Trump fue difícil. Drogas, racismo”.

Ese panorama incierto y oscuro se ve impreso, necesariamente en Southern Wave. Es un disco de ruta y a medida que avanza tiene una carga de tensión, casi de suspenso (“Close Your Eyes”). Por momentos es amplio y con brillo (“Alien Libertine”) y en otros es opresivo, duro (“Sin Under Our Skin”). El viaje de Mick Strauss suena, por momentos, a una habitación muy pequeña con música muy fuerte. “Es definitivamente opresivo. Hay mucho uso del delay para hacer eso, trabajamos mucho en esos detalles. También los sonidos del teclado, que pueden ser muy amplios o apretados a la vez”, dice Gillette.

En esa idea de contar una historia o plantear un disco como una narración, el trabajo del guitarrista junto al productor fue clave. “Las canciones son pequeñas películas de sonido, radioteatros. Quisimos hacer una serie de películas diminutas donde tengas imágenes de ciertos momentos y que tengan una correlación con las canciones con lo que las letras estaban queriendo decir”. El qué de ese cómo, el contenido de sus letras y lo que Mick Strauss cantó de esos pueblos atravesando el tramo final del trumpismo fueron, al igual que su música, igual de tristes. “Me encontré con el poder del capitalismo extremo. Encontré a muchos nativos americanos que estaban luchando contra proyectos que destruyen sus tierras y los ecosistemas naturales. La construcción del muro en todo el sur del país también invadió y destruyó territorio nativo americano”, explica.

“Lo que escuché fueron luchadores bastante idealistas, rebeldes, de diferentes colores y religiones que estaban realmente luchando contra estos avances -continúa Gillette-. Escuché a esta gente luchando y creyendo en el poder del espíritu, el poder solo de la mente y el espíritu para contaminar el mundo con sus ideas para parar estos proyectos que quieren destruir el medio ambiente y la cultura nativa americana. Hay un idealismo que implica que si cambiás tu mente podés cambiar el mundo”. 

Si Mick Strauss es como un coyote, salvaje y animal, Arthur B. Gillette es el lado humano y del espíritu. “Me encantaría hacer colaboraciones con personas que descubran mi música aunque no use redes sociales. Me gustaría trabajar con otros músicos”, dice. El francés está en constante movimiento y, al buscar sus raíces e ir tras la huella del coyote, se encontró con el paso devastador del hombre. Arthur afirma que hace música es para conocer gente, lugares y músicos. Mick Strauss, por su lado, hace música por haber conocido gente, lugares y músicos.