12/11/2017

Personal Fest 2017, día 1: el retorno del rey

La vuelta al Club Ciudad, una buena señal.

Jack Johnson

La primera fecha de la edición 2017 del Personal Fest marcó el retorno del ya tradicional encuentro primaveral a la dimensión internacional. Y esto se dio tanto por una grilla en la que las cabezas de cartel fueron artistas convocantes en cualquier rincón del mundo como por una producción de gran nivel, que incluso superó en algunos aspectos (como las pantallas) lo visto en la Argentina hasta ahora. El regreso del Club Ciudad de Buenos Aires como marco para la realización de festivales es para celebrar, porque permite la realización de hasta tres shows en simultáneo sin que el sonido de cada escenario se vea afectado, además de su propia fisonomía habilita a una ambientación especial. Y eso fue aprovechado con creces para una fecha que encontró su personalidad en la variedad.

Jack Johnson es, por definición, el “anti headliner”: un muchacho que se cuelga la guitarra acústica y toca himnos chill con una puesta en escena cuanto menos austera no suele ser el acto ideal para cerrar un festival multitudinario. Lo que en cualquier otra ocasión sería un fiasco rotundo, aquí funciona gracias a una suma de factores en la que el carisma del hawaiano es apenas un ítem más.

El bloque inicial comenzó con “You and your Heart”, una canción repleta de alegorías marítimas, que le cedió paso al hit “Sitting, Waiting, Wishing”, ubicada estratégicamente para saciar las ansias de una-que-sepamos-todos de la masa. De ahí en más, Johnson planteó movimientos constantes entre lo viejo (“Inaudible Melodies” y “Flake”, de su álbum debut, Brushfire Fairytales), lo nuevo (“My Mind Is for Sale”), lo romántico (“Do You Remember”) y lo alegre (“Bubble Toes”). Es en este último tema, un himno ecléctico con base pegadiza, en donde el multiinstrumentista Zach Gill se encargó de mostrar su virtuosismo, al punto de cerrar con un solo de mellotron parado arriba de un parlante.

Más allá de esos instantes de “locura”, el show no dejó de ser un reflejo de la personalidad calma y afable del cantautor, capaz de relatar la canción de su contestador automático o de explicar cómo una travesura de su hijo con una de sus guitarras lo llevó a componer muchos de los temas del flamante All the Light Above It Too en un acorde más agudo que lo acostumbrado. Es en esos momentos de intimidad grupal, en donde un breve sampleo de “I Wanna Be Your Boyfriend” de Ramones se integra perfectamente con “Shot Reverse Shot”, en los que todo funcionó a la perfección en el universo Jack Johnson. Durante dos horas, el objetivo fue cumplido: en una una cancha de rugby en Núñez, rodeados de 25 mil personas, no pocos se fueron a sus casas con la sensación de haber compartido un fogón íntimo frente al mar.

Si el show de Johnson fue ideal para el público “treinti”, los “veinti” explotaron con Paramore, que desplegó atracción pop y energía guitarrera desde el comienzo de su set con “Hard Times”, una suerte de actualización de la música disco a la era de las estrellas de Youtube (con cita a “Heart of Glass” de Blondie incluida). La cantante Hayley Williams arrancó de espaldas al público, mientras la banda se multiplicaba en la percusión, y dejó ver los ríos de lágrimas de brillantina que pintaban su rostro recién cuando empezó a cantar. Y a todos los volvió locos con su pollera amarilla: hubo mucho de identificación generacional en la respuesta, probablemente la más ruidosa de toda la primera jornada del festival. La rubia vocalista no paró de moverse un segundo, cargando de energía juvenil a una música que logra su efectividad a costa de efectismo millennial. Como reflejo, 6 de los 14 temas del set de Paramore fueron del reciente After Laughter. Los orígenes punk pop y emo del grupo recién aparecieron con “Misery Business”, después de que la cantante recordara los diez años del disco Riot!. En cambio, su seducción duró todo el show.

