11/04/2019

Foals y el disco como antídoto contra la tiranía del algoritmo

Nueva era, viejas mañas.

Alex Knowles / Gentileza
Foals

Desde hace algún tiempo, en Foals conviven varios extremos: el math rock calculado y preciso de Antidotes y Total Life Forever, sus dos primeros álbumes, su acercamiento al pop con musculatura rítmica de Holy Fire, y el nervio rockero y estridente de What Went Down. Después de años de ir por distintos senderos que parecían no hallar su punto de contacto, la banda liderada por Yannis Philippakis encontró la solución: un álbum en dos entregas. “Fue una respuesta a la cantidad de de música que fue surgiendo mientras grabábamos, no es que teníamos la intención de hacer dos discos”, explica el cantante y guitarrista sobre Everything Not Saved Will Be Lost, cuyo primer volumen se publicó a fines de marzo, mientras que el segundo llegará a las bateas en septiembre.

Así como no estuvo pensada de antemano, la elección del formato se condicionó mientras el proceso creativo se extendía más de lo planeado. “Una vez que nos dimos cuenta de que habíamos terminado 20 canciones, hubo muchas discusiones sobre qué hacer con esos temas y cómo lanzarlos al mundo. Sentíamos que queríamos publicarlo todo, porque si hacíamos una edición de todo eso no íbamos a estar mostrando el cuadro completo”, explica Philippakis. La manera de llevarlo adelante, asegura, fue la de buscar paralelismos: “Nos dimos cuenta de que teníamos dos temas que podían abrir un disco y otros dos para cerrar. Empezamos a encontrar muchas diferencias de climas e instrumentación que hicieron más fácil partirlo en dos”.  

Aunque separados, los dos volúmenes de Everything Not Saved Will Be Lost funcionan como parte de un todo. “La segunda parte es más guitarrera y funciona como una respuesta a la primera: entendés todo recién cuando terminás el segundo volumen. El disco en sí finaliza en la última canción del próximo disco”, aclara el líder de Foals. A su lado, el baterista Jack Bevan ayuda a completar el concepto: “En las reuniones que mantuvimos antes de entrar a grabar, decíamos que queríamos recuperar un poco el espíritu guitarrero, porque estaba medio ausente en los dos últimos discos, en comparación con los primeros. Supongo que, como banda, todo lo que hacés es una respuesta a otra cosa que hiciste antes, y entonces todo surge naturalmente”.

Foals

Resuelto el formato, el otro cambio que acarreó la grabación se manifestó en las letras. Conocido por una prosa críptica y plagada de metáforas, Philippakis decidió volver a algunas temáticas que había trabajado en sus primeros discos. “Tengo una tonalidad y una gama de temáticas en las que suelo pensar muchísimo, como los miedos al futuro”, dice. Dispuesto a no repetir el método compositivo, esta vez el vocalista eligió las temáticas que sentía tenían anclaje en el mundo real: “Son tiempos fascinantes y eso hace que el disco signifique bastante más para la gente. Si hacés que las canciones sean sobre el quilombo en el que estamos metidos, hay una conexión muy directa que podemos llegar a construir entre nosotros y la gente que lo escucha, así que eso también se volvió una inspiración”.

Después de que Foals trabajó en sus discos anteriores con productores como Flood, Dave Sitek (TV on the Radio) y James Ford (Simian Mobile Disco), esta vez esa tarea recayó en la propia banda. Y aunque el comienzo fue engorroso, luego terminó jugando a favor en el producto final. “Llegamos a un punto en el que queríamos pulir todas las aristas para llegar a saber cómo sonaría un disco sin interferencia del exterior”, explica Yannis. “El resultado final es bastante natural y creo que es un reflejo fiel de lo que somos. Queríamos acercarnos a nuestra propia historia de una manera más natural” , explicaba el vocalista antes de que Foals tomase por asalto el escenario principal de Lollapalooza 2019 en su segunda jornada. Hasta hace poco, su rutina en backstage incluía mirar videos de boxeo antes de salir a tocar, hasta que entendió que debía moderarse: “Me di cuenta de que mirar eso y escuchar Wu Tang Clan antes de un show hacía que todo fuera más agresivo”.

En tiempos en que la tiranía del algoritmo en las plataformas de streaming pide simples para no desaparecer de las portadas, sacar un disco doble en dos entregas califica como declaración de principios. “Creemos en el disco como forma artística, te permite crear un mundo en 40 minutos. Nunca fuimos una banda de singles, así que no tendría sentido concentrarnos en sacar canciones a mansalva, porque nuestra obra funciona mejor como parte de un todo”, explica Bevan. A su lado, Philippakis asiente y completa: “Sentíamos que era un enfoque nuevo y refrescante. Hoy en dìa, cuando sacás un disco, ya al año siguiente se siente como algo lejano en la historia. Esto hace que todo se mantenga vivo”.