11/09/2016

Rammstein y Marilyn Manson en el Maximus Festival: carrozas de fuego

Los alemanes están en su mejor momento.

El metalero argento tuvo al fin su gran festival internacional en este 2016. Desde el mediodía del sábado, en la Ciudad del Rock (un eufemismo bien nuestro para un lugar que poco tiene de rock y mucho menos de ciudad), el Maximus Festival desplegó un variado cartel de figuras internacionales junto a la consabida cuota local. El balance de la propuesta era muy bueno: artistas consagrados, otros que están en la pelea y un par con un buen futuro por delante.

A plena luz del día pasaron los créditos locales, donde Asspera fue la que más se hizo notar. Luego comenzó el desfile de los grupos internacionales, y en ese primer lote inicial Hollywood Undead sacó una ventaja sobre el resto. Cuando el sol comenzó a desaparecer y la concurrencia al festival ya era muy nutrida, llegó el turno de la primera banda de trayectoria. Como Krokus en los 80 y Orgy en los 90, Disturbed parece tener lo suficiente como para dar un salto pero nunca concretarlo en el nuevo siglo. Suenan bien, hay temas, tienen en David Draiman un cantante bastante personal y con estilo -aunque bien parco sobre el escenario-, pero el resultado final queda muy diluido. No ayudó una lista de temas con exceso de covers: para una banda con cinco discos, meter cuatro en un set que no llegó a una hora no da la sensación de un grupo que tenga confianza en su propio material. Si "The Sound of Silence", el clásico de Simon & Garfunkel, fue correcta, tanto "Killing in the Name" (Rage Against The Machine) y "Baba O’Riley" (The Who) sonaron flojas. Para peor, la participación de Lzzy Hale, de Halestorm, en "I Still Haven't Found What I’m Looking For" (U2) se vio afectada por la falla del micrófono en las primeras estrofas.

"Te aman cuando estas en todas las tapas. Cuando no, entonces aman a otro", escribió Marilyn Manson en "The Dope Show" a fines de los 90 y él mismo era protagonista de la primera frase. En esa apreciación, seguramente tenía claro que terminar encarnando lo segundo era un destino inevitable. Con una considerable cantidad de fanáticos ansiosos de volver a verlo, sin prolegómenos, la banda arrancó con "Angel with the Scabbed Wings" (gran tema de Antichrist Superstar); apenas terminado, se lo escuchó decir "vamos al grano" para pegarle “Disposable Teens", uno de sus últimos hits de la década pasada.

En ese tramo inicial, un Manson con pelo corto, cambios de vestuario y recorrido de escenario parecía conservar esa magia y carisma que en los noventa lo catapultaron a lo más alto. Si hasta ahí estaba Twiggy Ramirez en el bajo, su mejor ladero en los primeros años del grupo. Sin embargo, la sensación se fue desinflando. Baches entre temas, una banda que suena correcta pero no deslumbra y un líder que ya no asusta, sino que apenas provoca y parece tener que apoyarse mucho más en su pasado que su presente. Es curioso que un artista que se llevó todo por delante, impuso éxitos que sonaron en todo el planeta y hasta desplegó inteligencia en sus declaraciones (su participación en Bowling for Columbine fue, es y será brillante) hoy quede reducido a esta versión casi inofensiva.

En la recta final no faltó "Sweet Dreams" -como para que los colegas de Disturbed tomen nota sobre cómo darle vuelo propio a un tema ajeno- y el cierre con "The Beautiful People", donde Manson apareció con la remera de la selección argentina. El provocador de otros años hubiera salido con la remera de Chile.

El plato del final barrió con todo lo previo. De antemano se sabe que Rammstein es puro despliegue escénico, con llamaradas por los cuatro costados y un sonido monolítico. Sin embargo, lo de los germanos es tan contundente y efectivo que aún con toda esa información previa verlos en vivo es avasallador. De todas sus presentaciones en Buenos Aires, la de anoche en el Maximus quizás haya sido las mas perfecta, madura y por ende consagratoria. La puesta de luces con parrillas móviles era tan buena que parecía que cada tema era interpretado en un escenario distinto. No es fácil de ver algo así, ni siquiera en el Primer Mundo.

En cuanto a sonido, sus integrantes parecen estar en la cresta de la ola: las guitarras de Kruspe y Landers son un muro que tienen en la batería de Christoph Schneider el mejor cimiento para ese metal entre gótico e industrial que Rammstein ya tiene como marca registrada. El cantante Till Lindemann interpreta como un avezado actor con una convicción que hipnotiza y tiene al tecladista Flake como principal partenaire. La cantidad de trucos, explosiones y llamaradas fueron dosificadas con una planificación perfecta. Cada uno de los artilugios tuvo su respaldo en el relato de la canción, el golpe de un tambor o el ritmo que marcaron las guitarras.

Así como sucede en los shows de los Hosen, era sorprendente ver a los fanáticos porteños vociferar estribillos en alemán. A diferencia de los punkies de Dusseldorf, lo de Rammstein suena con una actitud germana muy distinta. Solo hay que tomar un poco de perspectiva para escuchar en los riffs del grupo un ritmo bien marcial, casi de wehrmacht, y así convertirse en esos alemanes que asustan un poco. La lista de canciones fue otro gran acierto, con grandes momentos de comunión en "Feuer Frei", "Keine Lust", "Links 2-3-4", y por supuesto "Du Hast".

Tras un primer cierre, donde Lindemann agradeció con un sincero "son increíbles", llegó el tiempo de bises con un mini set demoledor: "Sonne", "Amerika" (con todo el escenario y predio coloreado de rojo, blanco y azul) y "Ich Will". Ya con el público a sus pies, "Te quiero puta" fue el final definitivo, con las 25.000 personas gritando el estribillo. Un debut casi soñado para el Maximus Festival, que por propuesta, organización y convocatoria tiene todo para convertirse en una nueva cita anual para el metalero local.