“Ya no estoy, ya me fui / ya partí de aquí”, había cantado Joaquín Levinton en el cierre de su show, empujando la migración del público hacia el escenario ubicado a su izquierda. El set ultrahitero de Turf había impulsado una pregunta inevitable: ¿qué chances podía tener SOJA de sostener la manija general del Personal Fest? La solución propuesta por la banda nacida en los suburbios de Washington DC tuvo dos momentos de efectividad. La primera fue la elección de “Tear It Down” como tema de inicio, usando a la faceta reggae rock del grupo para llamar la atención de las masas. La segunda, un viejo truco de las bandas internacionales en shows de alta convocatoria: el estreno de una canción (en este caso, “Tried My Best”) con anuncio en castellano a cargo del trompetista portorriqueño Rafa Rodríguez y grabación de videoclip incluidos. Dejando los “anabólicos” de lado, el recital fue más efectivo a la hora de fidelizar a los propios que de conquistar a los extraños, que por momentos parecían más interesados en la llegada de Paramore que en dejarse llevar por la propuesta de Jacob Hemphill y compañía.

Mientras SOJA congregaba a la mayor cantidad de público del Personal Fest en su franja horaria, el Domo 4G parecía correr hacia un destino incierto: la intimidad entre los Poncho y el poco público presente, previo al comienzo, era tan grande que incluso Lea Lopatín se animó a lanzar un “Bueno, ¿vamos? Mandale si tenés huevos”. Pero, contra todo pronóstico, el comienzo de “The Love You Got” creó un clima de boliche al aire libre, atrayendo inmediatamente a una multitud. Y de ahí en más, la fiesta aumentó en los bpm, los hits y los invitados (que incluyeron a Uki Goñi en “Run For Life” y Alejandro Alvarez en “Flores de Acapulco”). Para el final, el trío -o cuarteto, con el agregado de Pol Medina- llevó a “Hablando a tu corazón”, de Charly García, a un extremo programático, momento en el que más de uno revoleó el poncho a gusto.

Cuando Morrissey escribió “Mexico” en 2004, difícilmente tuviera en mente que 12 años después un seleccionado de artistas de ese país tomaría sus canciones y las reformularía con iguales dosis de respeto e irreverencia. Comandados por Camilo Lara, del Instituto Mexicano del Sonido, Mexrrissey aglutina a varios referentes de la música del país azteca (en sus filas hay miembros de Moderatto, Tijuana No! y Twin Tones) y no sólo traduce las canciones que Morrissey coescribió en su carrera solista y como parte de The Smiths, sino que en muchos casos lleva las cosas más al límite. De un lado están “International Playgirl” y “Estuvo bien” (relecturas de “The Last of the Famous International Playboys” y “Suedehead”, respectivamente); del otro los aires de corrido de “Pánico” (“Panic”), la evocación del clima de frontera de “Dime” (“Ask”, con sample de la percusión de “Matador” incluido). En Manchester no se consigue.

“El show es bueno, pero me gustan más los Babasónicos. Me gustan más los temas viejos, los nuevos dejan mucho que desear”. En una rutina tan efectiva como inesperada, Joaquín Levinton interrumpió el show de Turf para simular un diálogo con Siri, el sistema inteligente de Apple en la pantalla del escenario. Ya habían pasado tres de los temas que revalidan y justifican su presente (“Kurt Cobain”, “Disconocidos” y “Hablo solo”), pero el paso de comedia fue la excusa válida para una catarata de hits que comenzó con “No se llama amor” y “Cuatro personalidades”, y continuó con “Casanova” y “Loco un poco”. Después de que Siri pidiera que la banda bajara un cambio (“Toquen uno más lentito que se me recalentó el CPU”), Turf hizo caso y se despachó con “Magia blanca”, pero volvió a atizar el fuego con “Pasos al costado”. A modo de despedida, “Yo no me quiero casar, ¿y usted?” ofreció los dos últimos yeites teatrales: un falso corte de luz para que Levinton arengase más al público, y la aparición de una novia de punta en blanco en escena, que hizo que el cantante huyera a las corridas, para luego volver y lanzar el ramo al campo. Si alguien lo agarró, que avise.

A pesar de las fallas en la computadora del DJ que retrasaron el inicio y recortaron su duración, el recital de Mala Rodríguez se destacó desde otro lugar: verla en vivo es presenciar un show en verdaderas tres dimensiones, situación que llegó a su punto más alto durante “Mátale (yo te uso)”. En el tema, mientras la española pedía “acabar” con alguien, sus dos bailarinas aprovecharon para salpicar al sector del público más cercano al escenario con pistolas de agua, todo al ritmo de un trap espeso. Esa dificultad de encontrar un punto fijo en el que centrar la vista fue el leitmotiv de su show, desde el inicio con “Egoísta”, la narcótica “Cuando tú me apagas”, o el hit “Por la noche”. No siempre lo esencial es invisible a los ojos. Y la confirmación llegó enseguida con el show “de despedida” de Illya Kuryaki & The Valderramas, que llenaron de color y groove el escenario.

