05/02/2018

Rock en Baradero 2018, día 3: locales calientes

Para hacer buen rocanrol hay que venir al Sur.

Cecilia Salas

“Sur ATR”. Minúscula en comparación con el resto, una bandera flameó por horas en el centro del campo durante la tercera jornada del Rock en Baradero 2018. Arriba del escenario, la declaración de principios del trapo se hacía realidad: siguiendo el mismo patrón de la jornada anterior, la zona de influencia del ferrocarril Roca ocupó los principales lugares de la grilla de artistas del festival.

Al filo de la medianoche, Guasones pudo hacerse finalmente del rol de headliner que el año pasado había quedado en manos de Los Gardelitos. Con una puesta sobria y una combinación precisa de hits (“Pasan las horas”, “Heaven or Hell”) y lados B que siguen teniendo rotación radial (“Pobre tipo”, “Con la casa en orden”), los platenses dejaron su marca de autoridad por sobre el resto del lineup, gracias a una ejecución impecable del guitarrista Maximiliano Timczyszyn y el propio Facundo Soto, más una calidad de sonido digna de un teatro.

Un rato antes, otro grupo originario de la ciudad de las diagonales había dejado su marca. Considerar a Sueño de Pescado como banda under es, a esta altura, un despropósito: su sola aparición en el escenario del Anfiteatro baraderense significó, para el público del festival, el inicio del prime time.

Su relectura del rock barrial intenta ser de más fácil escucha que artistas “colegas” como La Beriso, echando mano a recursos como riffs de guitarra con evidente inspiración en The Strokes. La presencia escénica de su cantante y la solidez de las letras están aún por detrás de Nagual y El Bordo, las bandas que los sucedieron en escena. Lejos de ser un techo, esa limitación es apenas un objetivo a alcanzar.

Oriundos de Berazategui, justo antes del inicio del ejido urbano de La Plata, los De la Gran Piñata escalan posiciones sin perder la humildad. “Gracias a los locos a los que se les ocurrió que podíamos cerrar este escenario. Les dijimos que Nagual tenía que ocupar este lugar, pero no nos hicieron caso”, se atajó su cantante, Darío “Panter” Giuliano, apenas unos minutos después de iniciado el show y antes de anunciar el lanzamiento de Canciones para los impacientes 2, secuela de su EP de 2014; la respuesta del campo pareció reconocer la sensatez. El volumen demasiado elevado jugó en su contra para las canciones más potentes (“Ícaro”) pero ayudó a que se luzcan sus temas más introspectivos (“Los asuntos del miedo”, “Veredas”).

Si el sábado había coqueteado con el under, el turno tarde del domingo quedó en manos de consagrados. Con La Mono Trío, Gaspar Benegas jerarquizó un bloque que también tuvo opciones emergentes, como La Movida; más tarde, Los Tipitos apiñó hits en un set breve pero contundente. En tanto, Piti Fernández dejó relucir su faceta solista combinando folk, blues, covers clásicos (“Todas las hojas son del viento”, por caso) y una colección de invitados, del Mono de Kapanga a Pablo Mantiñán, de Coverheads. La mixtura podía salir muy bien o muy mal; el resultado fue más que positivo.