30/03/2019

St. Vincent y Juana Molina en Lollapalooza: sólo las chicas

Más allá del pop.

St. Vincent

"Gracias, bienvenidos", dice Juana Molina antes de dar pie a "Ferocísimo". Y lo que podría ser un saludo convencional no lo es tanto si se tiene en cuenta que ya había transcurrido casi todo el show y apenas quedaban un par de canciones por delante. Así operó su presentación en el Alternative Stage de Lollapaloozala: siguiendo lineas de continuidad que se forman en tiempo real en su cabeza y conectan de inmediato con los músicos que la secundan.

Con el pop como forma implícita y la experimentación como contenido explícito, Juana Molina llevó a su trío a extender los márgenes de la canción. En "Cara de espejo", olas de guitarras y secuencias en loop hicieron de la textura estructura, en "Paraguaya" se probaron alternos, y la arpegiada "Lo decidí yo" fue una canción de cuna para dos corazones rotos.

Y cuando parecía que la libertad escénica no podía ser más evidente, la cantante y guitarrista se tomó tiempo para limarse las uñas mientras sus compañeros, y su guitarra procesada, volaban sin ataduras en el pasaje instrumental de "Sálvese quien pueda". Folk, rock, indie... Juana Molina contiene y excede todas esas etiquetas, y parece haber inventado una propia: el free pop.

Para St. Vincent, en cambio, el pop fue agencia y referencia. Parada en solitario sobre una tarima y surfeando con indiferencia los problemas técnicos en la pantalla, se llenó de beats y secuencias de cepa ochentosa mientras los latigazos de su guitarra aportaron alguna aspereza arty. La experimentación como maquillaje.

"No importan los problemas del mundo, sólo importa bailar", o algo así, intentó decir en un español limitado antes de "Cheerleader", una canción de Strange Mercy (2011) reconvertida para la ocasión en un tema para una disco hologramática. Ya fuera con canciones de la primera época o de Masseduction, su último disco, el show de St. Vincent tuvo tanto de arty como de pop digital. Y, por sobre todas las cosas, de prueba irrefutable de que siempre es posible pervertir la canción y ofrecer algo distinto a la media.