17/09/2017

Ratones Paranoicos en el Hipódromo: ceremonia para siempre

Nadie lo hace como ellos, una vez más.

Ratones Paranoicos

Cada reunión de una banda genera interrogantes similares, que desembocan en uno mayúsculo: ¿por qué? Las razones de un regreso, sin embargo, no son uniformes, y ni siquiera deben ser iguales para todos los integrantes ni en los mismos momentos. Las ganas del reencuentro con viejos camaradas, la necesidad de probarse nuevamente vieja ropa y ver que uno no engordó, la guita, el calor de los fans de distintas épocas, la posibilidad de recuperar protagonismo y/o de amplificar un mensaje, todo lo anterior mezclado... Las expectativas de los seguidores son más simples: ver de nuevo juntos (o por primera vez) a esos tipos que marcaron un pedazo de existencia.  Anoche, en el Hipódromo, los Ratones Paranoicos y su público se reencontraron después de siete años. Y tanto arriba como abajo del escenario se vivió una ceremonia en la que el rocanrol terminó por imponerse a los recuerdos y cualquier clase de nostalgia.

"Ceremonia en el hall" fue, precisamente, el tema con el que Juanse, Sarcófago, Pablo Memi y Roy Quiroga se plantaron sobre el escenario. La dinámica musical básica y callejera del rocanrol paranoico estuvo impecable todo el tiempo, aunque al principio los cuatro se vieran algo estáticos, como si estuvieran forzados a cumplir con ciertos ritos. Las emociones quizás hayan sido demasiado intensas, difíciles de digerir hasta que los músculos no entraran en el viejo ritmo. "Sucia estrella", "Sucio gas", "Una noche no hace mal", "Ya morí" y "Vicio" fueron una andanada de rock, como si el cuarteto necesitara salir al escenario repartiendo sus mejores golpes para reencontrarse con su forma. La cruza entre la más pura estirpe stone mezclada con el lado más urbano de Lou Reed y el descontrol protopunk de Iggy Pop que dieron origen a la banda quedó reafirmado en ese bloque inicial.

Los Ratones no son los mismos de antes, de cualquier modo, sobre todo por el cambio de Juanse, que encontró en la religión el modo de exorcizar su demonio personal. Ahora lleva una cruz bajo el saco de brillos dorados, abandonó el koleston, y en el comienzo del show apenas levantaba el brazo derecho para remarcar visualmente los tajos que provocaban sus riffs. Pero había que esperar un rato, porque al parecer del lado de Dios el tipo también rockea como pocos. Lo de los "mejores golpes" del principio tal vez haya sido una exageración: entre rocanroles, boogies, mid tempos bluseros para que Sarco se luciera con el slide, funky sensual sostenido por el bajo Hofner de Memi, y estribillos más grandes que Leguizamo, la lista de 33 canciones repartió emociones y baile a placer.

Para "El reflejo", los brasses se sumaron al cuarteto, que ya había incorporado al tecladista Germán Wiedemer (de la banda de Andrés Calamaro). Después desfilaron las musas: a "Isabel" se le pegó "Carol", con coristas incluidos. La pregunta, entonces, surgía inevitable: ¿cuántos hits tienen los Ratones Paranoicos? Y la respuesta llegó enseguida con "La nave". Que encima se convirtió en un momento clave del show, porque se extendió en una jam funky que le permitió al vocalista por fin soltarse y correr de una punta a la otra del escenario. "Damas negras" y "Banda de rock and roll" extendieron la sensación de que el regreso era tan necesario para los músicos como para el público. "Ya no puedo dejar de tocar rock and roll", cantó Juanse, en una síntesis tan obvia como perfecta de su vida y su obra.

En medio de un set repleto de hits de diferentes épocas y estilos, los Ratones también encontraron lugar para el guiño cómplice con los fans más acérrimos, con temas como "Vodka doble", "Ciervo motor", "Caballos de noche" o "No llores" . "Vamos a ir mechando, porque estamos en el siglo XXI", aclaró Juanse. Entonces, "mechó" "El vampiro" con "Colocado voy" y "El centauro", antes de poner a todo el Hipódromo a cantar el "Rock del pedazo". "Boogie" contuvo en sí al solo de batería de Roy, pero antes le permitió al vocalista lucirse con el slide, y "Rock del gato" cargo de testosterona el ambiente. "Hay mucho rocanrol acá... ¡Viva el rocanrol!", gritó el cantante en una de sus pocas alocuciones de la noche (también le agradeció al público y a Dios).

La identificación de los Ratones Paranoicos con los Rolling Stones, en muchos momentos deliberadamente buscada por la banda, no puede ocultar el hecho de que el grupo argentino haya buceado en las mismas influencias que los británicos y le haya incorporado otras, las haya ensamblado en Villa Devoto y haya generado un sonido único. Por eso, el cuarteto puede ir del riñón rolinga de "La calavera" (en la que se incorporó en teclados Fabián Von Quintiero, quien reemplazara a Memi durante varios años en la formación) al rock a lo Lou Reed de "Rainbow", y cerrar antes de los bises con "Enlace", la canción que sintetiza el escupitajo de los Sex Pistols con el costado más sucio de los Stones. Juanse, ya desatado, terminó cantando trepado a los tubos laterarles del escenario: los viejos hábitos tardan en morir...

"No llores" y la flamante "Yo te amo" iniciaron con algo de frialdad los bises, que enseguida encontró en "Sigue girando" la contrapartida hitera. "Cowboy" volvió a poner la mugre stone en su lugar y la declaración de principios se justificó letra por letra: nadie lo hace como los Ratones Paranoicos. "Ahora nos vamos", dijo Juanse y se corrigió enseguida: "No, ya nos fuimos y volvimos... Vamos a hacer el último tema". "Quisiera que esto dure para siempre", cantó en el hit que compuso junto a Andrés Calamaro y que suena bien cercano a Los Rodríguez. La letra de "Para siempre" termina por reconocer que las cosas no se mantienen inalterables: algunas se van para no regresar, otras vuelven cambiadas pero con su esencia intacta. Afortunadamente, el conjuro rockero de Juanse, Sarco, Pablo y Roy ahora está dentro del último grupo.