24/11/2018

New Order en Obras: el contagio inevitable

Los mancunianos renovaron los votos entre el pulso rockero y la discoteca.

Florencia Ramírez / Gentileza
New Order

New Order tardó demasiado en pisar la Argentina por primera vez. De hecho, su debut fue también despedida, porque la segunda encarnación de la banda dijo adiós tras tocar en el Personal Fest en 2006. Lo que se vio en sus regresos de 2011 (Obras) y 2014 (Lollapalooza), ya sin Peter Hook en el bajo pero con la vuelta de Gillian Gilbert en teclados, fue a una banda tratando de encontrar su razón de ser en el presente. Con el disco Music Complete mediante, Bernard Sumner y compañía se plantaron de otro modo en 2016 (Luna Park). Y si hacía falta confirmar su rejuvenecimiento, el show del viernes en Obras fue la mejor demostración.

Desde que Sumner, Hook y el baterista Stephen Morris se reagruparon tras el suicidio de Ian Curtis y el lógico final de Joy Division, New Order cambió unas cuantas cosas en el panorama del rock y el pop. En primer lugar, por inventar la convivencia armónica entre guitarras y electrónica, algo insólito hasta aquellos años iniciales de los 80. Pero además, por llevar toda aquella oscuridad del pasado derechito hasta la pista de baile, con “Blue Monday” como ejemplo siempre a mano. Desde entonces, géneros, estilos y modas han pasado, pero cuando suena New Order es irremediable que los pies se muevan. Y aun si no se entienden las letras, percibir a flor de piel la sensación de que hay algo de incomodidad vital transmitida por Sumner.

Hoy el cantante y guitarrista usa la ropa dos o tres tallas más grandes, Morris no se saca los anteojos y Gilbert luce imperturbable tras su teclado, pero en cuanto se combinan con la sangre joven que aportaron el multiinstrumentista Phil Cunningham y el bajista Tom Chapman (que emula a Hook hasta en la parada), lo que sale de los parlantes es una versión energética y actual de esa música que cambió las reglas del juego. Como en su visita anterior, “Singularity” (de Music Complete) abrió el juego de miradas al pasado lejano (“Age of Consent” y “Ultraviolence”, de Power, Corruption and Lies, más “Disorder” de Joy Division) y no tanto (“Crystal”, de Get Ready).

Canciones del último disco (“Academic”, “Plastic”, “Tutti Frutti”), que trajeron una actualización al sonido de New Order, hoy están perfectamente amalgamadas al show con clásicos como “Your Silent Face” (para la que Sumner peló su melódica) o “Bizarre Love Triangle”. Unas visuales notables apoyaron la ceremonia de renovación de los votos entre el pulso rockero y la discoteca que planteó la banda, de tan buen humor que hasta le cantó el feliz cumpleaños a uno de sus asistentes. El final fue casi calcado del de la visita anterior, con una seguidilla de clásicos: “The Perfect Kiss”, “True Faith”, la inoxidable “Blue Monday” y “Temptation”.

Los bises, una vez más, fueron para que New Order plantara la bandera de “Joy Division forever”: las versiones de “Atmosphere”, “Decades” y “Love Will Tear Us Apart”, con imágenes de Ian Curtis en las pantallas, resultaron tanto un homenaje al compañero que se fue como una recordatorio privado del propio origen post punk. Unas cuantas décadas y unas cuantas pérdidas más tarde, aquel espíritu de cuatro jóvenes encendidos tras un show de los Sex Pistols en Manchester todavía fluye. Y que eso se contagie sigue siendo inevitable.