19/08/2016

Sumo x Pettinato en Niceto: cuerdas, gargantas y cables

Los perennes efectos de una música narcótica venida de otro planeta.

Roberto Pettinato - Twitter

¿Es edificante desear que una gran banda se vuelva a juntar? Sea cual sea la respuesta, en el caso de Sumo la posibilidad no es tal: Luca se murió (como Cerati). Así que ni pensarlo, ni siquiera con el bueno de Andrea, el menor de los Prodan, como alguna vez sucedió -de manera caótica, por cierto- durante una noche de primavera en Montevideo. O como en el cierre de un festival en River, con todos los sobrevivientes sobre el escenario. Lo que queda, entonces, en todos estos años de orfandad, es un puñado de discos inolvidables, variedad de piratas -mejor o peor grabados- sobre los que volver una y otra vez , y un video lleno de humo (literal: cuentan que se les rompió la máquina de hielo seco que generaba el “efecto” y así el Obras de Llegando los monos se ve entre tinieblas). Después, claro, Divididos y Las Pelotas, que no es poco. Pero ellos son otro tema, con sus más y sus menos.

El punto es que Sumo fue la banda de rock más grande del rock ¿argentino?, un objeto volador no identificado que se construyó a los empujones, entre personas con orígenes y culturas dispares, lobos sueltos que -del lado argentino- una vez que hubieron de conocer al italiano drogadicto y sabiondo, descubrieron que podían tocar eso que tocaron. De todo eso y otras tantas cosas se podía pensar mientras transcurría ese curioso experimento vivo llamado Sumo x Pettinato, que ocupó todas las noches de los jueves de agosto en Niceto, y que Roberto Pettinato puso en marcha el año pasado. Allí, el periodista-saxofonista-monologuista-etcétera se muestra al frente de una banda bien compacta, formada por algunos notorios sidemen como Gillespi y Fernando Kabusacki , y otros tantos jóvenes músicos sin tanto nombre en la escena.

Petinatto, inimputable y cerca de los 60 -mención que a él le molestaría leer-, permanece la mayor parte del tiempo allí, a veces con el saxo, a veces con la guitarra, siempre con un atril que le permite cantar con desparpajo (cuanto menos) esas canciones de Sumo. Algunas de las cuales, vale mencionar, no habían vuelto a sonar en vivo desde que la banda se desmembró por razones de fuerza mayor. Con la lógica irrebatible del “yo estuve ahí, yo lo hago, ¿y qué?”, el tipo se dedica a revivir por un rato el fantasma de Sumo. Y éste, bueno es aceptarlo, aparece con vitalidad detrás de las canciones que conjugan un tipo único de rock culto y zarpado. A no olvidar que en la Argentina (o, más precisamente, en Buenos Aires) y a nivel masivo, poco se sabía de los Doors, Lou Reed o Bob Marley, y mucho menos de Captain Beefheart y Van Der Graaf Generator... hasta que llegó Sumo.

Otra fantasía: ¿que hubiera sido de ellos si, anticipándose a la futura globalización, se hubieran probado en las grandes ligas del Primer Mundo? Volver sobre Postpunk - Romper todo y empezar de nuevo, el excelente libro de Simon Reynolds que propone una cuidadosa disección estético-musical de todas las bandas de ese período, permite pensar que, de haber estado ahí, se hubiesen hecho notar. Coincidencias temporales: el post punk empezó más o menos al mismo tiempo que la transición de vida de Luca, entre que ya no daba más en Londres y decidió venirse al remoto paraje cordobés donde vivía su amigo...

Ucronía hasta la médula, claro, porque Nono y Hurlingham estaban -están- demasiado lejos del Reino Unido. Aún así, es divertido pensarlo mientras unos tipos arriba del escenario tocan (bien) "Cuerdas, gargantas y cables". Casi que no importa si Pettinato canta poco, nada, más o menos o para el orto. Aunque hay que aceptar que se vale astutamente de los efectos vocales que él habrá visto tantas veces usar al pelado, y con eso sale bastante bien parado del inmediato acto reflejo de la comparación.

No importa. Hay que hacerles frente a esas canciones ("Divididos por la felicidad", "Heroin", "Debede", los reggaes, los "hits") y esta banda que lo acompaña se planta con estilo. Entonces los detalles se diluyen, porque el "efecto Sumo" todavía es poderoso y a poco de que se cumplan 30 años de la muerte de Luca, esa música narcótica venida de otro planeta, que cayó casi de casualidad en América del Sur, sigue siendo irresistible.