La distorsión y el acople deliberado de la guitarra de Julián Della Paolera al promediar el set de OK Pirámides en el Domo 4G funcionó como un despertador en una jornada dominada por sonidos mucho más amables. Con una propuesta de post punk sónico, el cuarteto puso primera con “Lo podés grabar” y continuó presentando temas del reciente Explota en tu cabeza. El “¿A ver cómo bailan?” que largó el ex Victoria Mil antes de “No es casualidad” sirvió también como introducción al show que se vendría: el de Peces Raros. Reformados como una banda más electrónica que rockera en Parte de un mal sueño, los platenses redondearon una de las propuestas más excitantes del día. Sin parates, los temas se sucedieron en continuado como si se tratara de una rave con un cuidado por las melodías y las armonías vocales (especialmente en “Héroes del bar” y “Antes de llegar”). Como si Charly García le escribiera canciones a los Chemical Brothers.

“¿¡Hay un Nuevo México!?” El chiste de Homero Simpson se reconvierte al ver en vivo a bandas como Little Jesus. Surgido hace un lustro en el DF, el grupo liderado por Santiago Casillas mostró una faceta bien distinta a la de su debut porteño de 2015 en el Festival de Invierno Geiser: un cruce de estilos llamativo, que se atreve a pasar de Wilco a The Strokes y de ahí a los Beach Boys con altura. El álbum conceptual Río salvaje (2016) es el responsable del salto de calidad, haciendo que sus canciones -“Golden Choice”, “La Magia”- se desmarquen de las de la etapa previa del quinteto -“Norte”, “Jóvenes”-. “Es un día de fiesta, muchachos. Estén con sus amigos, tomen unas cervezas”, pidió Casillas. Lo primero era un hecho. Lo segundo, considerando el carácter ATP del evento, se complicaba un poco más.

Nacido como un proyecto que contó con el visto y bueno el aporte los propios músicos a los que busca homenajear, Klub es un combo poliestelar que traduce el repertorio de Los Auténticos Decadentes al lenguaje reggae. Con un elenco estable que incluye músicos de Los Cafres, Dancing Mood, Sinsemilla y Mimi Maura, intentaron trasladar al escenario un proyecto nacido en estudio. Pero lo que en el álbum tenía el valor agregado de las presencias de Cucho Parisi, Vicentico, Carlos Vives o Daniel Melingo, en el Club Ciudad tuvo una nómina distinta de invitados, que devino en un resultado con sobresaltos. Bahiano, Pablo Molina de Todos Tus Muertos y Chelo Delgado de La Zimbabwe encararon con distintos grados de éxito un repertorio que fue de los hits ineludibles (“Sigue tu camino”, “El pájaro vio el cielo y se voló”, “El murguero”) a páginas menos aptas para el público masivo (“Pastas y vino”, “Turdera”). Sobre la hora, Diego De Marco se sumó al tablado como cantante invitado para “La guitarra”, un gesto que también funcionó como un guiño de validación decadente a su propio homenaje.

“Aplaudan ustedes, porque están reconflictuados los Estelares, no sé qué les pasa”. Encogido de hombros, Manuel Moretti buscaba timonear el cierre de un set que había atravesado algunos desperfectos sonoros, y que hicieron que el bajista Pali Silvera abandonase sin anunciarlo el escenario y le cediera su instrumento al guitarrista Guillermo Harrington. Antes de eso, la banda platense condensó en el primer tramo de su show un tándem de canciones de su último disco (“Las antenas”, “Alas rotas”, “Usted…” y “Los lagartos mueren en familia”) sin solución de continuidad. Pasado el repaso formal del álbum, “Melancolía” (“una canción dramática que nació como un tango”, según Moretti), “Es el amor” y “El corazón sobre todo” ayudaron a estabilizar el bote pasada la tormenta. Canciones: 1, inconvenientes técnicos: 0.

Textos de Roque Casciero, Ignacio Guebara, Joaquín Vismara y Guido Scollo. Fotos de Cecilia Salas y gentileza Personal.