05/03/2016

Suárez en el Konex: lo-fi en HD

La banda de culto de los 90 volvió con un show a la altura del mito.

Eugenia Kais (Gentileza Ciudad Konex)

Al final del día, lo que importa son las canciones. Un/a cantante puede incurrir en desafinaciones, forzar las métricas, gritar;  y una banda puede ser virtuosa, ruidosa, caótica… pero cualquiera de esos artilugios es nada si detrás no hay una buena canción. Y Suárez tiene canciones. Tiene canciones, tiene a Rosario Bléfari en voz y tiene a Diego Fosser en batería a Fabio Suárez en bajo y a Gonzalo Córdoba y Marcelo Zanelli en guitarras. A partir de allí, todo es para arriba.

En la noche del viernes, para ese regreso que pocos esperaban pero que muchos celebraron, el apartado bajo techo del Ciudad Cultural Konex estuvo atestado de gente que presenció un show a la altura del mito. Apenas pasaron las 21, el quinteto arranco su ¿noche consagratoria? a puro estiletazo pop con "Tarde de “cansancio" y la bipolar "Prueba de valor", cuyo título funcionó como correlato de lo que sucedía en el escenario.

Esta versión de Suárez para el tercer milenio evita la languidez de los discos y opta por un sonido contundente. El bajo camina en corcheas, la batería acentúa la caída a tierra, y Córdoba y Zanelli entrejen una paleta tímbrica como si desde sus pedaleras estuvieran tratando de traducir "La noche estrellada", de Van Gogh, justo en una velada en la que el predominio de nubes hizo cambiar la locación. Pero las miradas, y las orejas, se las lleva Bléfari. Primero vestida de blanco y más tarde de negro, construye su personalidad escénica a partir del dominio completo de su voz (acá debería tomar nota buena parte el nuevo indie argentino: la abulia anticarismática y la imbecilidad irresponsable no son las únicas opciones a la hora de plantarse frente al micrófono). Como una Björk sin aspiraciones arty, Bléfari exhibe un savoir faire melódico que viene antes del rompimiento de los límites, por eso "Morirían" cerró por todos lados.

"Saludos en la nieve" trajo el primer rapto noise y la imagen distópico-costumbrista por excelencia del grupo: "Todas las mañanas transmitiendo / desde la Antártida / con una foca en la bañera". Y aunque acto seguido "Porvenir" inundó de preguntas un Konex prácticamente a oscuras, esta versión de Suárez también se prueba apta para sonar en estadios. Bléfari se animó a tirar besos al público en "El ídolo", mientras el grupo, ahora que el ruido también puede ser mainstream, sonaba más Oasis que nunca.

Para acercarse al final, "La distancia" fue un punk en slow motion y "Asesina" sonó como guiño a El Otro Yo. Ya sobre los bises, "Río Paraná" y su cadencia que transpira años 90 fue el inicio de la despedida con el "Adiós, me voy, me voy" de Bléfari entonado sobre una capa de guitarras oscilantes. Agradecimientos mediante, "Desmaya" y "Camión regador" coronaron una noche sin fisuras en la que Suárez reinventó su sonido para así darse una sobrevida, merecida para sus integrantes y necesaria para la escena.

Todo comenzó con un documental; el deseo es que nada termine con el show de anoche.