18/11/2018

Rock & Pop Festival en Obras: la nostalgia de haber sido

Blondie, The Vamps, Eruca Sativa y ̶A̶z̶e̶a̶l̶i̶a̶ ̶B̶a̶n̶k̶s̶ tocaron al aire libre.

Blondie

Hubo un tiempo el que la Rock & Pop era la radio a la que todas las demás tomaban como faro. Hubo un tiempo en el que el Rock & Pop Festival llamaba la atención de muchos miles de personas. Hubo un tiempo en el que se podían hacer encuentros multitudinarios pensados acá sin un gran auspiciante que aportara el colchón económico para poder arriesgar. Hubo un tiempo en el que el público gastaba dinero en entradas para ver a artistas que quizá no eran los favoritos de toda su vida, pero que le generaban interés.

Esos tiempos no son este.

Entre la merma del poder de la marca Rock & Pop y la situación económica del país -donde los productores ya plantean que el año próximo las visitas internacionales serán raleadas-, más una sobreoferta de shows -a una cuadra, en el Club Ciudad, estaba el Hosen Fest- y una grilla que intentó convocar a diferentes públicos pero terminó por ahuyentar a unos cuantos: allí están las razones para las que convocatoria en este Obras al aire libre no superara las 3 mil personas -que hubiesen estado cómodas adentro del estadio-, y también para la existencia de un solo escenario, lo que obligó a largas esperas entre cada artista. La suerte, además, no acompañó a los organizadores: Azealia Banks canceló el show un rato antes de la hora de salir a escena, y tanto Blondie como The Vamps llegaron sin un integrante clave en su formación.

Todo Aparenta Normal, Octafonic y The Magic Numbers tocaron a la tarde ante un panorama muy raleado, aunque si los horarios se hubiesen apretado con la existencia de otro tablado podrían haber corrido con mejor suerte. Después, la cancelación de la Banks le permitió a Eruca Sativa arrancar un poco más temprano y levantar un poco los ánimos con su solidez instrumental, su contundencia y ciertos riesgos -los aires folklóricos de “Somos polvo” y “Amor ausente” mezclados entre el funk potente de “El balcón” y la cercanía con Primus de “Magoo”-, más la decisión de volver a su mirada sobre “Eleanor Rigby”, de los Beatles.

“Por más mujeres arriba de los escenarios”, pidió Brenda Martin, bajista de Eruca Sativa, aunque en ese aspecto en Rock & Pop Festival haya tendido más al equilibrio que la mayoría. “Armas gemelas” cerró el set del power trío cordobés, que suele convocar más público propio que el que lo vio el sábado, producto de una carrera sin fisuras.

Durante la espera para cambiar el armado del escenario fue como si alguien cambiara la sintonía. De Rock & Pop a Radio Disney, más precisamente. The Vamps, reducido a trío porque su guitarrista James McVey “está en una selva de Australia” (según el cantante Bradley Simpson), fue recibido por los gritos de chicas que emprendieron la retirada apenas los británicos dijeron adiós. Eso sí, en el medio dijeron unas cuantas cosas más, casi todas destinadas a agradarle a su público y miradas de costado por los mayorcitos que esperaban a Blondie. Por ejemplo, el vocalista insistió una y otra vez con la palabreja “skere”, que incluso tenía en un cartel improvisado.

The Vamps, que ya había estado antes en Buenos Aires y hasta tiene un single grabado con Tini Stoessel, le pone mucho empeño a sonar prolijo como para que las canciones entren en las telenovelas adolescentes, así eso implique meter una tonelada de pistas grabadas con voces e instrumentos. Ninguna de las chicas que gritaron desde “Staying Up” hasta “We Don’t Care” se preocuparon por eso. Quizá ni siquiera les interese mucho que “Cecilia (Breaking my Heart)” sea una adaptación de un viejo hit de Simon & Garfunkel. Simpson estaba cerquita de ellas y con eso les sobraba.

Para la hora en la que Blondie pisó el escenario con “One Way or Another” había llegado más público (y de más edad), en busca de una banda tan icónica de la new wave como la imagen de su cantante Debbie Harry en la cultura pop global. La dama ya tiene 73 años y su viejo compañero Chris Stein no viajó con el grupo -ella le dedicó “Heart of Glass” y dijo que el guitarrista tenía “un verdadero corazón de cristal”-, pero el set de una hora y media mostró a Blondie aferrado al presente.

La frase anterior no significa que hayan evitado sus clásicos; al contrario, Harry y compañía los dosificaron entre las canciones del reciente Pollinator como para mantener la atención -y la tensión pop- viva entre el público. El bajo volumen en el comienzo del show causó algo de desconcierto, aunque para “Call Me” todo estaba mejor, incluida la soltura de la cantante. Debbie habló poco -le dedicó “Maria” a las chicas y “a quienes quieren ser chicas”-, aunque los mensajes estuvieron en el pañuelo verde que colgaba del teclado y en la leyenda “paren de joder al planeta” escrita en la espalda de la cantante.

Sostenidos por el beat incombustible del histórico Clem Burke, los integrantes más recientes de Blondie encontraron lugar para su lucimiento, en especial el guitarrista Tommy Kessler. Harry terminó de aflojarse para el rap de “Rapture” y surfeó “The Tide Is High” como si nada. Hacia el final, “Atomic” levantó al público y “Heart of Glass” remató la faena, continuada con el bis de “Dreaming”. Aunque el grupo pudo mostrar la vigencia de su sonido, en otro contexto todo hubiese sido mejor. O en un tiempo que no es este.