12/11/2017

PJ Harvey en el Personal Fest 2017: nuevos hechizos

Lejos de cualquier concesión festivalera, la inglesa deslumbró junto a una banda notable.

Cecilia Salas
PJ Harvey

Con su entrada a escena cual una vieja marching band, con tambores y saxos, PJ Harvey y sus músicos dejaron en claro enseguida que no pensaban atenerse al manual del show festivalero. La presentación de The Hope Six Demolition Project, su último trabajo, ocupó el lugar central del recital, con seis canciones ubicadas estratégicamente en la lista. “Chains of Keys”, “Ministry of Defence” y “The Community of Hope” abrieron el recorrido por un álbum que narra las penurias que la cantante vio de primera mano en lugares como Kosovo, Afganistán y Washington DC (sí, ahí mismito). Polly Jean arrancó tocando el saxo en medio de la línea de vientos, pero enseguida se paró al frente en el escenario del Personal Fest y soltó sus poderes de hechicera, atrayendo las miradas con su expresividad y el profundo dramatismo de su voz.

La banda de PJ Harvey es cosa seria, tanto desde los nombres ilustres (el ex Bad Seed Mick Harvey, el chileno toco-con-todos Alain Johannes, el histórico John Parish) como desde la versatilidad para ponerse al servicio de la canción, así esta requiera sólo de palmas frente al micrófono. Tres temas del aclamado Let England Shake (el que da nombre al disco, “The Words that Maketh Murder” y “The Glorious Land”) seguidos conformaron otro momento notable, que continuó con “White Chalk”. Otras dos canciones del último disco mostraron cómo construye su obra Harvey en la actualidad: “The Wheel” brilló con cinco voces al unísono y “Ministry of Social Affairs” parte de un sampleo de blues que la banda lleva a un paroxismo de guitarras.

Si bien el show de Harvey seguramente tiene un efecto más poderoso en ámbito cerrado y más chico, el breve viaje a los 90 demolió cualquier “inconveniente” que pudiera plantearse por la situación de estar en un festival. “50 Ft. Queenie” trajo a aquella PJ enojada y hormonal de los comienzos; “Down by the Water” y “To Bring You my Love”, a la heroína sexy y un poco rara que buceaba en vestido de raso rojo. Pero es otra, claro: ahora toca el saxo y no se acerca a la guitarra, su banda no tiene batería pero está llena de percusiones y coros, y ella produce el encantamiento sin necesidad de exageraciones. “River Anacostia” cerró el show con los diez músicos al frente del escenario, en una semipenumbra que le agregaba dramatismo a la imagen, con las voces de todos y los tambores sonando hasta el final. El hechizo estaba listo.