18/03/2016

Tame Impala y Albert Hammond Jr. en Vorterix: pasión porteña

Los australianos y el "Stroke argento" afirmaron su romance con el público local.

Agustín Dusserre - Gentileza DF Entertainment

La tercera explosión de confetti de la noche le pone marco a lo que se percibe como una historia de amor que cada vez genera pasiones más fuertes arriba y abajo del escenario. Tame Impala se sumerge en "Fells Like We Only Go Backwards" y las casi dos mil personas que convirtieron al teatro Vorterix en un sauna cantan a la par de Kevin Parker como si estuvieran alentando a un equipo de fútbol más que deslizándose por pasadizos de colorida psicodelia pop. El cantante, guitarrista y cerebro del quinteto australiano -bah, en realidad es él más el resto; en estudio graba todo solito- había vuelto al escenario para el bis con la frase "Ustedes son demasiado buenos, nos hacen sentir en la cima del mundo".  Y si la canción habla de la incómoda sensación del final de una relación, lo que se vive aquí es que Tame Impala y su público argentino siguen yendo para adelante.

La noche del jueves, de todos modos, la abrió otro músico que tiene una relación particular con el país: Albert Hammond Jr., guitarrista de los Strokes y solista por derecho propio, es hijo de una exmodelo argentina -la señora fue vista entrando a camarines con su íntima amiga Mónica Gonzaga- y conoció Buenos Aires en su más tierna infancia. Su concierto destiló adrenalina neoyorquina, por momentos hubo tres guitarras en planes diferentes y complementarios, con esa enjundia que se extraña en los últimos Strokes. Las canciones de su reciente Momentary Masters -el mini hit "Born Slippy", "Losing Touch" y "Side Boob", con la que cerró- y algunas de sus trabajos anteriores, dejaron en claro que Hammond Jr. es mucho más que un guitarrista que canta: fue capaz de contagiar a un público que en su mayor parte había ido a ver a Tame Impala.

Lo antedicho estuvo claro apenas el quinteto australiano pisó el escenario. A esta altura, Parker ya está avisado del amor que recibe por acá. Su primera visita, cuando todavía Tame Impala era la bandita que todo hipster quería esnobear haber visto en vivo, generó una de esas confluencias de sentimientos. Después, el grupo cerró aquí por primera vez en su carrera un festival, el Music Wins, y para esta nueva visita a caballo del Lollapalooza (toca hoy en el Hipódromo de San Isidro), el anuncio de un side show hizo que las entradas volaran en menos de 24 horas, un récord para Vorterix. "Cuando compuse esta canción imaginé a 2 mil argentinos cantándola, porque a ustedes les gusta involucrarse", dijo el cantante y guitarrista tras "The Moment", uno de los temas de Currents, el disco con el que reinventó su sonido.

Como para confirmarlo, mientras Tame Impala se convertía en una aplanadora épica con "Elephant", el público cantaba hasta la melodía del tema. "Oh, shit", musitó Parker justo después. Y entonces llegó la prueba de amor total entre banda y público: el "oh, Tame Impala, es un sentimiento, no puedo parar" bien sudoroso y tribunero se convirtió en un tema funky en manos del quinteto, que debería considerar desarrollarlo porque está buenísimo. "Ya lo hicimos la última vez, me encanta", soltó el australiano, que a esta altura juega bien de local en Buenos Aires. Ojo, el ascenso del grupo es notorio en todas partes, pero difícilmente suceda lo que acá, que es similar a lo que les pasó a los Ramones, Die Toten Hosen o Megadeth (a su psicodélico modo, claro).

Por más que con Currents haya cambiado el rumbo de su música -la guitarra casi desapareció y ganaron lugar los teclados-, Parker sigue latiendo al mismo ritmo que en sus primeros dos trabajos. De hecho, las canciones no sólo conviven en el show con absoluta naturalidad sino que crean un crescendo más atractivo que en el pasado. El comienzo del concierto sirve como ejemplo: después de una intro instrumental, la bella pátina pop de "Let It Happen", de su álbum más reciente, encajó a la perfección con la sensibilidad guitarrera de "Mind Mischief", del anterior Lonersim. Hubo momentos para que las seis cuerdas de Parker tornaran el lugar en un océano de colores aceitosos ("It's Not Meant to Be", de Innerspeaker), otros para el "party time" ("The Less I Know the Better") y que la introspección explotara a palazos ("Eventually").

El final del concierto fue como para desmentir el título de la canción elegida, "New Person, Same Old Mistakes". Parker puede haber renovado su enfoque musical, pero si comete los mismos errores, también ha multiplicado sus aciertos. Su entrega ganó en matices y tonalidades, puede ponerse viscosa o ir al frente con brillo pop, llevar de viaje por nubes de estática o cobrar épica en su psicodelia. Y, por supuesto, no hay ningún error en su relación con el público de esta parte del planeta. En ese aspecto, otra canción de Currents tiene un título mucho más adecuado: "Reality in Motion".