02/03/2018

Patti Smith en el CCK, día 2: la hechicera que danza entre fantasmas

Una noche soñada con la "madrina del punk".

Fede Kaplun / CCK / Gentileza
Patti Smith

La "madrina del punk", la escritora laureada, la poeta en carne viva, la pecadora irredenta, la madraza capaz de dejarlo todo, la buceadora de imágenes y palabras, la rockera transpirada, la hechicera pagana y religiosa: Patti Smith encarna en su cuerpo delgado de 71 años más iconografía que la que cualquier persona debería poder llevar a cuestas. Pero nada de eso parece pesarle. "Cuando voy por la calle, no voy pensando 'Oh, soy una estrella de rock', simplemente soy yo", había dicho el día anterior, durante la performance poética y musical en el Centro Cultural Kirchner. Y anoche eso se vio apenas entró a la Sala Sinfónica: ¿realmente sus botas iban a diez centímetros del piso o era la expectativa del público que la figuraba como una suerte de ángel eléctrico y herético?

Sin preámbulos y con la sola compañía de su ladero Tony Shanahan en la guitarra acústica, Smith cantó "Wing", el tema con el que trató de explicarle a su hija la muerte de su padre, Fred "Sonic" Smith, legendario guitarrista de MC5. Su aura volvió a aparecer varias veces en la noche, evocada por la cantante: el show fue en el aniversario de boda de ambos. La canción fue la única que sonó igual que en la noche anterior porque, aunque repitió algunas, las versiones fueron sensiblemente diferentes, esta vez acompañada por guitarra eléctrica (a cargo del versátil y ubicuo Jimmy Rip), órgano (Matías Sagreras) y/o cello (Patricio Villarejo).

"My Blakean Year", que había tocado en la conferencia de prensa, fue a dos acústicas, y dedicada al poeta James Blake, a quien marcó como un ejemplo: "No tuvo éxito, pero nunca dejó su trabajo, porque trabajaba para el futuro. No tuvo fortuna, pero sí inmortalidad". Enseguida, Rip se unió para meterle detalles eléctricos a un "hit" de Smith, "Dancing Barefoot", que no salió beneficiado por la ausencia de su clásica banda de rock. Otro clásico, "Ghost Dance", no precisó más que del embrujo de la cantante para que los fantasmas se agitaran en una danza que incita al regreso de los pueblos originarios. Y el ascenso de las protestas de los estudiantes en Estados Unidos hizo el link con el pasado en una versión no del todo lograda de "For What Is Worth", de Buffalo Springfield, que Smith confesó cantar en público por primera vez. "Dios salve a los jóvenes", encendió a la platea.

Todo lo contrario sucedió con "The End of the World", un cover de Skeeter Davis que Smith grabó para la película Mother, de Darren Aronofsky. Fue justo antes de cantarla que contó lo del aniversario de boda, lo que multiplicó las sensaciones cada vez que entonó "¿Por qué mi corazón sigue latiendo? / ¿Por qué estos ojos míos lloran? / ¿No saben ellos que es el fin del mundo? / Terminó cuando dijiste adiós". La piel de gallina de esa versión inmensa y conmovedora siguió con "Beneath the Southern Cross", que compuso tras la muerte de su marido y de su hermano, pero como una celebración de la vida. "Sientan su libertad", instó al final.

La lucha por el aborto legal, que Patti Smith destacó en todas sus apariciones públicas, se hizo puño con el pañuelo verde antes de "A Hard's Rain A-Gonna Fall", el cover de Bob Dylan que le salió mejor que en la ceremonia del Nobel y se convirtió en himno colectivo. "Sean fuertes", dijo. La mención a su encuentro con el ministro de Cultura generó silbatina (en el lugar ya se había cantado contra Mauricio Macri antes de que empezara el show), que dejó medio descolocada a la cantante, aunque salió adelante con buen humor y su risa perenne.

La siguiente versión fue de lo más alto de la noche: "Perfect Day", de Lou Reed, le calza perfecto a la voz -increíblemente vital- de la cantante, que enfatizó cada palabra hasta sacarle lustre. "Crucen los límites, chicos. Crucen los límites, chicas", pidió. A un clásico de su historia como "Pissing in a River" -en una versión más encendida que la de la noche anterior- le siguió otro como "Because the Night", que compuso a medias con Bruce Springsteen. "Esta canción la escribí para mi novio en 1976", dijo, dejando al Jefe afuera de la ecuación. "Y cada vez que la canto, pienso en Fred como mi novio". Durante cuatro minutos, el amor se disfrazó de deseo y se reconvirtió en un sentimiento compartido, universal.

"People Have the Power", una suerte de himno con más intensidad que vuelo, cerró la noche en la que Patti Smith se elevó muy por encima de la cúpula del CCK y volvió a la Tierra con un escupitajo al escenario brilloso. Una noche memorable, conmovedora, íntima pese al ámbito que invitaba a cierta formalidad, aunque en el final todo el público se olvidó de las butacas. "Sigan soñando. Amén", se despidió. Y hay que hacerle caso: a veces los sueños se hacen realidad.