16/10/2016

Wilco en el BUE: los modos de seguir a la canción

Jeff Tweedy y los suyos desarman tradiciones para entregarlas reensambladas y frescas, vía Chicago.

Un instante del primer show de Wilco en la Argentina sirve para poner en palabras lo que significa la banda de Jeff Tweedy. No fue más que un segundo y ni siquiera una sorpresa, porque es lo mismo que el sexteto grabó en The Whole Love (2011), pero su consumación en el escenario del Festival BUE, por fin a pocos metros de un público que esperó muchos años por eso, elevó el concierto a una estatura de la que se hablará durante mucho tiempo. Sucedió en "Art of Almost", que deconstruye la canción country y la devuelve como kraut rock, hasta que toma una épica basada en una repetición casi industrial: en ese punto en el que las guitarras del cantante y el inmenso Nels Cline parecen no poder ir más allá, arrastradas por la precisa vorágine del baterista Glen Kotche, Wilco sencillamente dio ese paso imposible. Uno pequeño para la humanidad, pero enorme para la emoción de corazones encendidos por el interplay de seis tipos en llamas.

Y eso no fue todo, claro. Porque antes había sonado "I Am Trying to Break Your Heart", donde la banda pareció desarmarse como atacada por una súbita ebriedad e igual de rápido cobró su forma más segura. O porque en "Via Chicago" una tormenta de electricidad a la Sonic Youth atacó desde todos los flancos a Tweedy y al bajista John Stirratt, que continuaron cantando a dúo una melodía country hasta que los truenos cesaron. O por el solo a dos guitarras entre el cantante y Cline en "Impossible Germany", el moño justo para una canción de serena belleza. O por la sencilla e íntima perfección de "Jesus Etc.". Y así...

De cualquier modo, la experiencia de ver a Tweedy y los suyos es más que la acumulación de (muchos) momentos por el estilo. En sus más de veinte años de trayectoria, el grupo ha pasado por diferentes estadíos creativos -generalmente vinculados a turbulencias en la vida de su líder- e incluso cambios de formación, pero siempre con un norte claro: lo que le importa a Wilco es seguir a la canción allí adonde ella quiera ir. Si apunta a internarse por el ruidismo del downtown neoyorquino, ahí está Cline a mano para manejar el vehículo. Si Kotche tiene que convertirse en una máquina de repetición en "Spiders (Kidsmoke)", deja su virtuosismo de lado y se embarca en el motorik como si su banda fuera Neu! y no una con tradición de alt country. Y si lo que la canción precisa es su manifestación más directa, todos pasan a un segundo plano sin problemas para dejarla brillar como la estrella que es.

Porque Wilco no es una banda "experimental" sino una que experimenta. Y que también se corre de ese rol muy a menudo, para volver sobre sus inicios con "Box Full of Letters", divertirse con la evocación de otros tiempos en "Heavy Metal Drummer" o plantarse -como Kotche parado sobre su batería por unos segundos- en "I'm the Man Who Loves You". "Dawned on Me" -con Cline tocando guitarra de doble mango-, "Theologians", "I'm Always in Love" o "Red-Eyed and Blue" son más ejemplos del sexteto entregándose de lleno a la melodía, que puede tomar ropaje más o menos rockero, country, folk o incluso power pop. Porque si por momentos Wilco reelabora las mismísimas raíces de la música blanca estadounidense, tampoco tiene demasiados pruritos para hacer suya la herencia de los Beatles y hasta de Big Star, como en la acelerada versión de "Outta Mind (Outta Sight)".

Como si en The Whole Love hubiese ido todo lo lejos que una banda puede avanzar sin dejar de ser "música popular", los últimos dos álbums de Wilco -Star Wars, del año pasado, y el reciente Schmilco, ambos grabados en las mismas sesiones- han sido una suerte de simplificación de los esquemas cancioneros de Tweedy y los suyos. Aunque, claro, siempre puede suceder que el sexteto dé ese paso extra... Sin embargo, "Random Name Generator" y "Locator" no resultaron anomalías en una lista que, como anticipó el cantante, fue un recorrido por toda la discografía del grupo vista desde el presente. Por eso, Wilco pudo cerrar con dos canciones tan disímiles como "Spiders (Kidsmoke)" y "I'm a Wheel": en esa rara habilidad para desarmar tradiciones para entregarlas reensambladas y frescas radica la alquimia de esta banda única.