13/11/2019

The Raconteurs en el Gran Rex: saludá a tu solución

Un Jack White directo a tus tímpanos.

The Raconteurs
Cecilia Salas

Jack White es la solución. Incluso cuando no haya problema a la vista. Porque según su lógica la mejor opción siempre es enchufarse, subir el volumen, arremeter, atropellar y gritar por una vida nueva. Hasta ensordecer. Y eso es The Raconteurs en vivo: un enjambre de abejas que vienen con los aguijones de punta a tatuarte en el brazo que el rock no se murió, que vos no te moriste. Como cantó anoche Brendan Brenson y todo el Gran Rex en la coda gospel-folk electrocutada de "Somedays (I Don't Feel Like Trying)", todo se reduce a “Estoy aquí ahora, aún no me morí”.

Y The Raconteurs parece haber encontrado la frecuencia justa para que la primera reacción (también la segunda, la tercera y así ad infinitum) ante la constatación de estar vivos sea epidérmica. Ya desde el comienzo con “Bored and Razed" -un juego de palabras con la expresión "Born and raised" ("Nacido y criado" es ahora "Aburrido y arrasado"), el quinteto liderado por Jack White sentó las bases de su manual empírico hacia una estética del volumen. Tiempo estimado de exposición: 110 minutos.

Si The White Stripes fue para Jack White un grupo de rock pasado por la cadena de montaje con reducción de personal incluida (el hombre nació en Detroit; ha de saber un poco de modelo de producción fordista), The Dead Weather su supergrupo para modernos entendidos, y su propuesta solista un laboratorio guitarrero abierto al público, The Raconteurs es su proyecto más yo-también-quiero-jugar-a-tener-una-banda. Bajo esa premisa, el grupo funcionó anoche como un todo compacto que, sin importar el punto de partida, siempre llegó a la distorsión como único final posible como remedio contra todos los bienes y males de este mundo. “Old Enough” primero y “Top Yourself” un poco después, ambas de comienzo sureño y cierre desmadrado, fueron los ejemplos más extremos de la premisa.

The Raconteurs

Sin importar si la voz punzante llevaba la guitarra o no, lo que The Raconteurs sostuvo durante todo el show fue una ética del riff, de la violencia sonora como argumento. Por eso cuando Jack White se sentó nuevamente al teclado para "Shine the Light on Me", las notas se disparaban igual de certeras hacia el centro de los tímpanos. Encima de ese midtempo espeso, con su voz de crooner desgarrado era el barman de El resplandor dándote la bienvenida a un bar tan deshabitado como irreal: "Cuando estás buscando en la oscuridad / No importa si estás ciego, ¿verdad?". Si hay algo peor que la soledad, es aquello que se imagina.

Pero esa luz que Jack White pide que se pose sobre él es, en realidad, un reflejo de la que The Raconteurs vino a irradiar con sus canciones incandescentes, aunque algunas veces sea en tonos marrones y en otras encandile. Poco importó si el protagonista de sus canciones le cantaba al desamor ("¿En quién vas a confiar ahora que no estoy ahí?", fue el lamento en "Now That You're Gone") o si festejara a la pareja con la misma alegría que el estereotipo rocker se regodea en el libertinaje ("Encontrá una chica y sentá cabeza", fue el cierre hitero con "Steady As She Goes"): para ellos, la única forma es con electricidad & intensidad.

The Raconteurs volvió a grabar después de 11 años y era el regreso que no sabías que necesitabas. Jack White todavía está entre nosotros para despabilarnos, así se trate de la celebración o del fastidio de estar vivos. Como cantaron anoche al comienzo de los bises: "Saludá a tu solución".

The Raconteurs