18/03/2018

Wiz Khalifa, Mac Miller y Khalid: ritmo y sustancias en Lollapalooza

Armá, prendé, fumá, rapeá.

Cecilia Salas

Minutos después de que Lana Del Rey lograra que el hecho de solicitar un cigarrillo se convierta en un gesto de ternura e intimidad, Wiz Khalifa no necesitó pedir permiso para entrar al Alternative Stage de Lollapalooza fumando un porro de dimensiones bíblicas.

Con chaqueta amarilla desprendida y anteojos verdes, el rapero más fumón desde Snoop Dogg hizo de su show una celebración cannábica desde el minuto cero hasta el final. Volaron globos en forma de faso, las visuales hicieron referencia constante a las hojas de marihuana y las directivas al público (en homenaje Method Man) fueron claras: "Armá, prendé, fumalo".

Mucho más colorido y festivo que en su show del Luna Park hace dos años, Khalifa hizo gala de sus rimas directas sobre una música que no busca abrir tanto el juego como las de Chance The Rapper o Anderson .Paak sino que se centra en un sonido pop más en sintonía con los graves explotados y los beats sintéticos de la música electrónica. Así lo planteó desde el inicio con "Captain" y "Something New", secundado por un DJ corista, dos tecladistas polifuncionales y un baterista.

Como un cura narcotizado, Khalifa se paró cabizbajo en medio del escenario para "Letterman", y dejó que el flow se vuelva una suerte de recitado salmódico obsesivo y monolítico. En continuado, "Bake Sale" (con las voces de Travis Scott disipadas) retomó el cuelgue amigable que se extendió hasta "Fetty Wap", en plan soul y con el pulso humano más evidente.

"Black and Yellow", "Taylor Gang" y la infaltable "See You Again" fueron los hits instagrameables de un set que mantuvo una energía constante de principio a fin. "¿Puedo confesarles algo? Estoy re loco", dijo antes de "So High". Menos mal que lo aclaraste, Wiz.

 Bajo una enorme nube negra que amenzaba con una lluvia que nunca llegó, Khalid desplegó todo su arsenal de sintetizadores y coreografías como complemento visual ideal para interpelar al público adolescente que lo sigue. Con melodías de soul energizado, a veces más espesas (“Cold Blooded”) y a veces más frenéticas (“Saved”), y ritmos modernos (“8TEEN”, su costado más The Weeknd), el norteamericano de 20 años confirmó por qué American Teen (2017), su primer disco, cosechó tantos elogios.

“Yo estoy teniendo un buen día”, comentó en español para luego agregar que se trataba de su primer show de la gira sudamericana. Y luego sorprendió con una advertencia que tuvo mucho de falsa calma: “Ahora vamos a hacer una canción triste”, dijo previo a la convulsionada “Another Sad Love Song”, que se cargó de porristas, un beat intenso y sus movimientos non stop. Tal vez porque eso de que "las penas se van bailando" no sea tan errado. 

 "Quiero que sepan que todos los días del año, todos los años, es 'fuck Donald Trump'", aulló Mac Miller, el rapero blanco de Pensilvania, en el escenario alternativo antes lanzarse con la canción que lleva el nombre del presidente de los Estados Unidos. "Fuck Donald Trump", respondió el público, haciéndose cargo de una causa ajena. "Ahora canten 'Will You Stay'", pidió luego aprovechando la reciprocidad antes de encender un R&B furioso en "Stay".

Más allá de su flow aceleradísimo -que por momentos recuerda a Eminem-, la clave del show estuvo en esa comunión con su gente, receptora de las lanzas en forma de rimas que propició el MC. Entre puños al aire y agites constantes, la presentación de Mac Miller viró de manera constante en ritmos, desde la cruda "Diablo" ("Todos tienen amigos muertos", cantó) hasta los coros lumínicos de "Knock Knock".