27/11/2017

Sigur Rós en el Sónar 2017: el lenguaje universal

Y muchos con trabajo honesto.

Rodrigo Alonso / Gentileza
Sigur Ros

Jónsi Birgisson gorgojea un falsete que suena como un canto élfico mientras frota el encordado de su guitarra con un arco de violín. A los pocos minutos, Georg Hólm y Orri Páli Dýrason se acoplan para algo que va de una expresión minúscula a una catarsis sonora, pero también emocional. La escena se repite reiteradas veces y sienta las bases para la dinámica del show de Sigur Rós, donde las barreras idiomáticas pierden sentido ante la expresión de algo que parece fluir por un canal universal ajeno al lenguaje. Las canciones pueden estar cantadas en islandés o en una jerga inventada, y el efecto emotivo es igual de impactante.

Con una formación reducida a trío desde la partida de su tecladista, la banda islandesa reformuló en el último tiempo el repertorio de sus presentaciones en vivo, y también la lectura de ese mismo material. Con pocos más recursos que el canto angelical de Birginsson y el tintineo de unas campanas, “Ekki Múkk” fue un punto de partida climático en cámara lenta que tuvo en “Glósoli” un remate explosivo. Con imágenes de un paisaje remoto y gélido de fondo, el bajo de Hólm parecía emular los pasos de un gigante por un bosque helado hasta que un crescendo en la batería de Dýrason condujo todo hacia un desenlace plagado de acoples, tan ruidoso como conmovedor.

Lo onírico atraviesa la obra de Sigur Rós. El viaje puede ser de ensueño, como en el vuelo melódico sostenido por un fraseo de piano y glockenspiel en “Sæglópur”, o turbulento como en la marcha fúnebre tribal de “E-Bow” y “Dauðalagið”, un post rock con un andamiaje rítmico salido de un free jazz. Con el escenario teñido de verde gracias a una serie de postes lumínicos ubicados en diversos puntos del tablado, una sección rítmica cada vez más intensa devino en otro remolino auditivo. En el medio entre ambos extremos, la inédita “Varða”, un ambient melancólico hecho con economía de recursos.

Con los tres integrantes ubicados en el centro del escenario frente a una serie de teclados y máquinas de ritmo, “Óveður” apeló al costado más sofocante de Sigur Rós, como si el trip hop hubiera llegado al rincón más hostil de la Tierra Media. El clima opresivo cambió máquinas por tracción a sangre en “Ný Batterí” y encontró su punto más desolador en la minimalista “Vaka”. Después de que “Festival” se convirtiera en el equivalente sonoro a los rayos de sol que asomaban en un paisaje helado en la pantalla, Birgisson remató la escena sosteniendo un falsete durante más de un minuto, como si su capacidad pulmonar también estuviera potenciada por el arco de su guitarra.

“Kveikur” volvió a poner al frente al Sigur Rós menos amable, con una serie de acordes menores que funcionaron de antesala para una ola de machaques percusivos y acoples que desencadenaron una pared noise al borde de lo humanamente tolerable. Tras un mínimo agradecimiento, “Popplagið” reafirmó la apuesta por los climas en crecimiento constante, con una batería tocada con escobillas y el ulular de la guitarra de Jónsi en un extremo, y una última explosión valvular en su coda. Traducido al español, el título del tema sería “La canción pop”, y si bien nada de su estructura se aferra a los estándares más básicos del género, deja en claro cuál es la concepción de lo popular en su universo privado.

"Buenas noches, Buenos Aires, somos el sonido de Londres", dijo Gilles Peterson a modo de presentación de su set en compañía del legendario Earl Zinger, una suerte de MC beatnik que aportó melodías vocales casi hindúes. De fondo, "Higher than House" (Leandro Di) sonaba como su enésima declaración de principios desde que junto a Chris Bangs acuñó el término acid jazz a mediados de los 80 como reacción al acid house que habían popularizado Paul Oakenfold y compañía. "A la mierda con el acid house, esto es acid jazz", dice el mito que gritaron en plena rave. Fiel a su estatus de ser uno de los máximos referentes del world beat, Peterson debutó en Buenos Aires con un repertorio cargado de ritmos de todo el mundo con claro énfasis en las percusiones afro y latinas (desde el Caribe hasta Brasil con "Cavalo de Pau"). Con visuales rupestres de fondo, el DJ residente de la BBC dio, durante una hora, una cátedra de cómo conectar con maestría el deep soul, el dub y el drum & bass. Gilles Peterson vive "en busca del groove perfecto", según dice en su bio de Twitter, y anoche confirmó que el GPS para encontrarlo le funciona de mil maravillas.

A contramano del set luminoso de Gilles Peterson, el set de Pantha Du Prince funcionó como previa ideal para Sigur Rós. El DJ alemán recientemente reclutado por el sello Rough Trade echó mano al dark ambient de sus discos The Triad (2016) y el imprescindible Black Noise (2010), entre un juego de humo y luces tenues que convirtieron al escenario principal del Sónar en una rave para dementores. Con todos los recursos del microhouse y el minimal techno, el músico nacido como Hendrik Weber propuso un viaje introspectivo en el que la repetición y la variación mínima se convirtieron en las herramientas clave para generar un clima industrial. Como Nine Inch Nails con sedantes.

Ser un DJ con background rockero le permite a Javier Zuker salirse del molde de la monotonía de recursos propias de un festival de música electrónica. Por un lado, contar con Nacho Loizaga y Martín Lozano en tumbadoras y octapad hizo que su set linkeara con el espíritu de The Haçienda. Pero además, esa falta de apego a los purismos fue la que hizo que en su set fue válido insuflar house sobre todo lo que se le pusiera enfrente, ya fuera una pieza de northern soul, una canción de Mercedes Sosa o “Los viejos vinagres” de Sumo. Ante un SonarComplex con su capacidad al límite, Daniel Melero hizo la primera presentación en sociedad del flamante Cristales de tiempo. Secundado por una banda capaz de ir del disco al ambient y el kraut sin que la alteración de formas fuese abrupta, el ex Los Encargados entregó de a poco una serie de movimientos elegantes y dramáticos, como si Bryan Ferry se presentase en vivo con Air como backing band.