13/09/2017

Nile Rodgers – Chic en el Gran Rex: celebración disco

Para el guitarrista y su banda siguen siendo buenos tiempos.

Elías Méndez / Gentileza

En septiembre de 1978, la fiebre de sábado por la noche fue demasiado para la revista Expreso Imaginario, que se plantó con una tapa en la que una imagen de John Travolta recibía un tomatazo. Visto a la distancia, el gesto puede ser tildado de intolerante de parte de un medio que proponía la cultura alternativa y el rock, pero no se puede soslayar que muchos artistas argentinos habían tenido que exiliarse, que había censura y que casi todos los recitales terminaban con detenidos a los que la policía rapaba con oscuro placer vejatorio. La cultura de la música disco, entonces, fue percibida por los rockeros argentinos como el enemigo que la dictadura -la misma que hacía desaparecer personas mientras se gritaban los goles de Mario Kempes- dejaba tranquilo porque no proponía más que el pasatismo y el individualismo.

Era difícil en la Argentina de 1978 pensar en el poder del baile, en la comunión que implica una multitud movida por un mismo ritmo y en el descontrol que la música disco implicaba en Estados Unidos. Para colmo, el género estaba repleto de inventos trasnochados por productores pasados de merca, flashes de éxito efímero que no podían sustentarse más allá de la radio. Pero ni siquiera ese panorama podía ocultar la precisión caliente y el groove infinito de “Le Freak” y “Good Times”, dos hitazos con los que Chic hizo bailar a medio planeta. Sus creadores, Nile Rodgers y Bernard Edwards, ya habían logrado suceso escribiendo canciones para otros artistas, senda en la que continuarían, pero su propia banda -imaginada como una cruza entre Roxy Music y KISS- contaba con un arsenal propio a la hora de invadir las pistas.

La música disco pronto cayó en descrédito, pero la dupla siguió adelante, hasta que sólo quedó Nile Rodgers. Y el guitarrista, con muchos vaivenes -que tuvieron que ver con adicciones, enfermedades y demás-, logró sostener la bandera de su música funky basada en el groove y en el llamado al disfrute compartido. Y bajo esas mismas premisas esta leyenda de los escenarios y los estudios de grabación (en los 80 produjo a todo aquel que quisiera ponerle pimienta a su sonido, desde David Bowie hasta Madonna y Duran Duran) volvió a Buenos Aires para lo que él mismo definió como “una fiesta disco”. Durante dos horas, hits propios y otros a los que ayudó a tomar forma desfilaron sin que nadie en el Gran Rex pudiera sentarse: el ritmo siempre ganó la batalla.

Chic es Nile Rodgers, claro, pero bien rodeado. El guitarrista se jacta de no haber tocado nunca con músicos sin groove y tiene razón en hacerlo: en el Gran Rex, la banda sonó aceitada y deliciosamente funky, con dos cantantes (Kimberyl Davis y Folami Ankoanda) que se repartieron hits de Madonna y Diana Ross sin temor al papelón. En el medio estaba él, que a veces cantaba, pero siempre -SIEMPRE- estaba tocando la guitarra. El show completo se pareció a una autocelebración; incluso desde antes que los músicos pisaran el escenario, cuando una voz en español tiró datos de la grandeza del patrón de Chic. Esto se repitió cerca del final, con el baterista encargado de repasar los logros de su jefe. Y todo pareció muy bien armado: pequeñas coreografías, movimientos calculados, discursos repetidos…

Pero Rodgers no sólo invitó a su fiestita sino que la musicalizó. Y lo hizo con sus hits, los que les cedió a otros artistas y también con algunos de los músicos con los que colaboró (“Like a Virgin”, “Let’s Dance”, “Notorius”). Todas esas canciones, dijo, son una suerte de “hijitos” suyos, y el show un repaso por su vida en la música. Uno que arrancó con “Everybody Dance” y “Dance, Dance, Dance”, como para poner en claro de entrada de qué se trataba la cosa, y rápidamente siguió con “I’m Coming Out”, “Upside Down” (que Rodgers y Edwards escribieron para Diana Ross), “He’s the Greatest Dancer” y “We Are Family” (compuestos para Sister Sledge). Como prueba de la vigencia del guitarrista, la banda tocó “Get Lucky” (que creó junto a Daft Punk y Pharrell Williams), tras una presentación calcada de la que hiciera en Glastonbury.

“One, two… Ahhhhhhh… Freak out!”: el hitazo “Le Freak” sonó con la misma precisión y el mismo groove que a fines de los 70, cuando todos en las discotecas le hacían caso a la propuesta de enloquecer por un rato. Y “Good Times” cerró con una “fiesta disco” que invitó a unas treinta personas a bailar sobre el escenario y que incluyó a Rodgers rapeando “Rapper’s Delight”, considerado el tema que popularizó el hip hop y creado sobre un sample de la canción de Chic. Cuando la música dejó de sonar, el guitarrista se quedó dándole la mano a sus fans y firmándoles discos y libros. La autocelebración ya se había hecho colectiva, hurgando en los recuerdos -había poco público sub 40- y dejando que por un rato mandaran los pies. Lo único que faltó fue la bola de espejos.