07/12/2018

Poli y Prietto en el Xirgu: las penas son de nosotros, pero las canciones también

Boleros para atravesar los males.

Untref Media / Gentileza
Poli y Prietto

Desde un punto de vista cacofónico, Poli y Prietto deberían ser Prietto y Poli. También si se tiene en cuenta el tiempo que pasan uno y otra sobre el escenario. Pero el orden jerárquico se justifica cada vez que Poli hace sus apariciones. Y no es que lo de Prietto, ese cantante que no necesita esfuerzo alguno para encontrar la afectación perfecta, no merezca ser destacado: es que Poli lleva todo a otro nivel.

“Palmeras”, en voz de Maxi Prietto y con una banda de piano, cuerdas y percusiones asentada desde el vamos (más adelante se sumaría un saxo eventual), fue el tema encargado de abrir, al igual que el disco que se encuentran presentando, el show en el Xirgu Espacio Untref. Entre arreglos discretos y una melodía conducida con extremo cuidado, el clima de intimidad espectral quedó definido desde el minuto cero, y así permanecería durante toda la noche. Sin mediar palabra, Poli entró en escena para “Perfidia” y el desafío de abordar un clásico versionado hasta el hartazgo. La salida para la cantante de Sr. Tomate no fue otra que darle la impronta de su fraseo calado, que parece caerse de sus labios para resurgir erguido antes de estallar contra el piso, como si absorbiera la fuerza de cada sílaba que pronunciaba.

 Después de “20 años” y “Mis noches sin ti”, Poli y Prietto sumaron al repertorio temas que no fueron parte del disco pero que nunca desentonaron con la propuesta. “Flotando en la oscuridad”, “Camino del puente” y “Viajera” dieron paso a una versión chamánica de “El día que me quieras”, que bien podría formar parte del vivo de Los Espíritus. Para cuando Poli se hizo cargo de “Paloma Negra”, el clásico de Chavela Vargas entre el vals y la ranchera, los versos “Hay momentos en que quisiera mejor rajarme” y “Dios dame fuerza que me estoy muriendo por irla a buscar” se escucharon como la continuación de “Historias de amor”, el tema de de Sr Tomate en el que canta “Me apasionan las historias de amor, esas donde siempre alguien muere“.

Hacia el final, un instrumental que sonó a Lalo Shcifrin adaptando Morphine para una película de Clint Eastwood, dio paso a “Cigarrillos”, un swing como lamento sostenido por la batería. Para los bises, Poli se hizo cargo de “Noche de ronda” (bolero de Agustín Lara). Con el puño en alto sostenido con fragilidad, más cerca de liderar su propia banda del club de corazones solitarios que una revolución bolche posmoderna (ver Indio Solari), le dio forma a ese paisaje solitario que describe una “Luna que se quiebra sobre la tiniebla“. “Dos gardenias”, comandada por Prietto tuvo aires de blues electrificado y el final definitivo llegó con “Historia de un amor”, tal vez el tema que mejor define es que Poli y Prietto parecen querer decir en cada esquina de sus fraseos: que las penas no se van cantando, se atraviesan cantando.