17/05/2017

Slowdive en Niceto: los efectos de la música lenta

Confort y música para volar de la mano de la banda de Reading.

Con el escenario casi en penumbras, Slowdive comenzó su demorado debut porteño con “Slomo”. El tema, de su disco homónimo editado hace menos de dos semanas, definió lo que sucedió en Niceto durante la hora y media de show desde sus componentes (capas de repeticiones de delays, voces atmosféricas, la intromisión casual de algún teclado), pero también desde su título: la banda liderada por Neil Halstead y Rachel Goswell crea atmósferas en cámara lenta, donde el vértigo cede su lugar al trance narcótico en el que la repetición funciona como detonante clave. Así lo hizo desde su formación en 1989 y hasta su separación en 1995, y así siguen siendo las cosas en este retorno, más de dos décadas después.

Casi en continuado, “Slowdive” redobló la apuesta, con un clima in crescendo comandado por Goswell al frente mientras sacudía su pandereta de madera con una languidez calculada. Entre tanto viaje etéreo, “Avalyn” y “Catch the Breeze” ofrecieron la otra cara del shoegaze, la que hace del ruido un factor diferencial. En la primera, los acoples y las oscilaciones aparecieron a velocidad crucero; en la segunda, fueron el mascarón de proa de una coda en la que el noise puso a prueba la tolerancia auditiva del público. Después de una descarga sonora de dimensiones considerables, “Crazy for You” ofreció un cambio necesario, con cascadas de arpegios en tono levitacional.

Dentro de un show definido por dos extremos (de un lado lo etéreo, del otro lo caótico), “Star Roving” mostró una tercera línea menos transitada por Slowdive: la del pop menos heterodoxo y más pistero. El cambio no duró mucho: poco después, “Souvlaki Space Station” llevó el ritmo a velocidad de trip hop con tracción a sangre, con Halstead, Goswell y Christian Savill intercambiando punteos que se entrelazaban hasta crear un océano de eco. La escena duró varios minutos y parecía no salir más de ahí, hasta que “No Longer Time” los depositó de nuevo en la senda más directa de su versión 2017, en la que la canción predomina sobre el estímulo multisensorial.

De a poco, el tramo final del show comenzó a sostenerse por el diálogo entre pasado (“Alison”, de Souvlaki, de 1993) y presente (“Sugar for the Pill”, de Slowdive, de 2017), hasta que todo desembocó en una versión de “Golden Hair”, de Syd Barrett. Y si en el original el ex Pink Floyd se tomó dos minutos para musicalizar un poema de James Joyce, en escena Slowdive se toma casi diez para reproducir el tema a su modo, desde una expresión microscópica hasta un estallido sonoro final. Después de esa interpretación, los bises con “She Calls” y “40 Days” fueron un plus que sirvió materializar la despedida, aunque el verdadero cierre del show hubiera ocurrido unos minutos antes.