12/05/2018

Ozzy Osbourne en Obras: cuestión de fe

El Príncipe de las Tinieblas le dijo adiós a Buenos Aires.

Ross Halfin / T4F / Gentileza
Ozzy Osbourne

“¡Pónganle un poco de huevos!”, reclamó Ozzy Osbourne hasta asegurarse un nivel de aullidos aceptable para interpretar “War Pigs”. La actitud en escena del Príncipe de las Tinieblas impulsa más que una simple empatía, y obliga a preguntarse si esta puede ser realmente su última presentación en tierras argentinas.

Es que lo que se vio en la noche del viernes fue bastante más que una mera celebración de la trayectoria de Black Sabbath (como sucedió en parte en aquella despedida de 2016) o una lágrima interpretativa bien alejada de las épocas de gloria, como en su paso por GEBA hace siete años. Quien se paró frente al patio trasero de Obras Sanitarias no es el Ozzy de los 70, claro está, pero sí sabe cómo hacer para administrar recursos y ofrecer un show a la altura del mito.

El retorno de Zakk Wylde fue clave para llevar ese afán a la práctica. Desde sus riffs asesinos en canciones como “Shot in the Dark” y “Bark at the Moon” hasta los más de 10 minutos en los que se cargó el recital a cuestas (bajando del escenario para tocar “Miracle Man” o “Desire” con la guitarra detrás de la nuca, con los dientes, o como sea) mientras el frontman tomaba un breve descanso, aportaron la pericia técnica y creativa necesarias.

El baterista Tommy Clufetos (a cargo del otro gran solo de la noche, pegado al de Wylde), el tecladista Adam Wakeman (de impecable interpretación en la diabólica versión de “Mr. Crowley”) y el bajista Rob Nicholson completaron una banda compacta, eficiente y letal, que sonó a un volumen casi inaudito para la Capital Federal y que fue acompañada por una puesta en escena (artilugios 3D de nubes sobre el campo, lásers, efectos estilo Instagram en las visuales, una cruz gigante dominando la estructura) a la altura de cualquier gira pop.

El puñado de covers de Sabbath elegidos (la mencionada “War Pigs”, “Fairies Wear Boots” y la inefable “Paranoid” para el cierre) vistieron un set que fluctuó entre la locura (“Crazy Train”), cierta melancolía (“I Don’t Know”) y la entronización de la melodía por sobre la potencia pura (“Road To Nowhere”, “Mama I’m Coming Home”). Las poco menos de 10 mil personas que agotaron la capacidad del denominado Obras Outdoors parecían esperar más hits clásicos, pero nunca dejaron de llenar cada silencio con el “olé, olé / Ozzy, Ozzy”. En el final, el Madman agradeció con una media sonrisa y pocas palabras. Habrá sido un adiós, pero el lenguaje corporal permitía soñar con que se trató de un hasta luego.