28/08/2017

Max Oscarnold, un rolinga en el indie británico

El músico argentino toca en Toy y The Proper Ornaments, dos bandas que brillan en la escena londinense.

Max Oscarnold
The Proper Ornaments - Second Stage

Hizo el trayecto inverso al de Luca Prodan, aunque por motivos similares. Max Oscarnold “venía bardeándola” en Buenos Aires cuando recibió el consejo de irse por un tiempo de un tipo que sabe de músicos barderos: Andrew Loog Oldham, el mítico productor de los Rolling Stones. Entonces, el muchacho, que ya había vivido en la India y Brasil, agarró la guitarra y se sacó un pasaje de ida hacia Londres. Al poco tiempo ya estaba tocando en el circuito indie de la ciudad, después armó The Proper Ornaments y luego le ofrecieron integrar Toy, una de las bandas más interesantes que se puede ver hoy en la capital inglesa.

Así se puede resumir la historia de Oscarnold, que se define como “un rolinga, aunque tenga a los Beatles tatuados”. Pero hay mucho más para contar, y entonces es mejor poner las cosas en orden. “Mis viejos se separaron y cuando yo tenía cuatro años, mi vieja se juntó con un señor que trabajaba en el ministerio de Relaciones Exteriores. Lo mandaron a la India y yo fui con ellos -arranca el músico-. No quería ir, estaba contento en la Argentina, mi viejo estaba ahí… Le dije a mi vieja que sólo me iba si me compraba un walkman, así que me lo compró, pero no tenía cassettes. En el aeropuerto me compró el único que había, que era de Tracy Chapman, así que escuché Tracy Chapman durante cinco años (risas). Pero es un buen indicador de que me gustaba la música desde chiquito: me convenció porque me compró un cassette”.

En 1991, el destino diplomático fue más cercano: Brasil. “Ahí me explotó la cabeza: escuchaba a Sepultura y Ratos de Porão al mismo tiempo que a Nirvana y todo lo que estaba pasando en ese momento”, recuerda Oscarnold. “Cuando volví a Buenos Aires unos años más tarde, me juntaba con los pibes del barrio en San Fernando y curtíamos rocanrol y todo eso. Eran bandas rolingas de pibes que no querían seguir haciendo las cosas bien, se dejaban el pelo largo y empezaban a escabiar (risas). Haber vivido en tantos lugares hizo que pueda adaptarme fácilmente a los entornos, por eso nunca pensé en fronteras. De hecho, cuando estaba en el horno en la Argentina, mi instinto me dictaba que tenía que irme. Uno nunca se olvida de dónde viene, pero hay también una especie de instinto de supervivencia que te indica qué hacer”.

Antes de irse a Londres, Oscarnold formó parte de Los Otros, una banda que también integraban Fernando Salamalea y Yul Acri. Llegaron a grabar un disco, que Oldham se llevó a mezclar a Nueva York, pero que nunca salió: era el post Cromañón y no había muchas posibilidades para tocar. Y entonces “se fue todo al carajo”. “Yo estaba en una posición muy vulnerable, enquilombado de muchas formas -recuerda el músico-. Un par de años antes de que me viniera, habían matado a un amigo mío que había quedado en medio de la policía y unos chorros. La policía andaba tirando como loca… Vi muchas cosas que me afectaron un montón, entonces andaba muy enojado. Y tener 20 años y andar muy enojado no es una buena combinación: mucha falopa, problemas de familia, corralito… Sentía que el mundo se estaba viniendo abajo y que la forma en la que yo estaba absorbiendo la situación afectaba a la gente que quería”.

“Algunos amigos me joden y me dicen ‘Te fuiste cuando el barco se prendió fuego’, pero yo estaba más prendido fuego que el barco “, continúa Oscarnold. “Ellos se la bancaron, pero para mí era una cuestión de vida o muerte. Y también no quería joder más a mi familia, quería dejar a la gente en paz. Hablando con Andrew, me dijo ‘Mirá, me parece que deberías irte por un tiempo’. Y entonces me vine para Londres con un pasaje de ida y un poco de guita. Desaparecí porque me querían encerrar, me iba a meter en quilombos, estaba muy complicado. No es que después dejó de complicarse, porque la vida siempre sigue complicándose, pero en ese momento pensé que iba a hacerme bien salir un poco. No pensaba quedarme en Londres, no tenía un plan”.

La gran Luca, pero al revés, se le apunta. Y responde que sí, pero en todo sentido. “Después tuve acá los quilombos de los que él se había escapado. Son cosas que le pasan a la gente cuando está creciendo… Igual, es gracioso que lo nombres a Luca porque siempre fue una gran influencia para mí, una especie de ejemplo… a veces, un ejemplo a no seguir. Mucha gente con la que yo estaba en Buenos Aires había comprado un estilo de vida del pasado, pero empecé a darme cuenta de que en realidad uno tiene que aprender de los garrones que tuvieron que comerse otros para no hacer lo mismo ¿Syd Barrett se tomó 8 mil ácidos y quedó para atrás? No hagas esa… Hay que aprender del pasado. Quizás en el futuro alguien aprenda de los errores que cometí yo. Pero Londres fue un lugar muy bueno para mí, porque conocí gente increíble y empecé a tocar apenas llegué. Y sigue siéndolo, aunque extraño Buenos Aires”.

