16/10/2016

Pet Shop Boys en el BUE: humano demasiado humano

Lowe y Tennant, clásicos y modernos.

Chris Lowe suspende una secuencia de acordes con la misma suavidad que una pluma se deja vencer por la gravedad. Ese desplazamiento armónico, simple y ameno, no sólo funde el último single de los Pet Shop Boys (Inner Sanctum, 2016) con el primero (West End Girls, 1984), es también un plano secuencia preciosista que une más de 30 años de cultura electrónica. Pero el punto de llegada no es la canción tal como fue grabada sino una relectura a partir de todo lo aprehendido en ese viaje retrospectivo. Por eso, al collage original que incluye referencias a T. S. Eliot y a Grandmaster Flash, sobre el escenario del BUE le sumaron vocoder en estilo Daft Punk –uno de los tantos dúos electrónicos que le debe gran parte de su ADN a Tennant y Lowe-. Cosecharás tu siembra.

“Buenas noches, Buenos Aires, somos los Pet Shop Boys”, saludó Neil Tennant, de saco con brillos en sus bordes y casco metalizado, antes de dar comienzo a otro estreno, este con mucho de reafirmación identitaria: “The Pop Kids”. El nuevo salto en el tiempo fue a “In The Night”, uno incunable lado B de Please (1986), para el que sumaron, hasta el final del show, tres músicos que aportaron coros, musculatura tribal y más teclados. A sus espaldas, se proyectaban imágenes y se disparaban láseres en todas sus formas. El patrón a repetir y deformar, esta vez, fue el círculo de colores saturados de la portada de Super, el disco que vinieron a presentar. Y la presentación fue con todas las letras, porque en lugar de caer en el facilismo de replicar un grandes éxitos, el dúo supo armar una lista festivalera y atractiva para el fanático más duro al mismo tiempo.

Después de que el house rabioso de “Burn” pusiera a todos a bailar (ahora la factura llegó al domicilio de Disclosure) entre un mar de luces rojas, llegó la primera estocada de ironía posmoderna con “Love is a Burgeois Construct”. Porque no es fácil encontrar gestos más cínicos que Tennant, ese líder pop(ulista) de voz amable, repitiendo sobre una base disco que “el amor es una construcción burguesa”. Para potenciar el clima bailable se sucedieron “New York City Boy” y “Se A Vida É (That’s The Way Life Is)”, esta última reconvertida en una comparsa digital gracias a las percusiones que venían desde el fondo. Para cerrar el bloque, “Love Comes Quickly” (¿el amor llega rápido? o ¿el amor acaba rápido?) y “Love Etc”, con los coros bien al frente, volvieron a pinchar la burbuja de las cuestiones que atañen al corazón.

Si algo aportan desde mediados los Pet Shop Boys al universo synthpop es el costado terrenal. Aunque los rasgos humanizantes puedan versen en cuentagotas –la economía de movimientos de Tennant cuando camina el escenario o los cabezazos mínimos de Lowe cuando un beat lo seduce por demás-, lo que subyace entre capas de teclados, bombos en negras y sampleos de cuerdas y vientos, es la pulsación justa para hacer canciones que bien se bancarían adaptaciones para fogón. Una sensibilidad que se adquiere fuera del laboratorio, en eso que los humanos llamamos vida. Entonces, sin solución de continuidad van de la crítica social en forma de parodia (“The Dictator Decides” con Tennant personificando a un dictador) a lo profundo del inconsciente (“Inside a Dream”, una visita al big beat de los Chemical Brothers).

“The Sodom and Gomorrah Show” e “It’s a Sin” fueron el par anti-clerical que preanunció los hits del final. Antes de los bises “Left to my own devices” y “Go West” probaron su imbatibilidad festiva que desde lo visual se acentuó con las esferas coloridas (los círculos ahora tridimensionales) que colgaban sobre el escenario. Para la despedida definitiva, “Domino Dancing” recuperó los aires latinos (más Miami que Brasil) y “Always on My Mind” (“el cover de Elvis que hicimos pensando en sonar lo menos Elvis posible”, explicaron alguna vez) cerró con épica romántica el show de casi dos horas. A modo de banda de sonido para la retirada, los Pet Shop Boys dispararon la versión reprise de “The Pop Kids”. Tennant y Lowe no se permiten subirse a la moda retro-vintage tan amigable para los filtros de Instagram, por el contrario, en cada uno de sus movimientos el pop se libera, respira y se renueva. Entonces retirarse del escenario con un tema actual, más que una elección es una enseñanza para un festival que decidió apostar por la nostalgia y no salió favorecido en términos de convocatoria.