25/10/2019

The Offspring y Bad Religion en el Luna Park: esto no es una prueba

En veda y ruidoso.

Lucas De Quesada / Gentileza
The Offspring

Si los chicos están unidos, jamás podrán ser divididos”, el canto de guerra obrero que protagoniza el clásico tema de Sham 69, “If the Kids are United”, sonaba a modo de profecía mientras Bad Religion se acomodaba en el escenario saludando al público amablemente. Ese fue el punto de partida para una noche de punk rock como las que en el mundo hubo cientos pero en Argentina ninguna. Bad Religion y The Offspring forman parte de una misma camada de bandas que, desde el sur de California llevaron el punk a la televisión en la primera mitad de los años noventa, sin embargo, nunca habían venido en tándem por estas latitudes.

El rasgueo machacante acompañando los golpes de batería en “21st Century Digital Boy” puso la vara alta desde el vamos en el set de Bad Religion, una banda que sirve perfectamente para explicar la diferencia entre un Greatest Hits y un Best of; con esa diferencia, la banda liderada por Greg Graffin fue soltando lo mejor de su repertorio (“Stranger Than Fiction", “Sorrow”, “We Are Only Gonna Die”, “Los Angeles is Burning”) mientras intercalaban canciones de su reciente álbum, Age of Unreason, (“Chaos from Within”, “End of History” y “Paranoid Style”).

El poder de Bad Religion en vivo se construye bien desde atrás, desde la batería despiadada de Jamie Miller, el miembro más nuevo de la banda, y llega bien al frente, hasta la guitarra filosa y veloz de Brian Baker, quien suele tomar el escenario cada vez que Graffin retrocede. Con toda la banda caliente y entusiasmada ante la reacción del público (“Ustedes siempre tienen las mejores canciones para nosotros”, dijo Graffin ante el constante "Olé olé, olé olá") entre tema y tema llegaron “Do What You Want” y “Generator”, el momento del show en el que el sector campo dejó el pogo para transformarse en masa humana.

¿Cuán difícil será para un cantante dominar el escenario sin ninguna ayuda más allá de un micrófono inalámbrico? Ni un pie para sostenerlo y apoyarse, ni un cable para arrastrar; Greg Graffin transformó esta incomodidad en su sello, mientras sujetaba el inalámbrico con la izquierda, utilizaba su mano derecha para enfatizar con ademanes cada frase que iba narrando. Bad Religion fue un relojito. Un reloj literal: su set duró exactamente una hora cuando le puso fin al clásico “American Jesus”, ni un segundo más ni uno menos. Un reloj que mostró tener cuerda para rato.

Para cuando The Offspring llegó al escenario, el estadio ya estaba colmado con siete mil personas listas para la otra versión del compilado, la del Greatest Hits. A diferencia de Bad Religion, la banda de Dexter Holland conoció muy de cerca las ventas millonarias de álbumes y los cortes de difusión rotando de forma imparables en la TV.

De pronto, el volumen del escenario se puso en modo Luna Park y pasó de 10 a 11, se perdieron los matices y los detalles que habían destacado en Bad Religion, pero a The Offspring pareció haberle sentado bien. La voz de Holland parecía intacta al comienzo del show con “Americana” y “All I Want”, pero con el correr de las canciones fue buscando aire o acomodándose más a lo que su garganta pedía que a lo que pedía la canción.
El set de The Offspring demuestra la habilidad innata de la banda para construir hits sin atarse a un estilo específico; del post Nirvana de “Come Out and Play” y el pop punk cuadradito e irreprochable de “I Want You Bad” hasta la santanesca “Original Prankster”, todas funcionan perfectamente en vivo.

Entre tema y tema, Dexter Holland y el guitarrista, Noodles, desplegaron una rutina graciosa en la que hicieron evidente que se trataba de un diálogo que repiten cada noche: “Hey, Dexter, qué buena esa canción que tocamos recién ¿la escribiste vos?” dijo, Noodles al término de “Staring at the Sun” con lo cual recibió su correspondiente “Así es, Noodles, ¿por qué lo preguntás?” como respuesta. Lo que estaba preparado por guion sufrió un pequeño accidente que ninguno de los dos protagonistas esperaba. A ese diálogo le seguía un “Bueno, pero sabés que hay otros compositores que también hacen grandes canciones, ¿qué te parece si tocamos un tema de otra banda?”, entonces el guitarrista proponía tocar una canción de “la mejor banda del mundo”. Allí, dispararía con los primeros acordes de “Blitzkrieg Bop” de Ramones, con la idea de probar varias canciones de supuestas candidatas a “mejor banda del mundo”, pero la banda los gritos furiosos de “¡Hey Ho, Let’s Go!” fueron tan intensos que no le permitieron a la banda continuar con su chiste, que tuvo que improvisar y tocar todo el tema. Recién al finalizarlo, Noodles hizo evidente que el gag les salió mal: “¿Qué te parece si ahora hacemos un tema de la segunda mejor banda del mundo?”, dijo, y entonces sí siguieron con la programación habitual, el cover de “Whole Lotta Rosie” de AC/DC.

The Offspring

En la mitad del show de The Offspring, el clima de máxima velocidad se cortó con freno de mano cuando ingresó un piano de cola al frente del escenario y Holland quedó solo con el público haciendo una larga introducción para una canción dedicada “A los que ya no están, a los que se fueron pronto”. Sentimentalismos al margen, la versión al piano de “Gone Away” fue totalmente innecesaria. Para salir de la intimidad, la banda optó por “Why Don’t You Get a Job?” mientras una lluvia de pelotas de playa caía sobre el público. Para explicar el cambio de clima a alguien que no conozca ninguna de las dos canciones, y sin entrar en comparaciones odiosas, sería como que Paul McCartney toque “Blackbird” e inmediatamente después “Ob-La-Di Ob-La-Da”.

Para los bises, The Offspring se guardó “You Are Gonna Go Far, Kid”, uno de los temas más nuevos del repertorio junto al inédito “It Won’t Get Better”, que tocaron comenzando el show. Pero las luces se encendieron luego de que Holland y compañía cerraran su nueva visita a Argentina con la infaltable y explosiva “Self Esteem”. Así, llegó a su fin una noche de punk necesaria y ruidosa, con parte de lo más representativo de la escena californiana que aún se muestra con vida y activa tantos años después.

The Offspring