24/10/2016

The Kooks en el Personal Fest: haz lo correcto

Luke Pritchard y compañía, entre el riesgo de la búsqueda y las estrategias de manual.

The Kooks

“¿Qué tema querés? No, ése no me lo acuerdo. Debe haber sido la presencia de Cypress Hill en el backstage. Había mucho porro y eso que no yo fumo”. Mientras rasgueaba su acústica en el centro del escenario, Luke Pritchard levantaba pedidos de los fans que estaban pegados a la valla. La escena se mantuvo un par de minutos, con varios comienzos en falso, evocando olvidos, hasta que todo desembocó en el cantante interpretando “Seaside”, tal como anunciaba su lista de temas. El momento, más cerca de un paso de comedia bien ensayado que de algo espontáneo, grafica a la perfección cómo son las cosas en el universo de The Kooks: todo funciona con mayor o menor suerte dentro de ciertos márgenes de confort y corrección.

Pero, vale reconocer, la banda de Brighton es perfectamente consciente tanto de sus limitaciones como de sus metas aspiracionales. De ahí que el comienzo con el repique acelerado de “Eddie’s Gun” (o The Kinks leídos a través de The Strokes) y el efectismo pop de “Always Where I Need to Be” y su estribillo tarareado logre su cometido sin mayores esfuerzos. De a poco, todo se define por un juego de balances: al atisbo rockero de “See the World” se le ofrece como contracara el acusticazo a velocidad reglamentaria de “Ooh La”. La paleta de colores se expande un poco más en la invitación al baile de “Down”, pero se vuelve un poco más confusa en el coqueteo con el reggae en “Backstabber”.

El costado de The Kooks que mira con cariño el dancefloor volvió a hacer su aparición en “Around Town”, con el guitarrista Hugh Harris alternando entre un sintetizador y las seis cuerdas para crear una atmósfera disco. El recurso reapareció poco después en “Westside”, y aunque el resultado fue aun mejor, no dejaba de llamar la atención que The Kooks esbozara un tema pensado para la pista de baile en el que su cantante le propone a un interlocutora formar una familia. Pop para divertirse... y también para sentar cabeza.

De a poco, algunos recursos comenzaron a repetirse con más frecuencia (el tema dance, el arrime al rasgueo caribeño, la balada cantada con los ojos entrecerrados), y entonces fue cuando la banda empezó a hacer la diferencia cada vez que se corría mínimamente de la secuencia de montaje. La versión despojada de “See the Sun”, reducida a la voz de Pritchard y Harris arpegiando unas pocas notas tremoladas en su eléctrica rompió con cierta monotonía y le dio al show un poco de aire. De ahí en más, el remanente de hits casi en continuado (“She Moves In Her Own Way”, “Sofa Song”, “Junk of the Heart (Happy)” y “Naïve”) para redondear un show sin fisuras, pero también con poco riesgo. Si poco después del show de The Kooks, Emiliano Brancciari evocaba desde un estribillo un salto al vacío, Pritchard y compañía prefieren hacerlo sólo si debajo los espera una red protectora.