11/10/2017

U2 en el Estadio Único: nostalgia en alta definición

"The Joshua Tree", un bono a 30 años que paga buenos intereses.

Ross Stewart / Gentileza

La historia de U2 tiene un punto de quiebre en 1987. La publicación de The Joshua Tree, el disco cuyo aniversario sirve como excusa válida para su tour actual, no sólo terminó por convertir a la banda irlandesa en un monstruo de multitudes, sino que delineó las reglas con la que Bono y compañía manejaron su propio juego en las décadas siguientes. Así llegaron los himnos de estadio y las puestas escenográficas cada vez más complejas, pero también algunos formulismos, la megalomanía, el coqueteo con primeros mandatarios y el compromiso social de su frontman, que por momentos pierde el norte o patina al mezclar los tantos de manera difusa.

La cuarta visita de U2 a la Argentina estuvo planteada de manera cronológica. Con un escenario montado sobre la mitad del campo, Larry Mullen Jr. se sentó tras su batería y dio inicio a la jornada con el redoble marcial de “Sunday Bloody Sunday”, el tema que abre War (1983), su tercer disco. Sin más recursos que unos reflectores blancos apuntando sobre los propios músicos, la escena parecía querer recrear la austeridad escénica de sus comienzos, con “New Year’s Day” y “Bad” como banda sonora. Ante un público que no podía disimular el fervor (y también el alivio) de haber visto en pantalla gigante cómo el seleccionado de fútbol se garantizaba su lugar en el Mundial de Rusia, Bono no pudo consigo mismo y acotó “Gracias Lionel Messi por demostrar que Dios existe”.

Una versión algo desabrida de “Pride (In the Name of Love)” (de The Unforgettable Fire, de 1984) funcionó como transición hacia el segmento principal de la noche. Mientras el tema se disolvía en un fade out tracción a sangre, en la pantalla del escenario principal se proyectaba la transcripción del famoso discurso de Martin Luther King Jr. en las escalinatas del Monumento a Lincoln. De ahí en más, The Joshua Tree fue interpretado en su totalidad y en el orden original del disco, un viaje nostálgico en altísima definición con visuales a cargo de Anton Corbijn.

U2

(Foto: Tomás Correa Arce / Gentileza)

Con una imagen de un road trip por el desierto de Mojave, “Where the Streets Have No Name” encontró a los cuatro músicos tocando lo más cerca posible uno del otro, como apabullados por el monstruoso LED de veinte metros por sesenta que tenían a sus espaldas. La escena se repitió en esa suerte de pop góspel llamado “I Still Haven’t Found What I’m Looking For”, en la que Bono cedió la primera estrofa al público y coló versos de “Stand By Me”, pero a la altura de “With or Without You” tuvo a The Edge, al bajista Adam Clayton y al vocalista repartidos por el escenario, como jugando con la sensación de enormidad que transmitían las imágenes del Gran Cañón que se veían de fondo.

“Bullet the Blue Sky” ofició como una descarga intensa hecha a medida del histrionismo de Bono, que se paseó por el tablado portando un reflector con cámara incorporada. Convertido en un guitar hero por su ya distintivo uso de los delays en serie para crear cascadas de sonidos, The Edge abandonó su instrumento para hacerse cargo de los teclados en “Running to Stand Still” y “Red Hill Mining Town”. “In God’s Country” trajo al rock de vuelta al estadio, un gesto que tuvo su continuidad en el folk marchante de “Run Through Your Wires”, con Bono en armónica, y el clima sofocante de “Exit”, convertida en una diatriba anti Trump.

“Mother of the Dissapeared”, dedicada por Bono “para todos los que en la Argentina pelean por los derechos humanos del pasado y el presente”, puso fin al repaso de su disco seminal, en un clima de intimismo notable, con banda y público susurrando la frase “El pueblo vencerá”. Casi en continuado, U2 pegó un salto de década y media en su propia historia para la optimista “Beautiful Day”, con las pantallas convertidas en un caleidoscopio multicolor, y la brecha fue notable. Es difícil no jugar a las similitudes y diferencias entre el pasado más remoto de la banda y el más cercano, cuando lo que se tiene en un extremo de la balanza son canciones como “Elevation” y “Vertigo”, dos temas hechos con el mismo molde y que no hubieran tenido vida más allá de un lado B de algún single del grupo en los ochentas, por más citas a “Rebel Rebel” y “Starman” de David Bowie que Bono les imprima a sus letras. Misma suerte corrió “You’re The Best Thing About Me”, el single con el que la banda promociona Songs of Experience, el disco que editará en diciembre.

Tras esquivar cualquier mención política y social durante el recital, a la hora de los bises, Bono hizo un discurso sobre el rol de las mujeres en la historia y la importancia de la igualdad de género antes de “Ultra Violet (Light My Way)”, y lo que siguió graficó a la perfección el caos de corrección política del que es víctima el vocalista de U2. Mientras la banda interpretaba el tema de Achtung Baby!, en la pantalla de fondo se proyectó la imagen de un seleccionado de mujeres notables en el que estuvieron Patti Smith, Eva Perón, Pussy Riot, el colectivo Ni Una Menos, María Elena Walsh y Susana Trimarco, pero también Angela Merkel, Celia Cruz y Gloria Estefan con un criterio unificador indescifrable. “En la Argentina no son ni de izquierda ni de derecha. Son un gran país y tienen mucho futuro cuando todos trabajan juntos”, esbozó Bono antes de cerrar la noche con “One”. Con una sola frase, el cantante convirtió al final del show de U2 en un acto de cierre de campaña. Interpretar a gusto.

(Foto: Tomás Correa Arce / Gentileza)