10/03/2017

Soda Cirque Sép7imo Día en el Luna Park: acción y reacción

Estreno mundial en la ciudad de la furia.

Nancy Martínez / PopArt Music / Gentileza

“Eres un astronauta en el viaje por el cosmos”, declama una voz con acento francés en el minuto inicial de Sép7imo día, no descansaré, el show del Cirque du Soleil basado en la obra de Soda Stereo, que vio la luz por primera vez anoche en el Luna Park. Instantes después, otra voz irrumpe en la oscuridad, definiendo como un “amor eterno” el vínculo entre los fans y el trío. Las frases no son antojadizas, sino que fijan desde el comienzo las tres ideas fuerza -cercanía, emoción e interacción- sobre las que se construye la obra circense.

El primero de esos puntales es el que configura el quiebre más importante con respecto a los espectáculos clásicos de la compañía canadiense. Si en Kooza Alegría todo acontece en el centro de la carpa, con el público ubicado en gradas que rodean ese núcleo, aquí la acción se desarrolla en una continuidad que se inicia en un espacio versátil de espaldas a la calle Lavalle y sigue hacia el campo de pie, rebautizado “Zoom Zone”, el que artistas y espectadores se cruzan a mínima distancia. Esa ruptura a la lógica tradicional del Cirque conlleva una desventaja: sin un gran espacio central, la posibilidad de crear grandes coreografías o acrobacias grupales se reduce. Así, la puesta se vuelve algo más teatral, apoyada en pequeñas pero constantes proezas de resistencia física -“Hombre al agua”, “Luna roja”- que provocan el asombro.

En el personaje principal, interpretado por el malabarista estadounidense Noah Nielsen, recae la tarea de unir el imaginario Cirque con el mundo Soda. Casi adolescente, flaco, y uniformado con jeans y zapatillas, el muchacho construye un recorrido de menor a mayor, en el que comienza “husmeando” los primeros cortes de difusión de la banda (“Picnic en el 4° B”, “Mi novia tiene bíceps”) y luego se sumerge, entre juegos individuales (“Planeador”) y coreografías generales (“Crema de estrellas”), en lados B y hits regionales, dando cuenta de su propio crecimiento. El diábolo, principal herramienta de Nielsen a la hora de generar aplausos, aporta un poco más a ese vínculo con la estética vernácula de finales de siglo.

La voz de Gustavo Cerati retumbando por las paredes del Palacio de los Deportes es más que suficiente para generar emotividad, y los responsables creativos del circo demuestran tener esa idea en claro. En vez de embarcarse en relecturas complejas de la obra de Soda, el guión del espectáculo intenta limitarse a desarrollar y acompañar en lenguaje acrobático aquello que las canciones ya connotan por sí mismas; para los fans acérrimos, sin embargo, se guardan elementos visuales y guiños sonoros -que cruzan las versiones de estudio con cortes de El último concierto y la gira Me verás volver- capaces de provocar sorpresa en medio de lo conocido.

Un crédito local -el clown “Toto” Castiñeiras, nacido en Mar del Plata y que integra la compañía hace más de una década- y la animadora de arena ucraniana Vira Syvorotkina protagonizan, en “Sobredosis de TV” y “Un millón de años luz” respectivamente, dos de los momentos más atractivos de la noche. Echando mano a su destreza individual, y con la truca cinematográfica como aliada, generan verdaderos puntos de quiebre en el espectáculo y obtienen ovaciones superiores a las de números eminentemente acrobáticos. La configuración espacial de ambos momentos y el relajamiento de las reglas históricas del Cirque sobre el uso de celulares en la sala ayudan a impulsar ese éxito: todos, en campo y platea, levantan su aparato al cielo para registrar el momento y luego estallan en aplausos.

El nombre “Soda Cirque”, que funcionó como working title de la obra cuando se la anunció hace casi dos años, daba cuenta de un orden de prelación: Sép7imo día es, fundamentalmente, una reivindicación de Soda Stereo, su obra y su público, y no una adaptación bañada en rock latino de trucos ya vistos en otras latitudes. Es difícil imaginar si este show puede ser disfrutado por quien no creció con “Persiana americana” como hit omnipresente. Los fans del trío que definió la música en español en las últimas dos décadas del milenio se encontrarán, sin dudas, con un homenaje a la altura del mito.