30/03/2019

Perotá Chingó y Los Hermanos en Lollapalooza: la máquina de ser feliz

Abrazos fraternales en plena tarde.

En "Inés", al comienzo de su set en Lollapalooza Argentina, las Perotá Chingó hablan de amores no correspondidos. "Yo voy a sentarme frente a tu puerta a llorar, a ver si me pega el sol", entonan. El astro pega, y fuerte: son las 3 de la tarde y hace 27 grados en San Isidro. La temperatura invita a guarecerse hasta que baje la temperatura, pero Dolores Aguirre y Julia Ortiz consiguen reunir a una nada desdeñable concurrencia en el escenario 2.

Su música, una mixtura de ritmos latinoamericanos que coquetea oportunamente con el R&B ("Piel") y el folklore más clásico ("Aguacero"), echa mano a teclados y ukelele para generar disrupciones constantes e invitar al baile. "¡Hola, bellezas de la vida!", saludan promediando el set. "¡Todos nosotros somos lo que querramos ser!", agregan. A un costado del escenario, la amansadora de stands de auspiciantes tiene una oveja negra: el puesto de una marca de cigarrillos está completamente vacío. La filosofía Perotá Chingó, que impulsa el amor propio y la conexión con la naturaleza, logra contagiar a su entorno.

Como si nada hubiera pasado. Rodrigo Amarante, Marcelo Camelo, Bruno Medina y Rodrigo Barba salen a escena y Los Hermanos, la banda carioca que saltó a la fama con "Anna Júlia" para disolverse hace poco más de una década, ejecuta la escala argentina de su operativo retorno sin fisuras.

La experiencia acumulada durante el hiato (Amarante, por dar un caso, tocó con Devendra Banhart y compuso el tema de la serie Narcos) impulsó una cierta actualización de sus canciones, que fluctúan entre las guitarras álla Strokes y el uso consciente de los vientos. "Toda samba tiene un refrán para levantar el barrio", cantan en "Todo carnaval tem seu fim"; la carta bajo el brazo para agitar a propios y extraños, guardada inteligentemente hacia la segunda parte del set, fue... "Anna Júlia". El show estuvo repleto de gemas musicales, sí, pero un hit es un hit.