14/11/2016

Primal Scream en el Music Wins 2016: el mundo de Bobby

Del garage al dub, y del pop a la música industrial, de la mano de GIllespie y compañía.

"¡Hermoso, Buenos Aires! ¡Me siento como Maradona acá arriba!". Mientras los ecos de las voces sampleadas de “Loaded” se diluían en el aire, Bobby Gillespie no podía ocultar su sonrisa. Es que, aun con una formación reducida complementada con coros, vientos y demás detalles pregrabados, en el festival Music Wins Primal Scream pudo no sólo borrar el sabor amargo de su última y errática visita porteña, sino también revalidar un presente radiante respaldado por más de dos décadas de méritos obtenidos a puro ensayo y error.

Incluso cuando Chaosmosis, su más reciente trabajo, es una odisea de pop electrónico, en vivo los de Glasgow reformulan las cosas desde la óptica de una banda de rock. Eso quedó en claro desde el principio, cuando la prédica gospel de “Movin’ On Up” tuvo tanto de Madchester como de MC5, y también cuando los aires sintéticos de “Where the Light Gets In” cedieron lugar a los cimbronazos distorsionados de Andrew Innes. Poco después, la fórmula de degradación de lo concebido en estudio se repitió en “Feeling Like a Demon Again”, un beat disco invadido por acoples y oscilaciones de los pedales de efecto del guitarrista.

De a poco, Primal Scream fue entrando en su propia dinámica de mutación constante. De un tema al otro, se podía ir del rock sureño de "Jailbird", con Gillespie contorsionado y agitando unas maracas de madera en plan Jagger 1973, a la versión cruda y garagera de "Accelerator", lejos de la estampa cyberpunk de su versión original de XTRMNTR. Para acentuar el contraste, lo que siguió fue "Shoot Speed/Kill Light", una odisea krautrock sostenida con una base motorik a cargo del baterista Darrin Mooney, y con su título convertido en una única letra, repetida como un mantra opiáceo.

A la hora de bajar revoluciones, Primal Scream echó mano a "Damaged", una balada stone de excesiva fragilidad que contó con el aporte de Kurt Vile para ayudar a plasmar de manera más fidedigna los arreglos de guitarra que tiene su original de estudio, incluido en Screamadelica. Y como todo tiene que mantenerse en cambio constante, lo que siguió fue "Higher Than the Sun", un momento de trance profundo a puro electrodub, con un final en seco que desembocó en "Trippin' On Your Love", un ejercicio de nostalgia a la cultura house con todos los ingredientes correctos: coros (pregrabados, claro) a cargo de las hermanas Haim, percusión, un wah wah omnipresente y el piano bolichero de Martin Duffy.

Después de los guiños p-funk de "100% Or Nothing", con el bajo de Simone Butler paseándose entre octavas, "Swastika Eyes" creó el aire de una rave post apocalíptica en un escenario en el que los malos habían ganado hacía rato, una recreación potenciada por Innes haciendo acoplar su guitarra hasta hacerla imitar el sonido de una sirena de refugio antiaéreo. Después de la evocación dance espiritual de la ya mencionada "Loaded", la recta final fue al nervio guitarrero de Primal Scream. Primero, Gillespie tapó con carisma y arengas sus limitaciones para cumplir con lo que su rol demandaba en "Country Girl", un hit tan obvio como irresistible. Luego, Vile volvió al escenario para una versión furibunda de "Rocks" que terminó oficiando de final abrupto por cuestiones de tiempo y que dejó afuera al verdadero cierre con "Come Together". Cuando quieras, podés enmendar esa falta, Bobby.