22/11/2015

Homenaje a Spinetta en el CC Kirchner: influjo estelar

La celebración de vida y obra de un alma de diamante.

Rodrigo Ruiz Ciancia - Gentileza Centro Cultural Kirchner

Como muy pocas veces, las siete letras de la palabra "emoción" resultaron insuficientes para describir los vaivenes del corazón. "Tu vuelo al fin", el homenaje a Luis Alberto Spinetta realizado el último sábado en la Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, fue demasiado y, a la vez, apenas rozó la superficie de una obra inmensa, única, imposible de abarcar en una noche. Si no pudo lograrlo el propio Flaco en las inolvidables cinco horas de Las Bandas Eternas en Vélez, no había chance de que sucediera ahora que él ya no está. Pero, pese a eso, las lágrimas, la sensación de sobrecogimiento, el disfrute íntimo, el volver a maravillarse ante la perfecta conjunción entre un acorde marciano y una metáfora que abre las puertas de universos...

Ese "embrujo de pájaro cantor que echó a volar" al que Andrés Calamaro le agradece en "Belgrano" fue presencia en este homenaje monumental e irrepetible, por más que la ausencia de Spinetta también lo haya marcado. El primer acierto de Javier Malosetti, convocado por el ex Almendra Rodolfo García (actual Director de Artes de la Nación) para armar el tributo, fue evitar el esquema de Las Bandas Eternas. ¿Qué sentido hubiera tenido tratar de tener retazos de Almendra, Pescado Rabioso, Invisible o Jade sin el propio Luis Alberto? Sólo habría servido para magnificar el agujero enorme que su muerte dejó en la cultura argentina y en los sentimientos de miles de personas.

En cambio, que los músicos que lo acompañaron durante toda su carrera armaran grupos para repasar canciones de su repertorio significó un paso adelante, un modo de expresar que el espíritu de Spinetta traspasa incluso las fronteras de la muerte. "Tu vuelo al fin" fue una celebración de una obra y de una personalidad que moldeó a varias generaciones. Porque incluso en personas que nunca le prestaron seriamente atención al Flaco está su impronta, ese pedacito de alma de diamante que dejó con una vida hermosa.

Y ni que hablar si se trata de los músicos que estuvieron a su lado en el trayecto, desde García y Emilio del Guercio, sus viejos amigos de Almendra, hasta Sergio Verdinelli, baterista de la última formación que lo acompañó. En el medio, casi todos: David Lebón, Bocón Frascino, Black Amaya y Carlos Cutaia (Pescado Rabioso); Gustavo Spinetta (que grabó nada menos que Artaud); Machi Rufino (Invisible); Juan Del Barrio, Leo Sujatovich y Mono Fontana (Jade); Marcelo Torres (Los Socios del Desierto); Malosetti, Lito Epumer, Jota Morelli, Claudio Cardone, Cristian Judurcha, Matías Méndez, Dhani Ferrón, César Franov, Daniel Rawsi, Guillermo Arrom y Nico Cota. Sumados, claro, a Ricardo Mollo, confeso admirador del Flaco; Vera Spinetta, la menor del clan; y la Orquesta Kashmir. Si hasta estaba Aníbal "La Vieja" Barrios, histórico "plomo" del Flaco...

El repertorio elegido y la estructura del concierto también hay que apuntarlos entre lo que ayudó a construir una noche única. No hubo "lugares comunes", como podrían haber sido "Seguir viviendo sin tu amor" o "No te alejes tanto de mí" -y nadie pidió que cantaran "Muchacha (ojos de papel)"... ¡aprendieron, Flaco!-, aunque tampoco se centró en lo más inaccesible de la obra de Spinetta. De entrada, nomás, sonaron "El monstruo de la laguna" y "Post-crucifixión", con Amaya, Frascino, Ferrón, Del Barrio y Torres, que entre los dos temas hizo "Para ir" solo con su bajo de 3640 cuerdas. La segunda formación fue bien de jazz rock: Epumer, Sujatovich, Del Barrio, Franov, Rawsi/Morelli y Ferrón hicieron "Amarilla flor" y el instrumental "Influjo estelar".

"Post-crucifixión"

Malosetti la rompió en guitarra y voz haciendo "Cementerio club", con Del Barrio, Méndez y Gustavo Spinetta; y luego se puso a intercambiar solos de bajo con Méndez y a dejar que Morelli asombrara desde los parches en una larguísima "La herida de París". La siguiente banda tenía trayectoria propia y un agregado de lujo: Epumer, Machi, Judurcha y Cardone. "Enero del último día" conmovió en la voz del bajista, pero "Durazno sangrando" dejó el corazón como la imagen del título de la canción. La apuesta se redobló con un rato de Almendra: Fontana, Cardone, Arrom, Malosetti (que no se iba a perder esa oportunidad) y Verdinelli sostuvieron las voces de Del Guercio y García (más Ferrón) en "Hoy todo el hielo en la ciudad" y "Fermín".

Cardone y Fontana pusieron sus teclados al servicio de la voz grabada de Spinetta en "Hiedra al sol" y "Fuga" , y luego se sumeron Vera, Malosetti y Cota para "Cisne". La hija menor del Flaco, que tenía tos y sufrió con el retorno, salió adelante con "Ella también", y volvió para cantar "Tonta luz" y una parte de "Canción de amor para Olga", ya con la Orquesta Kashmir, Fontana, Cardone, Arrom, Malosetti y Verdinelli. En el medio, otros dos momentos inolvidables: "Laura va" con la voz de Lebón y la impresionante "Cristálida", que nunca había sido presentada en vivo con orquesta, con un Del Guercio notable. Las dos últimas con banda las cantó Mollo: "Figuración" (que le sentó perfecto) y "8 de octubre", la canción que Spinetta y León Gieco compusieron para Conduciendo a Conciencia. Y el final, con todos sobre el escenario, debía ser "Quedándote o yéndote"...

Pero no, porque tras el conmocionante "olé, olé, olé, olé, Flaco, Flaco" que atronó la Ballena Azul, una zapada fuera de programa dejó para el recuerdo "Rutas argentinas" mezclada con "Me gusta ese tajo". ¿Que sólo había tres guitarras, un bajo y una batería? No importó: un rato cada uno. Los músicos se pasaban los instrumentos con una sonrisa, sin exhibiciones de ego sino de generosidad, en un disfrute que se trasladó a la platea. Fue, en definitiva, una celebración del espíritu lúdico de esa maravilla que es la música. Y, como correspondía, con Luis Alberto Spinetta como nexo abismal e infinito.

"Quedándote o yéndote":