Foto: Gullick / Gentileza

Cuando Oscarnold desembarcó en Heatrow, la zona Este de Londres no era el hervidero de bandas del presente. De todos modos, enseguida se hizo amigo de los Selfish Cunt (“medio Stooges, geniales”), que le propusieron que abriera sus shows. “Arranqué solo con la guitarra y después empecé a formar parte de algunas bandas como The Proper Ornaments, con la que sigo tocando además de Toy”, explica. “Tocábamos por tocar, por divertirnos, y después la cosa empezó a tomar forma. Un simple, otro, un disco, una gira… Si le ponés amor, la música te lleva por lugares que ni te imaginás. Para mí, la música siempre se trató de ser más libre. Yo era medio enfermito y la música me curó, en un montón de sentidos”.

La llegada de Oscarnold a Toy se produjo de modo “natural”, según el tecladista. “Cuando ellos sacaron Joining the Dots, nos invitaron a los Proper Onraments a ir de gira. Nos hicimos muy amigos y después terminamos viviendo juntos. Ahora sólo vivimos juntos Tom (Dougal), el cantante, y yo, con otra gente más, tenemos una especie de estudio. En el medio, Alejandra (Diez), una chica española que tocaba el teclado, se fue de Toy, y nosotros ya veníamos demeando juntos, inspirándonos en las mismas cosas, mirando las mismas películas de Hitchcock o pasándonos libros. Entonces, cuando ella se fue, me dijeron: ‘Che, tenemos una fecha, ¿podés tocar vos?’ Y ahí arranqué, pero medio que ya estaba naturalizado de antes. Ellos estaban empezando a hacer el disco Clear Shot y fue natural que yo me integrara a Toy”.

En una noche, Max Oscarnold aprendió todas las canciones del quinteto y una semana después debutaba en un show en Francia. “Lo de tocar el teclado no es tan complicado, porque es más una cosa de textura, sónica, no es que tengo que ser virtuoso para tocar en esta banda. Siempre me gustaron los sonidos que pelaban, son como una mezcla de un montón de cosas que me encantan y que nunca había podido hacer en otros grupos porque no es fácil combinar sonidos. Estaba más acostumbrado a escribir una canción con la criolla y tocar así; ellos realmente trabajan el sonido, lo esculpen, y disfrutan mucho de ese trabajo. A veces primero llega el sonido y después la canción; yo estaba acostumbrado al revés”, dice el músico.

Clear Shot, el último disco de Toy y primero del músico argentino en la banda, exhibe una cruda destilación de psicodelia y shoegaze, con ritmos krautrock y un balance entre oscuridad post punk e iluminación folk. Después del álbum, la banda publicó un split con Rose Ellinor Dougal (ex The Pipettes), hermana del cantante y exnovia de Oscarnold. Las dos canciones son covers de The Incredible String Band. “Todos somos fans, pero Tom es recontra fanático desde muy chiquito, así que siempre está esa influencia, como la de Fairport Convention y el folk inglés”, explica el tecladista.

¿Es The Incredible String Band como Atahualpa Yupanqui para los argentinos? “¡Soy re fanático de Yupanqui!”, se excita. “Cuando nos vamos de gira, les pongo sus discos a los chicos y les encanta. También les hice escuchar Sui Generis, Viejas Locas, La hija de la lágrima -que es uno de los discos que más me gustan-, Artaud, Pescado Rabioso, grupos uruguayos como El Kinto, y bandas de amigos argentinos que están tocando ahora. Y Yupanqui un montón, porque lo estuve escuchando mucho en los últimos dos años. De hecho, Charly, el batero, me compró discos de regalo en Francia. Así que estamos todos medio metidos con Yupanqui…”

“Ahora estamos trabajando en un disco nuevo y es muy llamativo porque se hace de una manera muy colaborativa: las cinco personas que tocamos en el grupo escribimos desde las baterías hasta las letras -sigue Oscarnold-. Eso está buenísimo, nunca había trabajado de esa forma”. La reciente publicación de un remix de la canción “Dream Orchestrator” también hace pensar en una dirección nueva para Toy. “En la época de Clear Shot hubo canciones que tenían más electrónica y no pudimos terminarlas, pero son el puntapié del disco que estamos grabando ahora. Hay más secuencias y electrónica, es algo que siempre quisimos hacer. Nos gusta mucho Martin Rev, Throbbing Gristle, Genesis P-Orridge; es más esa onda que la electrónica para bailar”.

La actividad con Toy y Proper Ornaments hizo que Oscarnold lleve dos años sin volver a la Argentina, pero planea hacerlo en diciembre para visitar a su familia y amigos, y “hacer un par de fechitas tranquilas”. También se ilusiona con venir con sus dos bandas: “Estaría bueno, porque ahora es más fácil ir para grupos que no son gigantescos”. Y cierra con una comparación que quizá sorprenda: “Acá hay muchos lugares para tocar, entonces tenés más posibilidades, pero extraño un poco la inocencia de lo que ocurre en la Argentina, donde la cosa es un poco más lenta, no tan frenética y genérica, en un punto, porque todos los días salen 8 mil discos. Así, la música pierde valor”.