25/04/2019

Grand Prix y el reencuentro con su pasado por una sola noche

El power pop también tiene su burbuja en el tiempo.

Gentileza
Grand Prix

La información breve dirá que Grand Prix toca este viernes en Cultural Morán (Pedro Morán 2147). Si se quieren agregar algunos detalles más, se podría decir que el show será a casi siete años del anterior, que ocurrió en diciembre de 2012. Y si se quiere completar aún más el cuadro, se puede sumar que será a 15 años de su separación, en 2004, luego de haber atravesado la Argentina post 2001 con saldo a favor en el frente artístico, pero en un contexto social y económico lejos de lo ideal. Lo explica el cantante y guitarrista Sebastián Rubin: “Estábamos en el momento y el lugar correctos para despegar, pero eran también los peores posibles”.

Formada en los 90, Grand Prix fue una de las primeras bandas locales en trasladar el power pop a estas latitudes, una senda que su vocalista y principal compositor luego profundizó con Rubin y los Subtitulados y Los Andes. En poco menos de diez años de vida, el grupo atravesó el nacimiento de una escena independiente todavía en desarrollo, la crisis del 2001 y una gira por España que, lejos de estabilizar la situación, terminó por desgastarla. "A todos los de esa generación les pasó lo mismo. Turf fueron los únicos que investigaron un poco, despegándose del indie. Después, Menos que Cero, Bristol… a todos la crisis nos dejó un poco enclenques”, define Rubin.

En todo este tiempo, la posibilidad de un regreso de Grand Prix estuvo supeditado a un factor mayor: Agustín Casalía, su baterista, migró a Europa, y los encuentros entre excompañeros se dan cada vez que regresa de visita. “Cuando él viene, tratamos de juntarnos todos, al menos para cenar una vez. El show anterior de 2012 fue así, de hecho, y eso que casi ni habíamos tenido contacto en todos esos años entre la mayoría”, dice Rubin. Ese reencuentro con la última formación (que completan el tecladista Pablo Font, el bajista Fernando Lee y el guitarrista Sebastián Arpesella) fue, según el cantante, algo que se debían desde la separación: "Nunca habíamos tenido un encuentro del todo juntos y que fuera feliz. Nos fuimos reencontrando algunos con otros, de a poco levantamos las barreras y fue muy sano”.

Grand Prix
(Foto: Nora Lezano / Gentileza)

En contraste, la fecha del Morán no responde más que a no desaprovechar la oportunidad de retomar canciones que ninguno de los integrantes de Grand Prix interpretó por su cuenta en todo este tiempo (“un reencuentro con el repertorio sin ninguna agenda atrás”, dice Rubin). Además de permitir fantasear con algún escenario distópico, el paso de los años también permite contemplar los hechos desde una óptica más renovada. Con una rutina de ensayos que comienzan temprano por la mañana y terminan a la mitad de la tarde, las fichas parecen haberse acomodado: “Estamos en buenos términos, de buen humor y con altos niveles de cariño. Además, somos más grandes y tocamos mejor”.

Así como durante mucho tiempo fue improbable pensar en una reunión de la banda, Rubin asegura que es igual de factible pensar en un desarrollo a futuro: “No hay ningún plan de revivir esto en términos de darle una vida con una agenda cotidiana, porque nos gusta que la banda seamos nosotros cinco y no hay ninguna idea de revivirla más allá de estos encuentros. Yo tampoco pensaba que nos íbamos a juntar jamás, y pasó hace ocho años y fue precioso”. Con un cancionero cada vez más pulido, volver a un escenario se perfila para la banda como la manera de cerrar un círculo en el que el hermano menor de Casalía pasó de ser un chico que usaba tapones y se quedaba dormido en los ensayos a convertirse en el dueño de la sala en donde terminó de ajustarse la versión 2019 de Grand Prix. “Es una vuelta que te hace sentir un poco viejo, pero también es emotiva”, explica Rubin. Y luego reformula: “O por ahí nos emocionamos porque estamos más viejos”.