04/11/2018

Noel Gallagher en Rosario: felicidad en tiempo presente

El ex Oasis no mira hacia atrás con enojo.

Noel Gallagher

Noel Gallagher se cuelga la guitarra, como todas las demás veces que pisó un escenario. Se acomoda la correa, camina hacia el frente y comienza a cantar las escuetas de “Fort Knox”, el tema con el que abre su show en Rosario. La banda suena en dos tiempos distintos, como si la base rítmica estuviera tocando un hip hop duro, y el ex Oasis y el resto de sus High Flying Birds fueran por una senda psicodélica que incluye fraseos tribales y sobreestimulación sonora. En el medio de la interpretación, Gallagher da unos pasos y de repente ocurre: se le dibuja una sonrisa en el rostro. Una sonrisa imposible de disimular, como la señal de que por primera vez en mucho tiempo disfruta estar sobre un escenario.

Desde que se fue dando un portazo del grupo que compartió con su hermano durante casi dos décadas, Noel Gallagher construyó una carrera solista que de a poco fue tomando distancia de su propio pasado. El presente lo encuentra acompañado por un seleccionado de músicos que incluye una sección de vientos y tres mujeres coreutas y multiinstrumentistas, y esa formación expandida le permite trasladar las canciones de Who Built the Moon?, un disco de laboratorio, al formato del vivo. En la traducción, las canciones cobran una coloratura nueva gracias al elemento humano, en la que el ex Oasis parece sentirse más cómodo que en la linealidad de un show de rock diseñado para estadios.

Esa sensación de disfrute fue evidente en la efervescencia pop de “Holy Mountain” y en los climas de Motown con anfetaminas de “Keep on Reaching”. Respetando el orden original de su último disco, “It’s a Beautiful World” sumó más lisergia sonora, entre guitarras tremoladas y un spoken word en francés a cargo de la vocalista Charlotte Marionneau, que interpretó su parte cantando desde un teléfono a disco. “In the Heat of the Moment” expandió su sonido gracias a un arreglo de bronces, justo antes de que “If I Had a Gun…” fuese por el carril contrario en forma de balada épica sin más recursos que los mínimos necesarios. Tan a gusto parece estar Gallagher con su presente y su pasado más cercanos, que la primera alusión a Oasis apareció recién al octavo tema, con una versión de “Little by Little” convertida en un karaoke masivo.

“If Love Is the Law” y “Dead in the Water” dejaron en claro que Noel -acústica en mano- se siente más a gusto mirando de cerca la obra de Ryan Adams que la de cualquier exponente de la escudería beatle. La primera es un folk melódico y galopante; la segunda, un desgarro emocional sin más recursos que piano, guitarra y voz. Con ese mismo formato, Gallagher despojó de toda rabia de banda de garage a “Supersonic” y la reformuló desde la economía de elementos, para luego cargarse de nuevo la eléctrica y darle un vuelo hipnótico a “Be Careful What You Wish For”. Y lo que en estudio es anodino, sobre las tablas adquiere un aire allá “Come Together” con una alta dosis de pedales de efectos. Después, el groove melódico de “She Taught Me How to Fly” puso a Blondie en diálogo con New Order, mientras Marionneau marcaba el ritmo sobre un micrófono con una tijera de ocho hojas.

Con los bronces de vuelta en el escenario, “Whatever” y “Half the World Away” regresaron sobre el repertorio de Oasis y cambiaron cepa británica por aires de blue eyed soul, para luego hacer lugar a una versión de “Wonderwall” con suficientes variaciones melódicas como para dejar en claro que, si se mira al pasado, no se hace desde el purismo, por más de que hoy tenga entre sus filas a dos de sus excompañeros de banda (el guitarrista Gem Archer y el baterista Chris Sharrock). Y antes de que la nostalgia dominase el segmento final, Gallagher y su banda echaron mano a “AKA… What a Life!”, en una versión que sumó una cascada de guitarras procesadas con delay para darle aire de contundencia al cierre formal del show. El comienzo de los bises, en cambio, abrió el juego con “The Right Stuff”, otro drone psicodélico con vientos disonantes en el que el protagonismo vocal estuvo a cargo de todo el plantel femenino: Marionneau, Jessica Greenfield y Audrey “Yseé” Gbaguidi.

Esa necesidad de Gallagher de no ser fiel al legado de Oasis convirtió a “Don’t Look Back in Anger” en otro momento de fogón con acústica, pandereta y Archer aportando protagonismo en cuentagotas desde su guitarra eléctrica. Ya con todo el elenco de vuelta en el escenario, el músico se despidió de Rosario con una versión de “All You Need Is Love” y dejó en claro que tampoco el repertorio beatle es territorio sagrado: lo que había comenzado como una relectura fiel, sobre el final se convirtió en “Love Life” de The Rutles, una banda paródica de los Fab Four. La señal más precisa de que, después de muchos años, Noel no concibe hacer lo suyo sin divertirse.